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sábado, 23 de mayo de 2009

San Pablo muestra el amor de Jesús hasta el extremo


En la conferencia presentada por el padre Enzo Bianchi en la basílica de San Pablo Extramuros

ROMA, miércoles 25 de marzo de 2009 (ZENIT.org).-

Como, "una de las confesiones de fe más altas y profundas de todo el Nuevo Testamento", así definió el padre Enzo Bianchi, prior de la Comunidad de Bose, el conocido Himno Cristológico, incluido en la carta de San Pablo a los Filipenses.

La afirmación la realizó el pasado lunes dentro de la catequesis denominada "San Pablo quien habla" que se efectúa cada mes en la basílica San Pablo Extramuros, con motivo del Año Paulino. Esta vez dedicada a la carta a los Filipenses.

El exegeta aseguró que Pablo en esta carta muestra "haber estado aferrado a Cristo, conquistado por Cristo, quien hizo de él un misionero, un apóstol por excelencia. Sintiéndose en una relación de siervo, en lo que respecta a quien llama "el Señor", "mi Señor".

Dios hecho hombre por amor

Enzo Bianchi centró su plática en el pasaje del segundo capítulo de la carta a los Filipenses (versículos 5 - 11), que habla del proceso de "abajamiento" y del deseo de Dios de hacerse uno de nosotros haciéndose obediente "hasta la muerte y muerte de cruz" para que "al nombre de Dios toda rodilla se doble".

Aseguró que la riqueza del himno cristológico consiste en que "canta en síntesis todo el itinerario recorrido por Cristo. Resume toda su vida, la encarnación, la vida terrena, la muerte en cruz, el enaltecimiento de la Gloria"

Y señaló que en este texto del Nuevo Testamento está contenido "no sólo el recorrido de la humanización de Dios sino también el estilo de este recorrido. La kénosis", que quiere decir "el abajamiento de sí mismo y luego el ensalzamiento de toda la humanidad".

El prior de la comunidad de Bosse, indicó que "en el paganismo se narraban mitos de la encarnación de los dioses. Los faraones en toda su potencia eran vistos como la encarnación del dios sol", pero en cambio "el cristianismo, que es la encarnación hasta el abajamiento de quien es Dios, éste se convierte en esclavo. La Palabra de Dios, el logos, en la encarnación ha debido vaciarse de sí mismo para resistir entre nosotros y con nosotros".

Señaló también que Dios "ha hecho un paréntesis en su forma divina para poder resistir como hombre totalmente como nosotros", e indicó que este himno, "no narra la historia en línea recta de los sucesos o de los eventos sino que resalta de lo alto a lo bajo y luego de lo bajo a lo alto".

Indicó el exégeta que Dios, "no podía mantener una condición divina sin compartirla. Sin probar el deseo que también los hombres participaban en la condición divina".

Resaltó también cómo Dios, al hacerse hombre, "ha aceptado la muerte, la condición limitada, nuestra carne. Era santo tres veces, ha aceptado ser tentado por el diablo en su carne humana".

Y recalcó que, "si es verdad que el pecado marca al hombre, es verdad que Cristo ha querido hacerse hombre, no ha cometido ningún pecado, pero ha sido probado en todas las tentaciones".

"He aquí hasta dónde el hijo ha debido andar. Se ha hecho hombre, ha sido reconocido como hijo de José y de María", señaló.

Dijo que el punto más bajo de este himno es cuando san Pablo se refiere a la cruz, recordando que ésta era la muerte más humillante en aquella época, pero que la cruz "no es el resultado de una casualidad o de una fatalidad" sino más bien "el éxito de una vida vivida en la justicia y en el amor".

El exégeta concluyó diciendo que, por ello, delante de Jesús "todos los hombres doblan sus rodillas" y aseguró que, por ello, "Jesucristo, es el Señor del universo, Jesucristo también mi Señor".

Por Carmen Elena Villa



sábado, 10 de enero de 2009

España: “San Pablo fue un campeón de la Filosofía”


El austríaco Josef Seifert abrió el curso del Instituto Edith Stein de Granada

GRANADA, martes, 7 octubre 2008 (ZENIT.org).-

Josef Seifert, austríano y rector de la Academia Internacional de Filosofía, con sede en Liechtenstein y Santiago de Chile, dictó la lección inaugural en la apertura de curso del Instituto de Filosofía Edith Stein (IFES) de la Diócesis de Granada, España.

Ayer 6 de octubre tuvo lugar el acto inaugural del curso académico 2008/2009 del Instituto, informa a Zenit el Instituto Edith Stein.

