sábado, 23 de agosto de 2014

Gary Sinise, el actor de Hollywood que se hizo católico tras el 11-S: «La Iglesia, una roca para mí»


Su sonrisa cómplice y su porte se reconocen al instante en la pantalla. Estas cualidades no pasaron desapercibidas a unos dos mil Caballeros de Colón, a sus familias, y a los líderes religiosos que disfrutaron de este encuentro sorpresa con el actor Gary Sinise durante el congreso que la fraternidad organizó del 5 al 7 de agosto en Orlando. Sinise habló durante la comida del 5 de agosto de su amor por los veteranos heridos y de una nueva colaboración entre los Caballeros y su propia fundación caritativa.
 
Nacido en Chicago, estrella del escenario, cine y televisión, es mundialmente conocido por su personaje en la película de 1994 Forrest Gump, Teniente Dan. Sinise contó como llegó a la fe católica y habló sobre cómo su familia decidió unirse a la Iglesia.
 
A principios de este año, los Caballeros de Colón patrocinaron la Gary Sinise Foundation para construir un “Smart home” con altas tecnologías para discapacitados en Marietta, Ohio. La casa estaba destinada a un veterano Kyle Hockenberry y su mujer, Ashley. El ex soldado de infantería de los Estados Unidos servía en Afganistán y estaba patrullando cuando perdió las dos piernas y el brazo izquierdo en una explosión en junio de 2011.
 
“Cuando pienso en la vida y en los sufrimientos de Cristo, cuando pienso en las historias de extrema dureza y grandes cargas que nuestros militares, hombres y mujeres, y sus familias soportan voluntariamente, no puedo dejar de pensar en este versículo: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”,afirmó Sinise a la multitud congregada.

Su relación con los Caballeros de Colón 
La colaboración entre los Caballeros y la fundación del actor para la casa inteligente se repetirá probablemente, porque Sinise se siente muy atraído por los lazos y el compromiso de los Caballeros con los discapacitados, según Peter Sonski, encargado de educación y divulgación de los Caballeros.
 
Hoy, en parte gracias a su generosidad, Sinise explicó, “Kyle y Ashley están viviendo en su nueva casa inteligente, apoyados por su familia y su comunidad, que los cuida”. Sinise habló de cómo fue profundizando en su propia espiritualidad y fe tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001, cuando fue invitado como apoyo a los hombres y mujeres que fueron a Irak.

El ejemplo del capellán que murió el 11-S 
Destacó el ejemplo del padre franciscano Mychal Judge, capellán del Departamento de bomberos de Nueva York, que murió ayudando a las víctimas de los atentados terroristas. “Su plegaria sencilla, ‘Señor, llévame cuando tú decidas que tengo que irme. Permite que encuentre a quien Tú quieras. Dime lo que quieras que diga y mantenme en tu camino’… es muy especial para mi mujer y para mí”,dijo Sinise.
 
“En su última homilía, realizada el 10 de septiembre, un día antes de su muerte, el padre Mychal dijo… cada uno de nosotros no sabe a lo que Dios nos llama. Pero Él te necesita. Me necesita. Nos necesita a todos nosotros”,añadió el actor. “El padre Mychal dio su vida por los demás al día siguiente. He conocido a muchas personas abnegadas y valientes que me inspiran todos los días a llevar a cabo mi misión”,añadió.

Una conversión repentina 
A finales de los 90, Sinise contaba que su mujer, Moira, estaba en una representación de una obra irlandesa cuando ella volvió a conectar con el lado católico de su familia irlandesa. Moira no creció en un hogar religioso pero su madre era católica de nacimiento y su padre metodista.
 
Sinise contó que su familia estaba trabajando en Carolina del Norte cuando se acercó un huracán. “En el momento en que estábamos en la carretera conduciendo un coche alquilado y tratando de escapar de la tormenta, con rayos y truenos, un viento fortísimo y lluvia, Moira, de repente, se gira hacia mí y me dice, ‘Cuando volvamos a casa me convertiré al catolicismo y los niños irán a una escuela católica’”, contó.
 
Tras dos años de catequesis, el Domingo de Pascua de 2000, la mujer de Sinise se confirmó en la Iglesia católica “y los niños y yo estábamos a su lado. Nos sentíamos muy orgullosos de ella”.
 
En 2010, en Nochebuena, Sinise dijo a su mujer y a sus hijos que iban a ir a una cena especial. Sin saberlo los suyos, había ido a catequesis privadas para ser confirmado. Así que antes de ir a cenar, la familia se detuvo para ver a un sacerdote “y en una íntima y tranquila ceremonia en Nochebuena, rodeado de mi familia y de mis seres queridos… entré oficialmente en la Iglesia católica –recordó-. Fue una noche muy especial en nuestras vidas”.
 
“La Iglesia ha sido una roca para mí y para mi familia en los momentos difíciles y de mucha oscuridad”,contó Sinise a los Caballeros. También dijo que nunca se habría esperado hablar en un Congreso de los Caballeros de Colón “pero Dios tiene su propia forma de unirnos a los demás”.
 
Los Caballeros “cuyo gran y generoso trabajo caritativo y misión” y el trabajo de su fundación, el programa RISE (Restoring Independence and Supporting Empowerment) parecen hechos el uno para el otro, unidos en sus esfuerzos “para marcar una diferencia en las vidas de nuestros veteranos”, dijo.
 
