sábado, 25 de enero de 2020

Progreso, verdad y dignidad humana

Hablar de progreso es posible desde una perspectiva en la cual podemos distinguir entre situaciones consideradas como peores y otras vistas como mejores. Pasar de las primeras a la segundas sería progresar.

Por: Fernando Pascual | Fuente: Analisis y Actualidad




El tema del progreso atrae. En parte, porque es grande el deseo de mejoras. En parte, porque buscamos comprender hacia dónde vamos para orientar correctamente las decisiones presentes y futuras.


Hablar de progreso es posible desde una perspectiva en la cual podemos distinguir entre situaciones consideradas como peores y otras vistas como mejores. Pasar de las primeras a la segundas sería progresar.


Si hablamos de progreso, también habría “regreso”, o retroceso, cuando pasamos de lo mejor hacia lo peor. En ese sentido, diversos autores hablan de la decadencia de los pueblos o de las civilizaciones.


Las discusiones surgen a la hora de identificar los criterios según los cuales distinguir entre peor y mejor, entre proceso y retroceso, entre esplendor y decadencia.


Hubo progreso en la tierra cuando se descubrió y se difundió industrialmente el plástico? 

Hubo progreso cuando se aprobó el aborto en tantos países? Hubo progreso cuando explotaron bombas atómicas en dos ciudades japonesas durante la Segunda Guerra Mundial?

Por eso resulta tan importante, a la hora de buscar respuestas, individuar una serie de parámetros válidos que permitan distinguir entre progreso y retroceso. Uno de esos parámetros, por desgracia no aceptado por algunos, radica en el grado de respeto que exista hacia la dignidad humana.


El respeto a esa dignidad nos permite declarar como progreso aquellos cambios que promueven tal respeto, mientras que habría retroceso, incluso a veces grave decadencia, cuando se inician cambios que van contra la dignidad de algunos.


Aquí surgen nuevas discusiones, pues para varios autores no todos los seres humanos tienen la misma dignidad. Basta con leer libros que defienden el aborto para ver con qué pasión algunos consideran que los embriones humanos no tienen el mismo valor que reconocen a los adultos.


El mundo necesita tiempo para una seria discusión sobre estos temas, con una mente abierta y reflexiva, capaz de identificar la verdad sobre el ser humano y sobre el sentido de su existencia.


Sólo desde esa discusión seremos capaces de identificar cuándo una sociedad ha escogido el camino del fracaso y del retroceso, y cuándo esa sociedad ha puesto en marcha opciones que respetan a cada ser humano en su dignidad y que, por lo tanto, promueven un progreso auténtico y justo.

sábado, 18 de enero de 2020

¿Qué pensar y hacer ante la muerte?

¿Morir es simplemente parte de la vida?


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net




Si morir es cambiar de vida, de la terrena a la eterna, vale la pena pensar en ello, no evadirlo de la mente. Digamos primero que fallece un ser querido o cercano, y nos entristecemos. 

Con muy comprensible razón. Somos humanos y esta es la vida que conocemos; estamos acostumbrados a convivir o saber con vida a otras personas de nuestro amor o entorno. Y cuando alguien así fallece, sentimos de cerca el fenómeno de morir, y rezamos por ellas, por sus almas y por los corazones de quienes han perdido a un ser querido. Y eso está bien.


Generalmente no es igual cuando pensamos en que a diario mueren muchas personas lejanas a nosotros, y entre ellas quienes consideramos no deberían morir, es decir que no estaban enfermas graves, por ejemplo. Pero por homicidios, errores médicos o descuidos o por accidentes mueren personas. Y en general, eso nos hace pensar que morir es simplemente parte de la vida, y quizás ni se nos ocurra una oración por ellas. Y esto no está bien.


Si muere alguien de buena voluntad, de esas almas que ama el Señor, juntos a nuestras oraciones está la sensación de que dicha persona ya está mejor, no sufre, ha sido recibida en el cielo. Y en nuestra tristeza de no tenerla ya cerca, tenemos como creyentes un consuelo: ya está con Dios. Y oramos por quienes se quedan o quedamos sin ella, y por más frases pensadas y dichas de que en otra forma, ya no visible, nos acompaña, no resulta por esos tristes momentos de mucho consuelo para nosotros.



Cuando quien sufre alguna grave enfermedad, a veces terrible, o está en situaciones de peligro mortal, muere, nos consuela que ha dejado de sufrir, y que además, ha ido al Señor a recibir su justo premio por las buenas obras que haya hecho en vida, esas que cuentan muy por arriba de las faltas y pecados. La justicia divina está hecha de amor.


