EL PENSAMIENTO DE LA IGLESIA CATOLICA SOBRE TEMAS RELACIONADOS CON LA PERSONA HUMANA, LA FAMILIA, LA SOCIEDAD, EL ESTADO Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL.
sábado, 26 de enero de 2019
Papa Francisco - Panamá - Recepción y ceremonia de apertura de la JMJ 2019-01-24
Ceremonia de bienvenida y apertura de la JMJ en el Campo Santa María La Antigua
sábado, 19 de enero de 2019
Internet: crítica filosófica, aportes y desafíos
Gracias al Internet es posible ampliar los horizontes de la evangelización en los cinco continentes.
Por: Mauricio Ochoa Urioste | Fuente: Catholic.net

Por: Mauricio Ochoa Urioste | Fuente: Catholic.net

El
Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, difundió el
documento titulado "La Iglesia e Internet" el año 2002, en los inicios
del así llamado ciberespacio. Allí la Iglesia llama a los jóvenes a usar
adecuadamente el Internet, y hacerlo, con discernimiento, educación,
formación, y fuerza de espíritu.
Han transcurrido ya muchos años desde aquél documento y cabe mencionar el interés que ha suscitado en la filosofía contemporánea el uso de Internet y más extensamente las nuevas tecnologías. El profesor Armando Segura Naya, bajo cuya dirección se publicó la obra "Historia Universal del Pensamiento Filosófico", indica que el progreso tecnológico, en la medida que facilita la vida humana, la debilita. Segura, además argumenta que un progreso tecnológico sin fortaleza moral de la personalidad y de la responsabilidad, pilares de la libertad, se convierte en "tecnoadicción". Preocupa al precitado autor el hecho de una creciente deshumanización tecnológica y la desvitalización tanto física como psicológica de los individuos.
Sin embargo, Internet ha hecho posible un abanico inmenso de posibilidades de conocimiento antes impensadas, como son las Bibliotecas Virtuales, los estudios en línea, la visita guiada a museos del mundo, y un largo etcétera. En la dimensión de discernimiento, antes anotada, cabe mencionar, como lo hace Segura, que el desafío de las futuras generaciones y la actual presenta un reto de formación moral de todos, o sea, a formar en criterios para seleccionar información, filtrar lo conveniente y volcar todos los datos en el mundo real y para provecho de la gente.
Ni duda cabe, además, que en esta faceta positiva es posible ampliar los horizontes de la evangelización en los cinco continentes. La Iglesia, consciente de la importancia que reviste el uso de las nuevas tecnologías promueve de igual manera portales, medios de comunicación, y acceso a educación teológica y religiosa de enorme valor para el mundo actual y las nuevas generaciones.
Quizás las críticas y los desafíos planteados desde la filosofía con valores cristianos sobre las nuevas tecnologías e Internet, se constituyen en un aporte indispensable para la educación que es preciso enseñar en las escuelas, las parroquias, los equipos pastorales, el diálogo ecuménico e interreligioso, etc.
Han transcurrido ya muchos años desde aquél documento y cabe mencionar el interés que ha suscitado en la filosofía contemporánea el uso de Internet y más extensamente las nuevas tecnologías. El profesor Armando Segura Naya, bajo cuya dirección se publicó la obra "Historia Universal del Pensamiento Filosófico", indica que el progreso tecnológico, en la medida que facilita la vida humana, la debilita. Segura, además argumenta que un progreso tecnológico sin fortaleza moral de la personalidad y de la responsabilidad, pilares de la libertad, se convierte en "tecnoadicción". Preocupa al precitado autor el hecho de una creciente deshumanización tecnológica y la desvitalización tanto física como psicológica de los individuos.
Sin embargo, Internet ha hecho posible un abanico inmenso de posibilidades de conocimiento antes impensadas, como son las Bibliotecas Virtuales, los estudios en línea, la visita guiada a museos del mundo, y un largo etcétera. En la dimensión de discernimiento, antes anotada, cabe mencionar, como lo hace Segura, que el desafío de las futuras generaciones y la actual presenta un reto de formación moral de todos, o sea, a formar en criterios para seleccionar información, filtrar lo conveniente y volcar todos los datos en el mundo real y para provecho de la gente.