Sinise también ofrece conciertos con su banda Teniente Dan, entreteniendo a las tropas en casa y en el extranjero. Viaja regularmente a zonas de guerra para encontrarse con miembros del servicio y también visita hospitales militares de EEUU en Alemania, San Antonio, San Diego y Bethesda, Maryland.
 

lunes, 18 de agosto de 2014

Homilía del Papa en la misa por la reconciliación.

La cruz de Cristo revela el poder de Dios que supera toda división, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno

Seúl, (Zenit.org) Redacción | 262 hits

Queridos hermanos y hermanas:
Mi estadía en Corea llega a su fin y no puedo dejar de dar gracias a Dios por las abundantes bendiciones que ha concedido a este querido país y, de manera especial, a la Iglesia en Corea. Entre estas bendiciones, cuento también la experiencia vivida junto a ustedes estos últimos días, con la participación de tantos jóvenes peregrinos, provenientes de toda Asia. Su amor por Jesús y su entusiasmo por la propagación del Reino son un modelo que todos debermos seguir.
Mi visita culmina con esta celebración de la Misa, en la que imploramos a Dios la gracia de la paz y de la reconciliación. Esta oración tiene una resonancia especial en la península coreana. La Misa de hoy es sobre todo y principalmente una oración por la reconciliación en esta familia coreana. En el Evangelio, Jesús nos habla de la fuerza de nuestra oración cuando dos o tres nos reunimos en su nombre para pedir algo (cf. Mt 18,19-20). ¡Cuánto más si es todo un pueblo el que alza su sincera súplica al cielo!
La primera lectura presenta la promesa divina de restaurar la unidad y la prosperidad de su pueblo, disperso por la desgracia y la división. Para nosotros, como para el pueblo de Israel, esta promesa nos llena de esperanza: apunta a un futuro que Dios está preparando ya para nosotros. Por otra parte, esta promesa va inseparablemente unida a un mandamiento: el mandamiento de volver a Dios y obedecer de todo corazón a su ley (cf. Dt 30,2-3). El don divino de la reconciliación, de la unidad y de la paz está íntimamente relacionado con la gracia de la conversión, una transformación del corazón que puede cambiar el curso de nuestra vida y de nuestra historia, como personas y como pueblo.
Naturalmente, en esta Misa escuchamos esta promesa en el contexto de la experiencia histórica del pueblo coreano, una experiencia de división y de conflicto, que dura más de sesenta años. Pero la urgente invitación de Dios a la conversión pide también a los seguidores de Cristo en Corea que revisen cómo es su contribución a la construcción de una sociedad justa y humana.
Le pide a todos ustedes que se pregunten hasta qué punto, individual y comunitariamente, dan testimonio de un compromiso evangélico en favor de los más desfavorecidos, los marginados, de cuantos carecen de trabajo o no participan de la prosperidad de la mayoría. Les pide, como cristianos y como coreanos, rechazar con firmeza una mentalidad fundada en la sospecha, en la confrontación y la rivalidad, y promover, en cambio, una cultura modelada por las enseñanzas del Evangelio y los más nobles valores tradicionales del pueblo coreano.
En el Evangelio de hoy, Pedro pregunta al Señor: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?». Y el Señor le responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,21-22). Estas palabras son centrales en el mensaje de reconciliación y de paz de Jesús. Obedientes a su mandamiento, pedimos cada día a nuestro Padre del cielo que nos perdone nuestros pecados «como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden». Si no estuviésemos dispuestos a hacerlo, ¿cómo podríamos rezar sinceramente por la paz y la reconciliación?
Jesús nos pide que creamos que el perdón es la puerta que conduce a la reconciliación. Diciéndonos que perdonemos a nuestros hermanos sin reservas, nos pide algo totalmente radical, pero también nos da la gracia para hacerlo. Lo que desde un punto de vista humano parece imposible, irrealizable y quizás, hasta inaceptable, Jesús lo hace posible y fructífero mediante la fuerza infinita de su cruz. La cruz de Cristo revela el poder de Dios que supera toda división, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno.
Éste es el mensaje que les dejo como conclusión de mi visita a Corea. Tengan confianza en la fuerza de la cruz de Cristo. Reciban su gracia reconciliadora en sus corazones y compártanla con los demás. Les pido que den un testimonio convincente del mensaje reconciliador de Cristo, en sus casas, en sus comunidades y en todos los ámbitos de la vida nacional. Espero que en espíritu de amistad y colaboración con otros cristianos, con los seguidores de otras religiones y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que se preocupan por el futuro de la sociedad coreana, sean levadura del Reino de Dios en esta tierra. De este modo, nuestras oraciones por la paz y la reconciliación llegarán a Dios desde más puros corazones y, por un don de su gracia, alcanzarán aquel precioso bien que todos deseamos.
Recemos para que surjan nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro, para que se superen las diferencias, para que, con generosidad constante, se preste asistencia humanitaria a cuantos pasan necesidad, y para que se extienda cada vez más la convicción de que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una única familia, de un solo pueblo. Hablan el mismo idioma.
Antes de dejar Corea, quisiera dar las gracias a la señora presidenta de la República, Park Geun-hye, a las autoridades civiles y eclesiásticas y a todos los que de una u otra forma han contribuido a hacer posible esta visita. Especialmente, quisiera expresar mi reconocimiento a los sacerdotes coreanos, que trabajan cada día al servicio del Evangelio y de la edificación del Pueblo de Dios en la fe, la esperanza y la caridad. Les pido, como embajadores de Cristo y ministros de su amor de reconciliación (cf. 2 Co 5,18-20), que sigan creando vínculos de respeto, confianza y armoniosa colaboración en sus parroquias, entre ustedes y con sus obispos. Su ejemplo de amor incondicional al Señor, su fidelidad y dedicación al ministerio, así como su compromiso de caridad en favor de cuantos pasan necesidad, contribuyen enormemente a la obra de la reconciliación y de la paz en este país.
Queridos hermanos y hermanas, Dios nos llama a volver a él y a escuchar su voz, y nos promete establecer sobre la tierra una paz y una prosperidad incluso mayor de la que conocieron nuestros antepasados. Que los seguidores de Cristo en Corea preparen el alba de ese nuevo día, en el que esta tierra de la mañana tranquila disfrutará de las más ricas bendiciones divinas de armonía y de paz. Amén.

