sábado, 30 de mayo de 2015

Tras cincuenta años sin curas ni sacramentos, los católicos más aislados del Tíbet mantienen su fe

Cuando se empuja la puerta de la iglesia china de Baihanluo, lo primero que se ve es una gran retrato del Papa Francisco: es una verdadera paradoja en esas montañas pobladas por tibetanos, gobernados por un partido comunista, es decir, ateo.

En pleno macizo himalayo, el pueblo de Baihanluo solo es accesible a pie o a caballo. Su iglesia de madera fue fundada a finales del siglo XIX por misioneros católicos de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París.

El Papa Gregorio XVI (1831-1846) le había confiado a estos sacerdotes franceses la evangelización del Tíbet. Esos misioneros vivieron una epopeya sangrienta, martirizados por los lamas hostiles a la llegada de Cristo al país de Buda.

Los padres iniciaron su tarea evangelizadora subiendo los valles del río Salouen (llamado “Nu” en mandarín) y del Mekong, hasta el altiplano.



Aislados del mundo exterior por el invierno, establecieron las “misiones perdidas” en las pendientes donde los lamas conservaban una función feudal.

Era el salvaje oeste de China. En chino, el río Nu era como el valle de la muerte. Un dicho popular aconsejaba vender a la esposa antes de llegar (al valle), porque uno no sabía si iba a regresar”, explica a AFP Constantin de Slizewicz, autor de la obra “Los pueblos olvidados del Tíbet”.

La persecución comunista
 

Tras la llegada al poder de los comunistas, en 1949, estos misionarios extranjeros y “partidarios del imperialismo”, fueron detenidos, maltratados y expulsados.

“Las iglesias fueron cerradas o transformadas en colegios y graneros. Los cristianos no tenían derecho a tener objetos religiosos so pena de encarcelamiento, y los que tenían un papel importante fueron perseguidos y llevados al laogai (campos de trabajos forzados chinos)”, precisa Slizewicz.



Varios pueblecitos remotos conservan iglesias, donde se reúnen para rezar sin sacerdotes las oraciones que hace 50 años aprendieron de los misioneros franceses

A pesar de todo, la religión católica subsistió clandestinamente en las poblaciones rurales.

El tibetano está fascinado por Dios. Han dedicado su vida a la fe. Estos tibetanos convertidos al catolicismo no lo hacen a medias”, continúa Constantin de Slizewicz.

Durante casi 50 años de ausencia de sacerdotes y sacramentos, no olvidaron ni una palabra de las enseñanzas un siglo atrás de estos padres”.

Cuidaron las tumbas de los misioneros franceses, han seguido orando con los catequistas y celebran las Pascuas y la Navidad.

El catequista que sobrevivió y volvió
 

En Baihanluo, un lugar apartado que se halla sobre un promontorio, entre 400 y 500 feligreses se reúnen en las fiestas y conservan fresco el recuerdo del patriarca Zacarías, un misionero que murió, con 100 años, hace una década.

Este catequista de la étnia loutse sobrevivió a las purgas comunistas, huyendo a Taiwan. Después de 30 años de exilio, volvió para participar en la renovación católica local.

“Zacarías había depositado en cada iglesia del vecindario agua bendita de Lourdes diluida en agua limpia. Si un fiel se enfermaba, se le daba una gota. Tres días después, se había restablecido”, asegura Zha Xi, de 32 años y bautizado como “José”, que acaba de concluir su seminario en Kunming y Chengdu, y ahora se prepara para asumir su ministerio.

Árboles plantados por los misioneros
 

En la iglesia de Zhongding, en el valle vecino, está enterrado Annet Génestier, un misionero nativo de Puy-de-Dôme (centro de Francia) fallecido en 1937.

Su sucesor actual es el padre Francisco, Han Sheng por su nombre chino. “Los misioneros franceses introdujeron en la región conocimientos científicos modernos”, subraya este sacerdote de 39 años.

“Los árboles han sido plantados por los franceses. Las campanas de las iglesias también fueron traídas de Francia, así como las herramientas agrícolas”.



En algunas comunidades siguen usando estos libros de oraciones impresos en Hong Kong en 1917, hace casi cien años

Cada vez más católicos en el campo
 

Como en China las autoridades imponen a los creyentes unirse a una organización afiliada al partido comunista, una “iglesia subterránea” se ha desarrollado en esta zona. Según Han Sheng, la región tibetana cuenta con más de 10.000 católicos.