Ni duda cabe, además, que en esta faceta positiva es posible ampliar los horizontes de la evangelización en los cinco continentes. La Iglesia, consciente de la importancia que reviste el uso de las nuevas tecnologías promueve de igual manera portales, medios de comunicación, y acceso a educación teológica y religiosa de enorme valor para el mundo actual y las nuevas generaciones.
Quizás las críticas y los desafíos planteados desde la filosofía con valores cristianos sobre las nuevas tecnologías e Internet, se constituyen en un aporte indispensable para la educación que es preciso enseñar en las escuelas, las parroquias, los equipos pastorales, el diálogo ecuménico e interreligioso, etc.
sábado, 12 de enero de 2019
El Síndrome FOMO
aquí estoy", "existo", "por favor mírenme, estoy publicando"
Por: Martín Michel Rojas Rojas | Fuente: Catholic.net

Por: Martín Michel Rojas Rojas | Fuente: Catholic.net

“La curiosidad mató al gato”,
y en este caso, el morbo por estar informado segundo a segundo del
mundo y de la vida privada de los amigos, mató la tranquilidad de toda
persona conectada a la red, que en la mayoría de los casos, surge de la
necesidad desenfrenada de gritarle a la sociedad, “aquí estoy”,
“existo”, “por favor mírenme, estoy publicando”.
FOMO por su significado en ingles "Fear Of Missing Out"
es el fenómeno social y patología en potencia que los usuarios del
smartphone tienden a desarrollar por el miedo a quedarse fuera del flujo
de información constante y en tiempo real que va surgiendo en el mundo
virtual, además de poder sentirse a la vanguardia y manejar sus vidas a
la velocidad con la que funcionan las adictivas redes sociales como
whatsapp, Facebook, twitter e instagram.
Sin
embargo, el hombre tiende a olvidar que la palabra “ansiedad” significa
“malestar”, y que sus vidas guiadas al ritmo del internet y su
información merman su salud visual, afectiva y fisiológica. En primer
lugar el daño a la vista ante el exagerado tiempo que pasa en la
pantalla, ya sea laptop, tableta o celular, la retina se ve expuesta a
una intensa cantidad de luz y al esfuerzo constante que realiza al
adaptarse al tamaño de las tipografías de los mensajes, sin mencionar la
radiación que indirectamente provocan las nuevas tecnologías.
En un
segundo lugar, la afectividad se ve afectada por el aislamiento social
que detona en la persona, ya que ahora lo único que le importa es el
universo virtual e idóneo que construyó, llenando vacíos de una forma
errónea, evitando la interacción y conversaciones cara a cara, fenómeno
que se le conoce popularmente como el ningunfoneo o phubbing,
que es el acto de ignorar a una persona y al propio entorno por
concentrarse en la tecnología móvil. Y en tercer lugar, la deformación
fisiológica que se va generando en el cuello al agacharlo de manera
prolongada a causa de escribir innumerables mensajes y mirar el teléfono
inteligente de esta forma, a esto también se le conoce como el Síndrome del Text Neck.
Un
estudio realizado por el Centro de Estudios Especializados en
Trastornos de Ansiedad en España, arrojó que el 56% de los usuarios de
las redes sociales padecen a menor o mayor grado el FOMO,
lo que los hace propensos a otro tipo de adicciones que se vinculan,
las cuales tendrán que ser tratadas por la profesión del siglo, “la psicología”,
ya que resulta ser una dependencia de 24 horas al celular, en donde
este permanece encendido en todo momento, satisfaciendo la necesidad de
sentirse conectado full-time, evidencia de nomofobia, el miedo irracional a dejar el celular en casa y esta sin el, malestar que se manifiesta con mayor frecuencia en jóvenes.