 

sábado, 9 de agosto de 2014

De familia sin fe, a Vincent le interesaban las imágenes religiosas: le llevó al bautismo

«Hasta para un chico sin Dios, a Dios le encuentro donde quiera». Cuando Vincent escribió esta frase todavía era agnóstico. Hoy, ya católico después de su reciente bautismo, recuerda para Alfa y Omega cómo fue su proceso de conversión. Al echar la vista atrás, este treintañero australiano se da cuenta de cómo Dios le ha ido acercando, poco a poco, a la fe

Lo primero que Vincent supo de la fe, con cuatro años de edad, es que iría al infierno si no se bautizaba.

«Un profesor de Religión me dijo que debía bautizarme si no quería ir al infierno así que llegué a casa y le pedí el bautismo a mi madre», explica Vincent.

«Mi madre, que era agnóstica, me dijo para tranquilizarme: Claro que sí hijo, te bautizaremos y ahí se quedó la cosa», continúa.

Su madre, siendo agnóstica, fue, sin darse cuenta, una de las primeras persona en acercarle a Dios. «Era muy abierta, frente al resto de sus hermanos y de sus padres, que eran ateos. Mi madre era mucho más moderada en su posición. Ella no rechazaba la fe y eso fue un ejemplo muy positivo en mi vida».

La segunda pista que le puso Dios para acercarle a la fe fue la iconografía religiosa, por la cual siempre sintió mucha atracción.

«De adolescente coleccionaba todo aquello que tuviera una imagen religiosa de cualquier credo. Tenía un pedazo de estatua de San Antonio en mi cuarto. Con 18 años, había coleccionado infinidad de cosas religiosas. En ese momento era más pan-religioso», recuerda Vincent.

Y esa atracción por todo lo que tuviera que ver con las imágenes religiosas lo interpretó como una búsqueda: «No profesaba ninguna fe y me interesaban todas. Yo esto lo entendí como una búsqueda, como una necesidad de poner mi mirada en algo más allá». Vincent, sin saberlo, estaba comenzando un camino que le ha llevado al bautismo, y ese camino comenzó gracias a su inquietud. «Dios se ha servido de mi inquietud para acercarme a la fe», asegura.

¿Quién tiene la verdad?
 

A pesar de su atracción por la iconografía, Vincent seguía siendo agnóstico y lo que le echaba para atrás de los católicos es lo que él definió como su monopolio de la verdad. «Para mí, que una religión profese que tiene la única verdad y el único camino era algo que chocaba y que me alejaba del cristianismo», cuenta Vincent.

Pero gracias a su novia y a un cura católico las dudas se fueron despejando.

La novia de Vincent se convirtió tras el cáncer de su madre.

«Cuando le detectaron la enfermedad, María se puso a rezar intensamente por la curación de su madre. El cáncer desapareció y a María se le despejaron las dudas. Después de algún tiempo volvió a la fe y empezó a hacer visitas a los pobres. Ella me contaba lo contenta que estaba y que tenía que acompañarla a visitar a los pobres porque era increíble, era un sitio muy especial».

Vincent un día probó suerte y acudió, junto a su novia, a la casa donde se atendían a los enfermos. Fue allí donde conoció al padre Alberto, del que se hizo buen amigo y quien le ayudó a superar las barreras de los prejuicios.

«El sacerdote me ayudó. Me contó que él había hecho peregrinaciones por países musulmanes y cuando te encuentras de frente a un hombre de Dios, da igual que sea musulmán, que sea cristiano, tú te das cuenta de que es un hombre de Dios. Eso me inspiró mucho respeto y me calmó bastante esas preocupaciones».

El ejemplo de los demás fue clave
 

Otra de las cosas que le fue acercando a la fe fue el ejemplo de las personas. Dios quiso que Vincent se encontrara con personas clave en su vida que, de una forma natural, le fueran acercando hacia Él.

«El ejemplo de los demás siempre me llamó mucho la atención. Mi madre pudo ser muy ejemplar en esa apertura, en esa tolerancia. Yo creo que fue clave. Y el padre Alberto, algo parecido. De hecho él fue mi catequista». Son personas que marcaron a Vincent y le ayudaron a liberarse de prejuicios y de dudas.

Años de búsqueda
 

La conversación entre el padre Alberto y Vincent tuvo lugar hace seis años. «Empecé a ir a la casa de los pobres, pero sin mucha regularidad». Y el Señor fue lanzando nuevos anzuelos, ahora a través de la música y la Virgen.