Él mismo se reparte entre 16 iglesias del distrito de Gongshan. “Nos hacen falta sacerdotes”, insiste.

Yu Xiulian, campesina de 75 años que fue bautizada como Madeleine, lo confirma: “Aquí, los católicos son cada vez más numerosos. Nosotros, la gente del pueblo, quisiéramos agrandar las iglesias, pero falta dinero”.


 AFP

domingo, 26 de abril de 2015

Jesús el Buen Pastor 2015






Día 26 IV Domingo de Pascua
Comenzamos nuestra reflexión meditada –nuestra oración– tomando pie de estas palabras que nos transmite san Juan, y damos gracias a Dios porque nos ha querido tanto, porque nos trata con todo primor para nuestro bien. Jesucristo se compara a un buen Pastor y nosotros seríamos las ovejas de su rebaño. No pensemos, sin embargo, en cualquier tipo de pastor, sino en el pastor que nos describe Jesús: en el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Así es el Señor: como un pastor bueno, dando su propia vida –del todo– por cada uno de nosotros. ¿Y, por qué da su vida por los hombres?: porque somos suyos, porque nos ama, porque le pertenecemos. El es nuestro dueño. Por fuerte y excesiva que a alguno pueda parecerle la expresión, así es; y es, además, la razón de su interés por nosotros:. Sino fuéramos suyos, no tendría por qué dar su vida. Pero Nuestro Señor no se interesa por los hombres por encargo, como quien se dedica a algo determinado, pero podría ocuparse igualmente a otra actividad, quizá también satisfactoria.

miércoles, 22 de abril de 2015

Reflexión a propósito de muertes incomprensibles

Reflexión a propósito de muertes incomprensibles




Impactados por la noticia del asesinato de un profesor en Barcelona a manos de uno de sus alumnos, comentábamos en casa cómo parecía que se sucedían últimamente crímenes horrendos, incomprensibles. Porque es incomprensible que un alumno llegue al instituto armado de ballesta y machete y mate a su profesor al tiempo que hiere a otros profesores y compañeros. Como también resulta incomprensible que un copiloto estrelle un avión, asesinando así a un centenar y medio de personas.

Cada caso es distinto y hay detalles y matices complejos en los que no me pienso extender. Mi reflexión es otra: me temo que tendremos que irnos acostumbrando, si es que podemos, a este tipo de crímenes incomprensibles. Y hago esta predicción, que me encantaría ver desmentida por los hechos, en base a una observación muy sencilla: cada día vivimos más inmersos en la cultura de la muerte. Sí, oíamos a Juan Pablo II advertirnos sobre eso de la cultura de la muerte y pensábamos que era un bello recurso dialéctico, una metáfora. Pues bien, resulta que es una realidad y que vivimos inmersos en ella.

Podríamos poner mil ejemplos, pero no es necesario. A todos nos vienen a la cabeza situaciones institucionalizadas en nuestras sociedades occidentales que denotan un enorme desprecio hacia la vida humana, hacia su dignidad y sacralidad. Quizás uno de los más evidentes sea el aborto: si somos capaces de banalizar la muerte, cada año, de más de 100.000 seres humanos sólo porque no encajan en nuestros planes, ¿por qué iba a ser sagrada la vida de ese otro ser que me resulta tan odioso? ¿Qué más da una muerte más o menos? ¿Qué más dan otras 150 vidas destruidas?

 http://www.religionenlibertad.com/reflexion-a-proposito-de-muertes-incomprensibles-41971.htm