Pero hay otras cosas que hacer cuando alguien muere, al detenerse sus signos vitales o está en agonía. Y ambas tienen que ver con la oración. 

Veamos. Alguien acaba de morir, o al menos eso se piensa cuando cae en el llamado paro cardiorrespiratorio. La realidad es que aún no ha muerto, la vida se le está acabando y eventualmente puede volver, como cuando los médicos logran recuperar el latido cardiaco y la respiración. ¿Qué orar entonces? Pues podemos pedir al Señor que le conceda el arrepentimiento de lo pecado, que pidan su gracia y el perdón, justo antes de caer en la muerte cerebral.


Cuando una persona cae en ese paro cardiorrespiratorio, no sabemos si está consciente su mente o no, solamente vemos que “duerme”, que no habla, pero la experiencia médica nos ha mostrado cómo “el muerto” o quien permanece en estado de coma, que no se pueden comunicar, sin embargo pueden tener la posibilidad de pensar, así que bien podemos pedir, como he dicho, que Dios le conceda en don del arrepentimiento final y la petición del perdón, y Él lo escucha.


De hecho, el suicida puede estar en este caso, de que al momento de morir pida a Dios perdón por quitarse el inmenso don de la vida, arrepentido, demasiado tarde para detener su muerte. Pidamos entonces por quienes están en el proceso fatal del suicidio.


Ante un caso de agonía, con mayor razón podemos pedir eso al Señor, que al agonizante le conceda el don del arrepentimiento y la petición del divino perdón. Es lo mejor que puede pasarle a su alma, encomendarse a la misericordia de Dios, para llegar perdonado a su presencia en la otra vida, a ser juzgado por lo que hizo u omitió hacer conforme a los mandatos divinos.


Y algo más: así como oramos por “nuestros” difuntos, debemos orar por los “otros” difuntos o moribundos, sobre todo porque muchos mueren sin que nadie o casi nadie pidan a Dios por su eterno descanso en su presencia. “Que en paz descanse” es una frase muchas veces hueca, de cortesía, pero debemos sentirla y decirla con intención de que el Señor le lleve a su seno y no al castigo eterno que Él mismo nos ha mencionado.


Así como oramos por las almas de los fieles difuntos, pidiendo para ellos la luz perpetua, recemos por los agonizantes, por los que por la razón que sea están a punto de morir o están muriendo. Dios escuchará y les concederá lo que pedimos. Y pensemos también que moriremos, y demos buen, profundo sentido a todas esas oraciones que incluyen una frase como “…y en la hora de nuestra muerte”, del Ave María. Cada alma que ha llegado al cielo en parte al menos por nuestras peticiones por su buena muerte, será un intercesor nuestro, por nosotros y por quienes son nuestros seres amados. Amén.

viernes, 10 de enero de 2020

¿Qué es la felicidad?

¿Cuál es nuestra idea de la felicidad? ¿Existe realmente?

Por: Solange Paredes | Fuente: Catholic-link.com




¿Qué es la felicidad? ¿Dónde está? ¿Cómo se consigue? 



 La humanidad ha estado detrás de estas preguntas desde el despertar de la vida del hombre, como especie y como individuo. 

De ahí que la mayoría de nuestras decisiones -si no todas- vienen dictadas por un anhelo profundo de felicidad, ya sea inmediata: diversión; o de largo plazo: realización personal. 

Al respecto, el Papa Francisco usa un ejemplo bastante simple:  

Si yo debo hacer las tareas del colegio y no las hago y me escapo…es una elección equivocada. Y esa elección será divertida, pero no te dará alegría”.


Existen 4 tipos de felicidad.

 El primero es el Placer. 

 Éste nos da una sensación de felicidad inmediata y efímera. 

Es una experiencia fundamentalmente sensorial que puede ser satisfecha con cosas materiales y que se encuentran netamente en el exterior. 


El segundo tipo es la felicidad Ego-comparativa, es decir, la ilusión de felicidad que te da el saberte o creerte mejor que los demás o por lo menos que la gente te perciba como mejor: el ya conocido efecto Facebook.



Ciertamente, estos 2 primeros tipos de felicidad son los que las empresas, la publicidad, redes sociales y en general, la sociedad nos vende. 


Y en realidad, tenemos que estar conscientes que son modelos defectuosos -en extremo- de felicidad, puesto que son en esencia transitorios y vacíos. 