«Yo soy una persona que me emociono con mucha facilidad. Pude asistir como espectador a varias Misas y me emocionaba especialmente la música. Recuerdo que al oír los cantos a la Virgen, muchas veces lloraba. Era un llanto de tristeza porque sentía que no participaba de la Misa y era también un llanto por la Virgen. Veía aquellas personas que le cantaban a su madre y yo había perdido a la mía».

Vincent se fue metiendo cada vez más en las celebraciones y quería poder participar plenamente. «Me afectó muchísimo no poder comulgar y me sentía como un excluido. Allí nació ese deseo de poder comulgar, de poder participar con la comunidad. Ahí empezó mi interés primero y real por la religión católica, casi como un interés social. Fue entonces cuando comencé a recibir catequesis».

Catequesis sin prejuicios
 

«Yo me quería dejar llevar. Tenía mucha ilusión en vivir el proceso sin ninguna idea preconcebida y sin ninguna expectativa sobre mí. Cuando empecé el catecismo hice un esfuerzo de distanciarme de cualquier resultado del proceso. Obviamente, si empiezas a recibir catequesis es con la intención de convertirte y bautizarte pero yo, en verdad, quería vivirlo con más libertad y pensé: A ver qué pasa. Yo estoy dispuesto, pero no sé si me conozco lo suficiente para saber cómo voy a responder a la catequesis. Me dejé esa libertad para decir que si en un momento una enseñanza me chirriaba, no podría proceder y tendría que parar», explica Vincent sobre el comienzo de las catequesis.

Y con esta disposición, las catequesis fueron un éxito. «Mucho del mérito es del padre Alberto, que ha sabido llegar a mi corazón y comunicarme las cosas, las Verdades, para que yo las entendiera. Todas las enseñanzas esenciales del Evangelio me parecían muy aceptables, me parecían Buena Noticia. Me iba pareciendo apetecible y me iba entregando, me iba dejando llevar».

Independencia espiritual hacia el bautismo
 

El proceso que estaba siguiendo Vincent ilusionó a mucha gente, especialmente a su novia, que veía como la persona a la que amaba se estaba acercando, poco a poco, a Dios.

Fue entonces cuando María quiso animar a su novio a seguir dando pasos hacia el bautismo inminente. Pero Vincent le dejó muy claro que no quería presión, que le dejara ese espacio. Ella fue muy respetuosa y durante unos meses fue un proceso que no compartió con nadie.

«Me tenía que independizar espiritualmente. Quería estar seguro de mis propias intenciones», puntualiza Vincent. Él no quería bautizarse porque le hiciera ilusión a alguien, él quería bautizarse porque había descubierto a Dios.

Tres sacramentos en un día
 

Vincent consiguió llegar al final del proceso, y decidió bautizarse. El 21 de junio de 2014, a los 32 años, recibió el bautismo, la confirmación y la Primera Comunión.

«Mucha gente, cuando se acercaba la fecha, me hablaba de la importancia de aquel día y me decían que tenía que llevar chaqueta y corbata. Yo les decía que yo no era así, y que Dios le quería como era», así que Vincent decidió llevar su habitual traje claro y su camisa de flores.

Ahora, después de algo más de un mes como miembro de la Iglesia católica, Vincent piensa en la cruz. «Pienso mucho en la cruz. No me he quitado nunca el crucifijo que me regalaron el día de mi bautizo [...] Cuando voy por la calle y paso por delante de una Iglesia, si tengo tiempo, entro para hablar un rato con Dios. Le pido que me conceda el discernimiento necesario para tomar siempre las decisiones más acertadas».

Vincent recibirá un nuevo sacramento el 20 de septiembre de 2014. Ese día se casará con María en un pequeño pueblo de Granada.


 José Calderero / AlfaYOmega.es

sábado, 2 de agosto de 2014

Así nació la vocación de los jóvenes Koenigsknecht: gemelos, sacerdotes y granjeros de Michigan

El 14 de junio, muy poco tiempo después de su ordenación como diáconos, Todd y Gary Koenigsknecht, de 26 años de edad, recibieron el orden sacerdotal. Son hermanos gemelos (Todd es el mayor por unos minutos) y, como no es un caso frecuente, su vida ha saltado a los medios de comunicación, sobre todo en el entorno de East Lansing, una ciudad de menos de cincuenta mil habitantes en el estado de Michigan (Estados Unidos) en cuya parroquia de Santo Tomás de Aquino recibieron sus manos el poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo y de perdonar los pecados.

La granja (también) imprime carácter

 
Unas manos acostumbradas al duro trabajo de la granja. Los Koenigsnecht son una familia muy conocida en la zona, donde, entre otras cosas, crían un centenar de vacas. Brian y Agnes formaron un hogar con diez hijos (los sacerdotes son el cuarto y el quinto), y todos frecuentaban la parroquia de la Santísima Trinidad en Fowler, su pueblo.

Esa forma de vida ya imprime carácter. El padre John Linden, director de vocaciones de la diócesis de Lansing, confía en que los gemelos serán buenos pastores "porque están muy pegados al terreno y te hacen sentir a gusto en su presencia. No hay nadie que entable conversación con ellos que no se sienta bienvenido y escuchado", explica al Lansing State Journal.