domingo, 5 de abril de 2015

La Resurrección de Nuestro Señor Jesús 2015






Día 5 Domingo de Pascua de Resurrección

En distintos momentos advierte Jesús que aceptar su doctrina reclama la virtud de la fe por parte de sus discípulos. Lo recuerda de modo especial a sus Apóstoles; a aquellos que escogió para que, siguiéndole más de cerca todos los días, vivieran para difundir su doctrina. Serían responsables de esa tarea, de modo especial, a partir de su Ascensión a los cielos, a partir del momento en que ya no le vería la gente, ni ellos contarían con su presencia física, ni con sus palabras, ni con la fuerza persuasiva de sus milagros. Metidos de lleno en la Pascua –tiempo de alegría porque consideramos la vida gloriosa a la que Dios nos ha destinado–, meditamos en la virtud de la fe, le decimos al Señor como los Apóstoles: auméntanos la fe: concédenos un convencimiento firme, inmutable de tu presencia entre nosotros y, por ello, de tu victoria, por el auxilio que nos has prometido. Que nos apoyemos en tu palabra, Señor, ya que son las tuyas palabras de vida eterna. Así lo declaró Pedro, cabeza de los Apóstoles, cuando bastantes dudaron y se alejaron: ¿A quién iremos? –afirmó, en cambio, el Príncipe de los Apóstoles– Tú tienes palabras de vida eterna.

Texto completo de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco en el Domingo de Pascua



El Papa recuerda que 'sólo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino'. Pide la paz en el mundo, y el fin del 'absurdo derramamiento de sangre'

Ciudad del Vaticano, 05 de abril de 2015 (Zenit.org) Redacción

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Pascua!

Jesucristo ha resucitado.

El amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad.
Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Por esto Dios lo ha exaltado y le ha hecho Señor del universo. Jesús es el Señor.

Con su muerte y resurrección, Jesús muestra a todos la vía de la vida y la felicidad: esta vía es la humildad, que comporta la humillación. Este es el camino que conduce a la gloria. Sólo quien se humilla pueden ir hacia los «bienes de allá arriba», a Dios (cf. Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».

La mañana de Pascua, advertidos por las mujeres, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Entonces, se acercaron y se «inclinaron» para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que «inclinarse», abajarse. Sólo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.

El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer... Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos.
Esto no es debilidad, sino autentica fuerza. Quién lleva en sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor.

Imploremos al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo, son mucas.

Pedimos paz ante todo por Siria e Irak, para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia entre los diferentes grupos que conforman estos amados países. Que la comunidad internacional no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria dentro de estos países y el drama de tantos refugiados.

Imploremos la paz para todos los habitantes de Tierra Santa. Que crezca entre israelíes y palestinos la cultura del encuentro y se reanude el proceso de paz, para poner fin a años de sufrimientos y divisiones.

Pidamos la paz para Libia, para que se acabe con el absurdo derramamiento de sangre por el que está pasando, así como toda bárbara violencia, y para que cuantos se preocupan por el destino del país se esfuercen en favorecer la reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona. Y esperemos que también en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población.

Al mismo tiempo, encomendemos con esperanza al Señor misericordioso el acuerdo alcanzado en estos días en Lausana, para que sea un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno.

Supliquemos al Señor resucitado el don de la paz en Nigeria, Sudán del Sur y diversas regiones del Sudán y la República Democrática del Congo. Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron su vida ―y pienso muy especialmente en los jóvenes asesinados el pasado jueves en la Universidad de Garissa, en Kenia―, los que han sido secuestrados, los que han tenido que abandonar sus hogares y sus seres queridos.

Que la resurrección del Señor haga llegar la luz a la amada Ucrania, especialmente a los que han sufrido la violencia del conflicto de los últimos meses. Que el país reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de todas las partes interesadas.

Pidamos paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y las mujeres.

Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora del Señor Jesús: «Paz a vosotros» (Lc 24,36). «No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros» (cf. Misal Romano, Antífona de entrada del día de Pascua).

lunes, 30 de marzo de 2015

Semana Santa Reflexiones 2015





La Semana Santa

Es la semana más intensa del Año Litúrgico, en la cual se reza y reflexiona sobre la Pasión y Muerte de Cristo.


Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net

Explicación de la celebración

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos 2015






Día 29 Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Mc 11, 1-10 Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos y les dijo: —Id a la aldea que tenéis enfrente y nada más entrar en ella encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: «¿Por qué hacéis eso?», respondedle: «El Señor lo necesita y enseguida lo devolverá aquí». Se marcharon y encontraron un borrico atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les decían: —¿Qué hacéis desatando el borrico? Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y se lo permitieron. Entonces llevaron el borrico a Jesús, echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros el ramaje que cortaban de los campos. Los que iban delante y los que seguían detrás gritaban: —¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!