Este centro de investigación y formación superior nació hace tres años con la intención de buscar la verdad desde el camino de la filosofía. Para el IFES, “no existe una separación tajante entre Filosofía y Teología, de tal manera que un cristiano no puede dejar de serlo o simular que no lo es cuando utiliza la razón, sino que la utiliza desde la iluminación de la fe y dentro de la tradición cristiana de la que forma parte”.

El acto comenzó con la celebración de la Eucaristía en La Cartuja, y continuó con unas palabras del arzobispo, Javier Martínez.

La lección inaugural del profesor Josef Seifert, titulada “Fe y Razón: ¿Fue san Pablo el mayor crítico o el más firme defensor de la filosofía?”, se inscribe en el marco del Año Paulino y del 10º aniversario de la encíclica de Juan Pablo II Fides et Ratio.

El profesor Seifert analizó los textos paulinos para concluir que san Pablo fue un firme defensor de la razón, “un campeón de la filosofía”, que distinguía con claridad entre la auténtica búsqueda de la verdad y los discursos meramente retóricos o ideológicos.

El ponente efendió la necesidad que tiene la razón de la fe para llegar las verdades más profundas, y la necesidad de que los creyentes utilicen la razón para poder comprender las verdades de la fe.

También insistió en la capacidad de la razón para alcanzar por sí sola un cierto conocimiento de Dios y de muchos de sus atributos esenciales.

Con este acto el Instituto de Filosofía Edith Stein “renueva su compromiso de servir a la ciudad de Granada y, en general, a la cultura en todo el mundo, en el deseo profundo de realizar trabajos filosóficos sobre los problemas que más nos interesan a todos, buscando la verdad de una forma abierta y franca, sin las connotaciones y prejuicios ideológicos que, desgraciadamente, a menudo afectan a la labor intelectual hoy en día”.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Predicador del Papa: “que esta Navidad podamos ser madre de Cristo”


En su tercera y última predicación de Adviento a la Curia Romana


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 19 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, dedicó hoy su tercera y última predicación de Adviento ante el Papa y la Curia Romana, a reflexionar sobre el significado de la maternidad espiritual de Cristo, este viernes en la capilla "Redemptoris Mater" del palacio apostólico del Vaticano.

El padre Cantalamessa, siguiendo con las dos catequesis anteriores y a propósito del Año Paulino, propuso una reflexión sobre un pasaje del apóstol Pablo, Gálatas 4, que precisamente sirvió a la Iglesia para luchar contra la herejía docetista, que negaba la Encarnación.

Este dogma, junto con la preexistencia del Hijo se encuentra, aunque en estado embrionario, en la enseñanza de san Pablo, explicó el predicador, y para los cristianos tiene gran importancia, ya que "por la fe", como han puesto de manifiesto los Padres de la Iglesia, "cada cristiano puede ser madre de Cristo".

"Cómo uno se convierte concretamente en madre de Jesús, nos lo indica él mismo en el Evangelio: escuchando la Palabra y poniéndola en práctica", explicó.

Sin embargo, el padre Cantalamessa advirtió contra la posibilidad de una "maternidad incompleta", que puede manifestarse de dos formas: "una fe sin obras y unas obras sin fe".

"Nosotros, como decía san Francisco, concebimos a Cristo cuando lo amamos con sincero corazón y con conciencia recta, y lo damos a luz cuando realizamos obras santas que lo manifiestan al mundo", añadió.

Citando a san Buenaventura, el predicador explicó que "el alma devota de Dios, por gracia del Espíritu Santo y el poder del Altísimo, puede concebir espiritualmente al Verbo bendito y al Hijo Unigénito del Padre, parirlo, ponerle nombre, buscarlo y adorarlo con los Magos y finalmente presentarlo felizmente a Dios Padre en su templo".

La concepción y el dar a luz a Cristo supone, explicó, la conversión y el cambio de vida personal del cristiano.

El amén de María

Por último, propuso una reflexión concreta sobre el "sí" de María, que durante muchos siglos se ha interpretado en la palabra latina fiat.

"Se insiste mucho en el fiat de María, en María como "la Virgen del fiat". Pero María no hablaba latín y por eso no dijo fiat, no dijo siquiera genoito, que es la palabra que encontramos, a este punto, en el texto griego de Lucas porque no hablaba griego".

La palabra precisa que utilizó la Virgen ante el ángel fue "amén", una palabra hebrea con la que "se reconoce lo que se ha dicho como palabra firme, estable, válida y vinculante", y que indica "fe y obediencia conjuntamente; reconoce que lo que Dios dice es cierto y se somete a ello".

"San Pablo dice que Dios ama al que da con alegría, y María dijo a Dios su "sí" con alegría. Pidámosle que nos obtenga la gracia de decir a Dios un "sí" alegre y renovado, y así concebir y dar a luz también nosotros en esta Navidad a su Hijo Jesucristo", concluyó.

Por Inma Álvarez