Los hermanos atribuyen buena parte de su formación a la tarea agropecuaria diaria que conforma el sustento familiar: roturar la tierra, plantarla, cavar, ordeñar... Crecieron sin televisión en casa, trabajando duro y en un ambiente de oración, rematado con el rosario diario en familia. Al entrar en el hobar de los Koenigsknecht llama la atención una docena de rosarios colgados de un perchero, de donde los toman cada día para agradecer y honrar a la Santísima Virgen.


Todd y Gary, con sus padres, que han educado
a sus hijos en el trabajo duro y la devoción a la Virgen.


Además los Koenigsknecht tienen otro sacerdote en la familia, William, hermano de Brian, que ha rotado por numerosas parroquias de la diócesis. Pero casi todos los miércoles hacía un alto en sus obligaciones para alimentar el ganado o segar el trigo en la granja de su hermano. El tío William animó a todos, y en particular a los gemelos, a envolverse en la vida parroquial.

Como lo está haciendo Lee, su hermano pequeño, quien acaba de cumplir 19 años y está a punto de tomar también la decisión de ingresar en el seminario y formarse para ser el tercer sacerdote del clan.

Una espiritualidad encarnada
 

"La granja es un buen contexto para la vida familiar", dice el recién ordenado Todd. "Porque ambos padres están siempre cerca y disponibles", completa su madre, Agnes. Y se va creando así una espiritualidad encarnada, añade su padre, Brian: "En la granja dependes de Dios, para la subsistencia y para todo. Es muy fácil imbuir a los hijos de lo que es la Creación y de cómo funcionan las cosas".


Dos imágenes entrañables: a la derecha, compartiendo
el día de su ordenación con el sacerdotes que los bautizó (izquierda).


Una vez concluido el bachillerato, la formación sacerdotal de los gemelos Koenigsknecht duró ocho años, tras pasar por el seminario San Juan María Vianney de St. Paul (Minnesota) y el del Sagrado Corazón en Detroit (Michigan), y vivir un semestre en Roma.

Una vez ordenados hicieron un retiro espiritual, y ya tienen destino en dos parroquias distintas (en la suya Todd bautizó recientemente a unos gemelos). Pero en cuanto tienen un momento libre... hay que echar una mano, y este verano ya han estado en casa plantando maíz y apilando heno.

"Me encanta la granja y siempre será así", dice Gary. Y Todd apunta el motivo: "Te da tiempo para pensar y es un bonito paréntesis en la atareada vida de un sacerdote".


C.L. / ReL

domingo, 27 de julio de 2014

Hizo un pacto con el diablo para triunfar en el heavy metal; y Cristo lo rescató con una sorpresa

Los sonidos del más duro heavy metal eran una armoniosa sinfonía para él. Herido y dañado en la infancia, sediento de fama, no dudó en ofertarlo todo creyendo que ahí estaba su tesoro.

Ex líder de la banda: Power of Pride
“Lo más grande era estar en el escenario teniendo el control… me encantaba ser adorado y que las personas que miraban, dijeran «¡Wow! Quiero ser eso»”. Las palabras pertenecen a Kirk Martin, quien hasta hace algunos años lideraba una banda de heavy Metal llamada Power of Pride (El poder del orgullo) en Estados Unidos.

Logró participar en múltiples conciertos, en donde proyectaba una imagen salvaje e iracunda sobre el escenario. “Conseguir que miles de personas chillasen blasfemias era la mayor adrenalina que podía experimentar”, cuenta al canal de televisión CBN.

Lleno de odio
Pero esta imagen siniestra no sólo era una pose escénica, sino que tenía su correlato en la vida real de Kirk. Su maceteada figura daba marco a su carácter pendenciero y los varios tatuajes en su cuerpo hablaban de las creencias y espíritu que le habitaba. “Estaba tan lleno de odio que proyectaba ese odio hacia muchas personas”, sincera y prosigue… “dos de los miembros de la banda -mientras estábamos en la carretera en cierta ocasión- decidieron que estaban hartos de mí y que no podían aguantarme más, y ellos, de hecho decidieron dejar la banda”.

Los jóvenes le idolatran
Reconoce que por mucho tiempo gozó de la soberbia, que enaltecían las letras de sus canciones arengando con ellas la rebeldía de los jóvenes que le idolatraban. “Toda mi intención era decir a la gente que creyeran en sí mismos, que siguieran sus propias visiones, sus propios sueños y aplastasen a quién se les pusiera en su camino”.

Un pacto con el diablo: "Te serviré hasta el fin de los tiempos"
Pero los orígenes de su sorpresivo éxito, señala, no fue por simple empeño, asertividad o calidad musical. Kirk no estaba dispuesto a arriesgar fracaso o esperar fortuna y sin dudarlo se propuso concretar su anhelo aunque para ello lo arriesgó todo en un siniestro pacto. “Clavé las zarpas en el suelo, arañé la tierra y le dije a Satanás: «Si me das lo que quiero, si me haces un dios, si me das las mujeres, las drogas y la fama, todo. Si me das el poder de aplastar a la gente, te serviré hasta el fin de los tiempos»”.

El determinante trauma en la infancia
Nada más pronunciar la sentencia, recuerda, en cuestión de días una casa discográfica le ofrecía un suculento contrato para que su agrupación pudiera grabar un próximo disco.