Ya son varios los ejemplos de gente exitosa, con fama y dinero que encontraron el placer y la complacencia de creerse superiores y que terminaron deprimidos, sumidos en la droga, quitándose la vida. 


Para la Iglesia, sin embargo, esto no resulta extraño pues ya nos ha sido revelado que: 

“Nuestro deseo natural de felicidad es de origen divino. Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el Único que lo puede satisfacer”. (CIC 1718).



Teniendo esto en cuenta, llegamos al tercer y cuarto tipo de felicidad: 


Contributiva y Trascendental, respectivamente. 

La felicidad contributiva es aquella que sentimos al hacer algo por alguien y marcar la diferencia en su vida. 

Desde grandes acciones, como aquellas que hacen los misioneros en lugares alejados o el hacer voluntariado en tu comunidad, hasta “pequeños” actos de misericordia: visitar al enfermo, dar buen consejo al que lo necesita, entre otros, generan en nosotros un sentido mucho más profundo y concreto de felicidad puesto que va más allá de nosotros mismos.


 El último y probablemente más sublime tipo de felicidad es la trascendental. 

Ésta tiene que ver con anhelos más elevados y que venimos buscando, conscientemente o no, desde que somos niños: Verdad, Justicia, Belleza, Amor y sensación de Hogar


En efecto, éstos últimos son mucho más difíciles de encontrar, pero su sola búsqueda es ya motivo de alegría.
“Claramente, vivir el Evangelio -con todos los desafíos que eso representa, pero ayudados por la gracia- es un camino a la felicidad plena pues nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana […]


ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor”. (CIC 1723).

El beato John Henry Newman, nacido en Inglaterra en el siglo XIX, escribe al respecto con palabras que tienen la frescura de hoy:


El dinero es el ídolo de nuestro tiempo.

A él rinde homenaje instintivo la multitud, la masa de los hombres.

Estos miden la dicha según la fortuna y, según la fortuna, la honorabilidad […]

Todo esto se debe a la convicción […]

de que con la riqueza se puede todo. La riqueza, por tanto, es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro […]

La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa),

ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración.
Al leer estas líneas, es imposible no pensar en tantos participantes de reality shows y otras “celebridades” que hoy día en nuestros países están dispuestos a cualquier cosa y ser protagonistas de cualquier escándalo con tal de tener un poco de prensa, de fama, de atención que viene suscitada por esta sed instintiva de felicidad. 


Más aún, si pensamos en ejemplos más cercanos, seremos capaces de identificar a amigos e incluso a nosotros mismos compartiendo cosas privadas y/o fuera de lugar en nuestras redes sociales solamente para tener un “like” más o un “retweet” que al fin y al cabo se traduce en la búsqueda de sentirnos aceptados y reconocidos.


 ¿Es que acaso estas actitudes no reflejan un anhelo insondable del amor de Dios y de la felicidad que su saciedad significaría?


San Agustín supo reconocer esta ansia de felicidad cuando se preguntaba: “ 

¿Cómo es, Señor, que yo te busco? 

Es porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz. 

Haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de Ti (Confesiones, 10, 20, 29).
En el evangelio, camino hacia la felicidad plena, las bienaventuranzas ocupan el centro de la predicación de Jesús.

Esto no es una mera coincidencia pues mediante el sermón de la montaña, Jesús quiere iluminar nuestra búsqueda de la felicidad con la paradoja de las bienaventuranzas.

En ellas se invierten los criterios del mundo pues se ven las cosas en la perspectiva correcta, esto es, desde la escala de valores de Dios.

Precisamente, los que según los criterios del mundo son considerados pobres y perdidos son los realmente felices: Jesús llama dichosos a los que tienen espíritu de pobre, no porque seamos juzgados por nuestro estatus socioeconómico pues sabemos que hay pobres con espíritu de avaricia.

Sino que Jesús los llama felices porque habrán encontrado que su felicidad no está en lo material, en la satisfacción de sus placeres ni en creerse mejor que lo demás.

Aquellos con espíritu de pobre son dichosos puesto que habrán encontrado su felicidad en la solidaridad, la ayuda a los demás y en el caminar al lado de su Salvador.

Y aunque muchas de las promesas de las bienaventuranzas parecen comenzar en el más allá,

«cuando el hombre empieza a mirar y a vivir a través de Dios, entonces ¡ya ahora! algo de lo que está por venir está presente»”.
Benedicto XVI

Para terminar podemosafirmar que el primer paso para encontrar la felicidad es saber qué tipo de plenitud estoy buscando. 