Actualmente
han surgido iniciativas que intentan ayudar a ir dejando de forma
gradual el origen de todas las adicciones, las cuales en su mayoría
inician en la interacción con las redes sociales, una de ellas es la
aplicación “Binky”, que funciona al igual que la interfaz de instagram
pero con la única finalidad de pasar el tiempo alejado de todo tipo de
noticias y fotos que puedan generar algún sentimiento que enganche al
usuario.
En
fin, tal parece que en un mundo de vacíos existenciales que llenar, la
respuesta fácil ha sido la tecnología mal empleada, la facultad por
“contar historias” falsas de una vida que no existe y una curiosidad que
antes de matar al gato, lo vuelve chismoso y adicto de su propia vida.
sábado, 5 de enero de 2019
Incómoda entrevista al ateo más famoso: Richard Dawkins
El problema no es la ciencia en sí misma, sino el querer forzarla y sacarla del lugar que le corresponde
Por: Daniel Bonifaz | Fuente: Catholic-link.com
Uno
de los elementos apostólicos más interesantes del video es la necesidad
que encuentra Dawkins de decir que el origen tiene que ser “explicable”,
es decir, someterse a un esquema racional humano. Él cree que esa
“inteligencia superior” tiene que ser un ser dentro del cosmos y que
pueda entrar en en los parámetros de nuestra razón. Desde esa
perspectiva, Dawkins no se está abriendo a la posibilidad de la
existencia de un Dios.
Aquí
voy a entrar a un tema muy complejo que viene desde el pasado y que ha
afectado nuestra cultura de manera muy decisiva. La idea que quiero
resaltar es que el problema no es la ciencia en sí misma, sino el querer forzarla y sacarla del lugar que le corresponde.
En
la época del Renacimiento, época de grandes conmociones en casi todos
los ámbitos de la vida europea, no parece exagerado decir que la
revolución de más largo alcance e influencia ha sido la revolución
científica o galileana.
La trascendencia del pensamiento de Galileo va
más allá de su teoría del heliocentrismo ya propuesto por Copérnico. El
explicar toda la realidad sensible desde una estructura matemática
provocó una vuelta del timón que dirigió a la cultura occidental hacia
la técnica y el dominio de la naturaleza con todas sus consecuencias
favorables y desfavorables.
Existen muchas leyendas negras sobre el caso de Galileo,
que por la extensión del texto, no vale la pena abordar aquí, solo me
parece interesante destacar que, en ese tiempo, había una cierta
maravilla por las ciencias naturales, pero a veces, salida de su foco.
Existía una afán de querer controlar la realidad sensible. Los hombres
utilizaban la ciencia para explicar incluso lo que va más allá de lo
físico, lo que no le correspondía, sino a una ciencia divina: la
teología. La naturaleza deja de ser un espejo de Dios que invita a su
contemplación y pasa a ser un objeto frente a un sujeto; una cosa que el
hombre puede dominar para utilizarla en provecho propio. Es decir, se
desacraliza la naturaleza (pierde el carácter de sagrado).
En
este sentido, al creer que se podía comprender todo el cosmos desde la
ciencia, se cambió de rumbo y se creyó que ésta era todopoderosa y que
podía manejarse en cualquier ámbito que desafíe lo racional. Y aquí
viene el siguiente punto que me parece interesante.
La creencia, paradójicamente casi religiosa, de que todo debe ser explicado por la ciencia.
Afirmación que no es para nada científica. ¿Qué evidencia tenemos en la
realidad de que todo lo real debe ser medible, verificable y someterse
al método científico? Justamente aquí hay una contradicción que Dawkins
no ha tomado conciencia. El tiene a la ciencia como una religión o
creencia: papel que no le corresponde.
La ciencia tiene su recta
autonomía, pero no podemos pretender que lo explique absolutamente todo
como si fuera una dios.
El hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad,
porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad,
no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella
fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos
satisface únicamente en la medida que queramos hacernos una ilusión. Y
la razón sin fe se queda incapaz de ofrecer una luz que nos abra el
misterio, estancado en meros cálculos, que explican el ¿cómo? el
¿dónde?, el ¿cuando? pero no explican el ¿por qué? ni el ¿Quien?
Ambas,
ciencia y fe, se necesitan mutuamente y son como dos alas que nos
llevan al conocimiento de la verdad como decía Juan Pablo II.
sábado, 29 de diciembre de 2018
Si nada nos llena ¿Qué lo hará?
Si eres de los que no puede quedarse en casa el finde, esto es para ti
Por: Jessica Ponce | Fuente: New Fire
Por: Jessica Ponce | Fuente: New Fire
Alguna vez te has preguntado ¿por qué festejamos?
Sinceramente
yo creía que el tema de las fiestas era algo muy latino (en mi caso un
mal de los mexicanos) y porque crecí con la idea de que no se necesita
una justificación para hacer fiestas.
Pero
esta semana me encontré con un libro titulado “La teoría de la
festividad” de Josef Pieper y al leer sus reflexiones acerca de la
naturaleza y origen de esta actitud humana, se me abrieron los ojos del
por qué hoy en día nuestras fiestas, noches de antro y paseos por los
bares, no satisfacen el sentido primordial de lo que las personas
deberíamos experimentar cuando decidimos festejar algo.
Te
voy a proponer 3 ideas de este filósofo que retoma a los clásicos como,
Santo Tomás de Aquino, San Juan Crisóstomo, Orígenes, Schopenhauer,
C.S. Lewis y hasta usa ideas de Camus y Nietzsche para desenvolver las
razones y causas de la actitud festiva en el ser humano.
Espero esta
terna te sea útil para una de dos cosas:
a) descubrir que no siempre es necesario festejar
b) el festejo tiene como fin encontrarse con Dios
b) el festejo tiene como fin encontrarse con Dios
Empezaré por el segundo punto. En efecto yo nunca creí que iba a llegar a la conclusión de que una fiesta tiene mucho que ver con Dios.
Por lo general la comida, la música, la bebida, los postres y el
alboroto que se arma en casa de mis familiares no pareciera muy
“sagrado” que digamos. Pero Pieper propone que una celebración tiene
como fin el experimentar la alegría, que en su última instancia nos
conectará con Aquel que nos dio la habilidad misma de experimentar
felicidad.
Citaré unas líneas del libro para explicar el concepto de alegría del autor:
“La naturaleza de la alegría es ser un fenómeno secundario. Nadie puede
alegrarse en absoluto por causa de la alegría como tal […] Sin embargo,
el anhelo de [experimentar] alegría no es más que el deseo de tener un
pretexto para estar alegre. […] Y aún cuando la causa de la alegría
puede ser encontrada en mil formas concretas, siempre es la misma:
poseer o recibir lo que uno ama. Ya sea en el presente, lo que se
esperaba para el futuro, o recordaba del pasado. La alegría es una
expresión del amor. Alguien que no ama a nada ni a nadie, no puede
regocijarse, sin importar que tanto desee, o se le antoje, ser feliz. La
alegría es la respuesta de un amante que recibe lo que ama.” (Op cit p.
22 y 23)
Después
de esta definición de alegría, nos damos cuenta que el festejo per se
no llevará realmente a un estado de “regocijo”. ¿Te ha pasado que vas en
búsqueda del ruido y la fiesta sin sentido? ¿Has tenido ese sentimiento
después de las noches de parranda que aunque estabas en un lugar tan
saturado de gente, ruido y alcohol, regresaste solo y vacío a casa?
Felicidad o simplemente entretenimiento pasajero
Si
como propone este autor, llegas a la conclusión de que ser feliz
proviene de recibir algo que amas, entonces está muy difícil llenar el
corazón de simples COSAS. El shot de tequila, las fotos en redes
sociales, tu súper outfit de la noche, la servilleta con el teléfono de
la chica o chico que te encontraste en la fiesta… no acaban de llenar el
anhelo de felicidad de nuestros corazones porque, aún cuando son cosas
concretas que nos emocionan, al final solo nos evocan emociones
momentáneas que no satisfacen el anhelo de alegría verdadera.