Pero aquél pacto de esclavitud no era el único secreto que Kirk guardaba mientras se hundía en la ilusión de fama, sexo y fortuna… “Durante mi niñez, unos chicos en el barrio me empezaron a molestar sexualmente y a sodomizarme cuando tenía probablemente unos 8 años. Ocurrió más de una vez y nunca hablé de ello, nunca le dije a nadie”.

Violentado en la infancia, lleno de rabia, aprovecharse sexualmente de las mujeres se convirtió en parte del estilo de vida heavy metal de Kirk. “La peor parte de mi abuso fue el hecho de que lo interioricé y violaba a otros”, recuerda.

Un hombre le revela lo que sólo él conocía
Estando a horas de firmar el contrato discográfico por el que había vendido su alma, Kirk tuvo un encuentro con un misterioso extraño durante una mañana en una cafetería. “Un tipo entró y se sentó justo a mi lado de entre todos los asientos en los que se podía haber sentado… había muchos asientos libres, e inmediatamente lo miré con esta horrible y mezquina expresión en mi cara. Lo miré y le dije: «¿¡Qué pasa papá!?» y volvió a mirar su café… me miró directamente en la cara y replicó «¿Qué pasa amigo?». Salté por la mesa y puse mi nariz justo en frente de la suya. Le miré a los ojos y simplemente le maldije, lo llamé todas las cosas inmundas que se me ocurrieron, y me dijo: «Dios me ha mandado aquí para decirte que te ama y quiere que sepas que Él no fue responsable de los jóvenes que abusaron de ti cuando eras niño», y lo que era tan alucinante sobre eso, es que él usó sus nombres y dijo: «Jesús está esperándote para que gires la cara hacia casa»”.

El misterioso hombre se marchó y Kirk permaneció meditativo, en shock, algunos segundos. Se levantó de donde estaba tras los pasos del extraño, quería enfrentarlo, pero cuando salió a la calle, la persona se había desvanecido.

La noche en que brilló una sola estrella
Horas más tarde cuando Kirk estaba a punto de dormirse en el autobús de gira de la banda, fue sacudido en medio de la noche. Quizás fue un sueño revelador, pero él lo recuerda como un hecho real y vívido…

“De pronto apareció una gran estrella, como si cayese del cielo, y el espíritu de Dios mismo actuó en el autobús. Yo no sabía por qué odiaba tanto a Dios. Todo, simplemente voló y la única cosa que sentía era amor. Me sentí aceptado, me sentí como que era ese niño pequeño otra vez, antes de que abusaran de mí, y dije: «Jesús, ven aquí y destrúyeme porque yo no quiero ser más esto». Me doy cuenta ahora, que ante la presencia de Dios, el pecado, el odio y la fealdad no puede, no hay lugar para ello, así que tiene que salir. Y todas estas cosas empezaron a dejar mi corazón”.

Ya todo era diferente
Kirk, como un niño, volvió a dormir y cuando despertó a la mañana siguiente, todo parecía diferente. “La hierba era más verde, el cielo era más esponjoso, las nubes eran hermosas, y yo era diferente”. ¿El contrato? poco le importaba pues “aquello que siempre había querido, de repente no lo quería más. Lo dejé todo y nunca más retorné a la banda”

Una etapa de reconciliación
En búsqueda de respuestas y de reconciliación con la fe, Kirk encontró una iglesia en su pueblo natal y se volcó al cristianismo. Cuando comenzó a asistir a las celebraciones, su consejero espiritual le aconsejó terminar el doloroso ciclo que había comenzado en la infancia. Que buscara a los jóvenes que habían abusado de él para perdonarles fue el desafío.

“Los encontré y no sé si se acordaban de mí. Entonces les pregunté: «¿Por qué me hicieron esto?». Empezaron a contarme la historia de cómo alguien les había violado, cómo de niños habían encontrado una revista pornográfica y eso es lo que les había llevado a abusar de mí, y luego invitaron a otro chico a que hiciera lo mismo. Ellos habían dado sus corazones a Cristo. Nos sentamos, lloramos y nos abrazamos. Hablamos sobre ello y rezamos, así es cómo pasamos todo esto”.

De nuevo en la música pero de otra manera
Con el tiempo Kirk también re-encontró su talento musical, sustentado en la libertad y sanación regalada por Dios, escribiendo e interpretando canciones de alabanza. Formó familia y juntos viajan por todo el país compartiendo el milagro con el que cambió su vida.

“Mi mujer es simplemente un tesoro y mi familia es el testimonio más grande de la piedad y la gracia de Dios. Yo que era adicto a las drogas, al sexo y la violencia, al odio, que usaba la música como una herramienta para destruir a las personas fui recogido y sanado por Dios… todo ello para su gloria”, concluye.
 

sábado, 19 de julio de 2014

¿Cuáles son las armas para vencer al diablo? Responde el jefe de los exorcistas del mundo

El presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, P. Francesco Bamonte, compartió algunos consejos sobre las mejores armas para hacer frente al diablo, y advirtió que no es suficiente saber que los demonios existen, sino que es preciso conocer cómo actúan para no caer en sus trampas.

En entrevista con Radio Vaticano, al poco tiempo de que la Asociación Internacional de Exorcistas recibiera el reconocimiento jurídico de la Congregación para el Clero en la Santa Sede, el P. Francesco Bamonte señaló que “los demonios actúan en la historia personal y comunitaria de los hombres, tratando de propagar entre los hombres la elección del mal”.

Saber cómo actúan para prevenir


“Por eso, no basta saber que existen, sino que es preciso también conocer cómo actúan para prevenir y rechazar sus ataques y no caer en sus trampas”, advirtió el exorcista de la diócesis de Roma.



El italiano Francesco Bamonte preside
la Asociación Internacional de Exorcistas


El Papa recuerda que los demonios existen


El P. Bamonte señaló que “sin duda, el fundamento de la predicación y de las enseñanzas del Papa Francisco es Jesucristo; pero el Papa nos exhorta a no olvidar lo que la Sagrada Escritura nos dice: que los demonios existen: son ángeles creados por Dios que se transformaron en malvados porque libremente eligieron rechazar a Dios y su Reino, dando origen así al infierno”.

“El Papa ha descrito a menudo cómo actúan los demonios a través de la tentación para separar a los hombres de Cristo. De hecho, quieren que seamos como ellos; no quieren la santidad de Cristo en nosotros, no quieren nuestro testimonio cristiano, no quieren que seamos discípulos de Jesús”.

Los demonios engañan a los hombres

 
El exorcista recordó que “el Papa también ha subrayado varias veces que los demonios –que son repelentes y repugnantes– se disfrazan de ángeles de luz para hacerse atractivos y engañar mejor a los hombres. Jesús en el Evangelio nos enseña cómo luchar y vencer a los demonios con su gracia”.

Cuatro "armas" para luchar contra la tentación del demonio

 
Para hacer frente a las tentaciones de los demonios, el sacerdote enumeró cuatro armas muy poderosas: la Palabra de Dios, el Rosario, la confesión frecuente y la participación en la Santa Misa.

El presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas aseguró que “el arma poderosa, ante todo, es la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, como dice el Papa Francisco, que nos ha invitado a llevar siempre en el bolsillo un Evangelio. En nuestro interior, esta Palabra, cuando entra, vive, actúa y nos llena de la gracia del Espíritu Santo”.

“Y luego está el Rosario, el encomendarse a la Virgen, a quien el demonio odia especialmente”.

La tercera arma, dijo, es “la confesión frecuente: reconocernos pecadores humildemente, confesar nuestros pecados y pedir a Dios la fuerza para no pecar más”.

A continuación recomendó “la participación en la Santa Misa los días festivos. Y también la lucha contra nuestros vicios, contra lo que el pecado original ha dejado en nosotros, para que triunfe el hombre nuevo en Cristo”.

El P. Francesco Bamonte señaló que la presencia de un sacerdote exorcista en una diócesis “es importantísima”.

“De hecho, cuando no hay un sacerdote exorcista, a menudo la gente se dirige a magos, hechiceros, lectores de cartas y del futuro, sectas”.

El presbítero señaló que “no tiene sentido pensar que si las personas saben que hay un exorcista en su diócesis, serán más propensas a creer que son víctimas de una posesión diabólica. La primera preocupación de todo exorcista con buen sentido es evitar que se forme o se mantenga la creencia de una posesión cuando ésta no existe”.

El P. Bamonte indicó que “el exorcista es ante todo un evangelizador, un sacerdote, por lo que sea cual sea el origen del mal que padece quien acude a él, sea o no sea una auténtica forma de acción extraordinaria del demonio. El sacerdote exorcista se esfuerza por infundir serenidad, paz, confianza en Dios y esperanza en su gracia”.



Cuando hay posesión


“Y cuando se comprueba realmente la existencia de un caso de posesión diabólica, el sacerdote exorcista acompañará a esos hermanos y hermanas que sufren a causa del maligno, con humildad, fe y caridad, para sostenerlos en la lucha, para darles ánimos en el duro camino de la liberación, y para reavivar en ellos la esperanza”.

El exorcista de la diócesis de Roma indicó que en su experiencia ha encontrado “hombres y mujeres perfectamente sanos de mente, pero expuestos a un nivel de sufrimiento difícilmente imaginable”.

Una forma de caridad a través del exorcismo


“Ante tanto dolor es imposible permanecer indiferente: deseo sinceramente que muchos otros hermanos sacerdotes se den cuenta de esta dramática realidad, a menudo ignorada o subestimada. El exorcismo es una forma de caridad en beneficio de personas que sufren. Está dentro de las obras de misericordia corporal y espiritual”, aseguró.

Los exorcistas en Roma, dijo el sacerdote, “cuentan con la ayuda de un equipo de voluntarios formado por médicos especialistas en psiquiatría y psicoterapeutas, que evalúan si es necesario los aspectos médicos. Hay personas que confunden problemas de origen médico con problemas de origen espiritual. Los casos que se consideran serios y en los que debe intervenir un sacerdote exorcista son limitados”.

Reconocimiento vaticano

 
La reciente creación de la Asociación Internacional de Exorcistas, que él preside, “es un signo de los tiempos”, dijo, pues “el Espíritu Santo, en respuesta a las exigencias especiales de nuestra época, ha suscitado una toma de conciencia de que entre los mandatos que Cristo a la Iglesia, está incluido el de expulsar a los demonios en su Nombre”.

“Al mismo tiempo, el Espíritu Santo ha inspirado en la Iglesia una asociación de sacerdotes exorcistas para que tengan la fuerza que deriva del estar en comunión con otros hermanos que ejercen el mismo ministerio; y para que, encontrándose periódicamente y compartiendo sus experiencias, puedan ofrecer una ayuda más eficaz a quienes se dirigen a ellos”.