Si nada nos llena… ¿Qué lo hará?
Este
filósofo propone algo muy semejante a lo que decía Santo Agustín
. Solamente cuando se tiene presente a Dios en la ecuación del
festejo se consigue satisfacer el deseo de alegría. Ya se hacía antes
que los festivales o festejos siempre iban en torno al calendario de los
santos, al ciclo de las cosechas o de acuerdo a los momentos
importantes de la maduración de las personas. Si reconocemos la bondad
de Dios y con ello justificamos las causas por las que festejamos, capaz
no quedaremos con mal sabor de boca después de andar de fiesta.
Inténtalo la próxima vez que organices algo con tus amigos, festeja la
vida de alguien que amas con buenas conversaciones, compartiendo comida
que cocinaste en casa… y puede que el regalo no solo sea para el
festejado, sino que la felicidad se comparta entre todos los presentes.
Por último, el primer punto de la discusión:
No
siempre es necesario festejar. Es sencillo confundir un día de descanso
(fin de semana largo) donde por el simple hecho de no ir a trabajar o a
la escuela, creas que se necesita hacer fiesta.
Guarda tus
momentos de alegría para cuando sean necesarios. Como dije, antes era
más fácil identificar estos hitos de la vida personal o comunitaria
porque se vivía más en sintonía con los ciclos naturales y en
observancia de las festividades cristianas… pero ahora que estamos tan
secularizados, piensa en qué causas merecen la inversión de tu energía
canalizada al festejo.
No
pretendo que después de esto te vuelvas como algunos protestantes que
no tocan una copa de vino y evitan a toda costa juntarse con personas
que siquiera se atreverían a bailar. Pero sí a que reflexiones en esta
propuesta de Pieper para identificar tus propias razones para buscar la
fiesta. ¿Será que anhelas saciarte de ese sentimiento? ¿No puedes
quedarte solo en casa el fin de semana? Cualquiera que sea tu
conclusión, trata de buscar momentos de festejo donde las causas sean
impulsadas por el amor.
Reuniones y momentos en los que
compartas con otros que estén celebrando algo que realmente aman,
inténtalo por al menos un mes y cuéntanos cuál fue tu experiencia.
martes, 25 de diciembre de 2018
NAVIDAD eres tú 2018
¿Qué es la Navidad?
La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.
sábado, 22 de diciembre de 2018
¿Existen los pecados ancestrales?
¿Es católica la oración de sanación del árbol genealógico?
Por: Redacción | Fuente: TeologoResponde.org
Por: Redacción | Fuente: TeologoResponde.org
Pregunta:
¿Existen los pecados ancestrales? ¿Es católica la oración de sanación del árbol genealógico?
Respuesta:
En
algunos sectores de la Iglesia Católica, sobre todo en grupos de tipo
carismático, se ha difundido mucho la práctica de la oración, el rosario
o las misas de “sanación del árbol genealógico” o “sanación
intergeneracional”, que suscita grandes adhesiones, por un lado, y duras
críticas por otro. Lo cuenta Luis Santamaría, integrante de la Red
Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), en el portal Aleteia.
La
Asociación Internacional de Exorcistas ha trabajado este tema en su
congreso celebrado en Roma en septiembre de 2018, de la mano del
sacerdote mexicano Rogelio Alcántara, a quien se le pidió un estudio
exhaustivo sobre el asunto. Alcántara es doctor en Teología y director
de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Arquidiócesis de México.
Resumimos aquí su intervención.