Para leer la entrevista completa puede hacerlo AQUÍ

sábado, 12 de julio de 2014

¿Un familiar o un amigo lo está pasando mal? 4 cosas que es mejor no decir a quien está sufriendo

Si usted es como la mayoría de las personas, va a ser difícil saber lo que tiene que hacer cuando un amigo suyo esté sufriendo. Y, para su amigo, probablemente, va a ser difícil saber qué hacer con el sufrimiento.

Este sufrimiento puede ser la muerte de un pariente o de un amigo, la pérdida del trabajo, el final de una relación o sólo la sensación de que el universo le dio una patada en la cara y no ha quitado el pie desde hace ya un buen tiempo.

Muchas veces, usted recurre a los clichés de siempre y los repite para sí, intentando animarse o convencer al universo de dejarlo en paz. Y los repite para los amigos, intentando hacer lo mismo por ellos. A veces, los clichés son para pensar, pero, muchas veces, son sólo dispositivos para escapar de lo que está sucediendo.

El libro “Invitation to Tears” (Invitación a las Lágrimas), de Jonalyn Fincher y Aubrie Hills, ofrece una mirada agradable y diferente al dolor. Los autores sugieren que aprender a experimentarlo es valioso: es un valor que nuestra cultura ha descuidado y que nosotros hemos ido desaprendiendo.

Sucede que lidiar con el sufrimiento y ayudar a un amigo a hacer lo mismo, de acuerdo con los autores, implica evitar decir cosas como estas:

1.- Lugares comunes
“Por lo menos ella no está sufriendo más”…”Él está con Jesús”…”Todo eso sucede por una razón”…

“¡NO es por eso que yo estoy llorando!”, replicó Jonalyn, tras la muerte de la suegra. Esos lugares comunes pueden ser particularmente malos dentro de la Iglesia, un lugar donde, supuestamente, las personas traen sus sufrimientos más profundos en busca de esperanza.

Dentro de las murallas de consolación de la Iglesia, nosotros nos hemos ido despojando desafortunadamente del lenguaje de la pérdida. Lo que David y los salmistas hablaban perfectamente, nosotros hemos desaprendido. No sabemos cómo sentarnos al lado de alguien que sufre sin intentar “arreglar” las cosas de forma tonta.

Los autores nos sugieren reaprender el lenguaje del sufrimiento y, en una sacudida sensacional, incluyen listas enteras de poemas, libros y películas que giran alrededor de la tristeza y el luto; cosas que nos pueden ayudar a reaprender ese lenguaje.

2.- “Considere todo como un tipo de alegría”
Los cristianos oyen mucho eso. Ciertamente, algunas personas simplemente necesitan parar de reclamar y acordarse de que nosotros formamos parte de la historia de Dios, y no al contrario. Pero, ante el dolor real, eso puede volverse un mecanismo para escapar de la culpa, especialmente cuando decimos eso para nosotros mismos.

La vida es dura y es necesario encarar eso para enfrentar el dolor. Los autores sugieren que ceder al dolor es, de cierta forma, saludable e importante.

Estar de luto significa hacer menos cosas exteriormente, para tener tiempo de desahogar, escribir, hacer largas caminadas, llorar, mirar al espacio y pensar. Finalmente, adoptar la práctica nada occidental de hacer menos para aprender más. No es sin razón que no tenemos tiempo para eso, en nuestras sociedades aceleradas. El luto no es seguro ni eficiente para nuestra mentalidad enfocada en hacer cosas. Pero nos puede volver más humanos.

3.- “¿Será que es hora de que usted de un giro en la vida?”
De vez en cuando, alguien de hecho necesita oír eso. Pero los autores del libro contrastan esa posibilidad con la tradición judía de la shivá, en que toda la comunidad se une alrededor de la persona que sufre para guiarla en su sufrimiento. La comunidad actúa como un capitán, trazando un curso para el luto. Los autores sugieren que, para las personas que buscan consuelo en medio del dolor, alguien debe orientarlas con base en su propia experiencia de sufrimiento, en vez de sugerir, justamente en ese momento, que la persona “de un giro en la vida”.

Ellos también observan, con ecos de T.S. Eliot, que la memoria forma parte del dolor, pero también del movimiento para superarlo. Cuando sus amigos están cerca de usted en su sufrimiento, usted los ve enfrentando a su lado una prueba. Eso construye la memoria que puede ayudarlo en el futuro.

4.- “Dios tiene algo que enseñarle a usted”
Está claro que Dios siempre tiene algo para enseñarnos. Pero el sufrimiento es más complicado que eso.

En la Sagrada Escritura, vemos que el sufrimiento no aflige sólo al culpable, sino también al inocente. El cordero sacrificial demuestra ritualmente, todo el año, que los inocentes también sufren por los pecados de los culpables. El dolor no siempre es resultado de un descontento de Dios.

Jonalyn y Aubrie ofrecen un abordaje que, de cierta forma, incorpora el dolor a lo que usted es. En el mundo real, que es un mundo caído, la vida a veces es terrible y no parece haber razón humana para que sea así. Es muy típico de los occidentales intentar ignorar esto y querer explicar todo de alguna manera. Los autores sugieren, no obstante, que al experimentar el sufrimiento si nos damos al trabajo de reaprenderlo como comunidad, éste no sólo es soportable, sino también es una parte crucial y bella de aquello que nos vuelve humanos.


 Brian Brown / Aleteia