Unos males supuestamente heredados
El
autor resume así la idea que está en la base de la sanación
intergeneracional: “los males que padecen actualmente las personas
(males psíquicos, morales, sociales, espirituales y corporales) tienen
una causa en sus antepasados. La persona actual sería como el último
eslabón de una cadena, por donde van pasando los males que llegan a
ella”. ¿De dónde vendrían estos males? De un triple origen: las malas
inclinaciones de los antepasados, sus pecados, y las maldiciones
lanzadas sobre sus descendientes. Lo que llevaría a la persona a tener
“inclinaciones y tendencias a determinados males” o “ataduras
ancestrales” muy fuertes.
La
solución propuesta al creyente por algunos sacerdotes y grupos
dedicados al ministerio de sanación y liberación sería “sanar su árbol
genealógico con prácticas religiosas y oraciones específicas que puedan
cortar esa nefasta ‘herencia’ que se ha recibido de los antepasados”,
logrando la liberación propia y el perdón de los ancestros. Para ello se
realizan unos ritos que implican asumir “nuevos conceptos como:
transferencia, influencia, maldición intergeneracional, herencia
ancestral, pegajosidad, sanación del árbol genealógico, etc.”.
¿De dónde viene esta teoría?
Después
de ofrecer citas significativas de varios autores que sostienen esta
idea, el padre
Alcántara afirma que no podemos encontrar ningún autor
católico que haya enseñado la doctrina del “pecado ancestral” antes de
la segunda mitad del siglo XX, por lo que “es una ‘doctrina novedosa’,
inventada, que representa un grave peligro para los que quieren aceptar
la revelación divina tal como nos la presenta la Iglesia Católica”.
Esta
teoría, según el sacerdote mexicano, “apareció por primera vez entre
los protestantes por inspiración pagana. Un misionero protestante, Kenneth McAll,
es quien dio el impulso a la práctica de ‘sanar’ el árbol genealógico
hasta convertirlo en un movimiento”. Además, estas ideas tampoco tienen
ningún fundamento filosófico ni científico. De hecho, el padre
Alcántara
apunta que “el supuesto fundamento filosófico del llamado daño
ancestral es muy semejante a lo que popularmente se conoce como el
‘karma’, idea procedente de la religión hinduista”.
Por
supuesto, la doctrina del pecado ancestral tampoco tiene fundamento
teológico alguno, aunque sus defensores “tratan de justificar su
aplicación del ‘karma’ a la teología cristiana basándose en las ciencias
psicológicas, especialmente en Carl Jung”. O incluso llegan a citar la
doctrina católica del pecado original, sin fundamento.
Pero… ¿no aparece en la Biblia?
La
idea de pecados de los antepasados que influyen en la vida de las
personas aparece en varios pasajes del Antiguo Testamento, que Rogelio
Alcántara detalla y analiza para demostrar que la correcta
interpretación de esos textos implica leerlos en su contexto,
entendiéndolos “en un progreso pedagógico de la revelación, que llega a
su plenitud en Cristo, quien nos enseña el auténtico concepto, por
ejemplo, de castigo y misericordia divina”.
Precisamente
es la misericordia de Dios el tema que se subraya en los textos
bíblicos, la respuesta divina al pecado del ser humano. Por otro lado,
hay textos en el Antiguo Testamento en los que se pone de manifiesto
“que cada quien cargará con su culpa y las consecuencias de su pecado”,
es decir, que “se subraya la dimensión personal del pecado”.
De
manera que en el Antiguo Testamento “hay ya una nítida aclaración de la
relación entre las consecuencias del pecado y la culpabilidad
personal”. Algo que queda confirmado por las palabras de Jesús en los
evangelios, como cuando responde a los que le preguntaban si un ciego lo
era por sus propios pecados o por los de sus padres. Por eso, el
sacerdote afirma que “a partir del análisis de los textos de la Sagrada
Escritura podemos concluir que la ‘doctrina’ del llamado ‘pecado
ancestral’ y la llamada ‘oración de sanación del árbol genealógico’ no
tiene fundamento en la Revelación sobrenatural”.
Distinción entre influencias, pecados y maldiciones
El
paso siguiente en la reflexión es aclarar los términos que se usan y
distinguirlos. En primer lugar define la influencia intergeneracional
como “todo elemento que altera o determina la forma de pensar o de
actuar de alguien de una futura generación”. La influencia de una
generación a otra existe, es algo natural, se da por cuestiones
ambientales o de convivencia (como la educación humana o religiosa, el
buen o mal ejemplo, etc.).
En
segundo lugar aclara categóricamente con fundamento en la revelación
que los llamados pecados intergeneracionales o ancestrales –entendidos
como pecados que se transmiten de una generación a otra– no existen,
porque el pecado es un acto libre, cuyas consecuencias por trasgredir la
ley divina: culpa y pena son personales y por tanto intransferibles. El
padre Alcántara reitera que “si por pecados ancestrales se entienden
los pecados de los antepasados que se transfieren a la actual
generación, éstos no existen, pues el único pecado que puede
transmitirse por vía de la generación es el pecado original”.
Y
añade que “si por pecados ancestrales se entiende simplemente los
pecados que cometieron nuestros antepasados y que no se trasmiten a las
actuales generaciones, podría aceptarse la expresión. Sin embargo, por
prestarse a confusión y por correr el riesgo de que se interprete en el
primer sentido, es mejor evitar el vocablo”. Los pecados de un
antepasado no pueden predisponer al pecado al descendiente, sólo
“podrían influir naturalmente (ambientalmente) a modo de ejemplo en las
personas cercanas al pecador, pero no pueden predisponer a nadie al
pecado”. Los pecados se repiten en las familias, sobre todo, por el mal
ejemplo.
¿Tienen efecto las maldiciones?
En
este punto, el teólogo mexicano vuelve a la cuestión de “las
maldiciones que se hacen como petición al demonio” para que una persona
quede privada de algún bien. Después de analizar los distintos tipos,
aborda su efectividad: “quien maldice puede simplemente desear el mal
del otro, pero el puro deseo humano no tiene poder para causar daño
alguno.
La maldición podría tener efecto cuando quien la lleva a cabo
pide el mal para otro” –ya se lo pida a Dios o al demonio–.
Dado
que Dios no responde a una petición que busque el mal de otra persona,
los únicos que podrían acceder a cumplir las maldiciones son los
demonios. ¿Y cómo es posible?
Alcántara responde: “por un misterio
–incomprensible muchas veces para nosotros– Dios permite actuar a su
enemigo causando daños a sus creaturas humanas, de orden físico,
psicológico o espiritual para su conversión y salvación”. Avanzando…
¿cuál es el alcance de una maldición o de la brujería en el tiempo?
Según el autor, un hombre puede maldecir a sus descendientes, pero sólo a
los vivos, pues no tiene bajo su potestad a los que no han sido
concebidos.
¿Qué peligros hay?
Para
terminar, el sacerdote mexicano afirma que “las llamadas misas (u
oraciones) para sanar el árbol genealógico no son parte de la doctrina y
liturgia católica… ni en la Revelación, ni en los Santos Padres, ni en
la historia de la teología católica hay un solo ejemplo de que ésta sea o
haya sido enseñanza católica”.
Basándose
en un documento de los obispos franceses, explica que “la llamada
oración de sanación del árbol genealógico lleva a la persona a buscar
las razones de su sufrimiento fuera de sí misma. Lo cual a su vez impide
que haya un verdadero proceso de ayuda psicológica que podría sanar al
individuo. Por lo tanto, las ‘misas’ que se celebran con esta intención
representan más un peligro psicológico para los fieles que una ayuda”.
Y,
por último, subraya que “estas misas desvían la caridad que deberíamos
tener hacia nuestros seres queridos difuntos. En efecto, en lugar de
ofrecer misas por ellos, pedimos misas para nosotros, en cuanto que
queremos que sus pecados dejen de afectarnos en esta vida”.
| Este artículo fue publicado por nuestros aliados y amigos: Con información de Aleteia y Infories (Nº 630, 7 de dic. 2018) |
Suscribirse a:
Entradas (Atom)