Escuchemos a Santo Tomás de Aquino que ya nos da la respuesta: “Solo Dios sacia”.

sábado, 4 de enero de 2020

La Fiesta del Pésaj o Pascua Judía

Pésaj es la primera y más importante fiesta del calendario judío; comienza el día de Nisán, y se celebra durante siete día


Por: Hna. María del Cielo | Fuente: www.dialogoreligioso.org




Pésaj es la primera y más importante fiesta del calendario judío; comienza el día de Nisán, y se celebra durante siete días (ocho en la diáspora), de los cuales el primero y el último son días de reposo, y en los que está prohibido el trabajo cotidiano. En ella se festeja la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto obrada por Dios a través de Moisés.


A) Pesaj: Su aspecto histórico

En el libro del Éxodo se relata la vocación de Moisés, elegido por Dios para salvar a su pueblo. (Ex 6). Dios envía a Moisés ante el Faraón para que deje partir a su pueblo al desierto para darle culto. (Ex 5,3)

Los egipcios no permitieron a los hebreos salir de sus dominios a celebrar la fiesta, a pesar de las señales que Dios le daba al Faraón por medio de las distintas plagas.

Entonces Dios dio instrucciones a Moisés para que la comunidad realice el sacrificio de pascua: al atardecer se matará un cordero o cabrito de un año, macho y sin defecto; se rociará con su sangre las jambas y el dintel de la puerta de sus casas; de noche se comerá la cena de la liberación: cordero y pan ácimo (los pies calzados, ceñida la cintura y un bastón en la mano, en plan de marcha desde aquella tierra de esclavitud hacia otro país de libertad).

Más tarde, el Señor, que herirá de muerte a los primogénitos de los egipcios, pasará de largo o se saltará las puertas de los hebreos, marcadas con la sangre del cordero. De allí el significado del término Pésaj que significa “saltear”, “pasar por encima”, ya que el ángel de la muerte enviado por Dios “salteó las casas de los hijos de Israel” (Ex 12, 27) preservando a los primogénitos hebreos.

A pesar de que existen discrepancias al respecto entre los estudiosos, generalmente se acepta como época de esta salida de Egipto la segunda mitad del siglo XIII a.C, en tiempos del faraón Ramsés II. Con éste, entonces, habría tenido Moisés sus gestiones para obtener la liberación del pueblo de Israel sometido a trabajo de esclavos, tratativas reforzadas cada vez por una nueva plaga que sobrevenía a Egipto, porque el rey se negaba a concederles la libertad. Hasta que con la décima y última, la muerte de los primogénitos, el monarca ordenó en horas de la noche que los hijos de Israel abandonaran su país de inmediato. (Ex 12,31).

Esta salida de Egipto se menciona innumerables veces en la Biblia, en las plegarias y en las tradiciones judías. También en las palabras iniciales de los Diez Mandamientos o Decálogo, Dios se presenta al pueblo de Israel anunciándole que “Yo soy el Eterno tu Dios, que te he sacado de Egipto, de la casa de los esclavos” (Ex 20,2 y Deuteronomio 5,6), vinculando su identidad con este éxodo. De allí la importancia de esta Fiesta.


B) Elementos básicos: El sacrificio del Cordero y los panes ácimos

La costumbre de ofrecer sacrificios a Dios, se remonta a etapas anteriores a la estancia de los hebreos en Egipto. Es mediante este acto que el hombre reconoce su dependencia de Dios.

Así, el Libro del Génesis, relata la oblación hecha por Caín de los frutos de la tierra, y de Abel, de los primogénitos de su rebaño (Gen. 4, 3-4); a Noé que ofreció holocaustos sobre el altar después del diluvio (Gen.8,20); también a Melquisedec sacerdote del Dios Altísimo que presenta a Dios pan y vino (Gen.14,18); a Abraham cuando sacrifica el cordero en lugar de su hijo Isaac (Gen 22,13), etc.

Pero en el contorno del éxodo, el sacrificio del cordero y los panes ácimos, adquieren una nueva significación que tendrá su culmen en el sacrificio de Jesucristo por los pecados del mundo, cual Cordero sobre el ara de la Cruz.


* El cordero pascual

La víctima debía ser "macho" (considerado la fuente de vida), "sin defecto" (a fin de que sea aceptable a Dios), "de un año" (primicia), "lo guardaréis" (la separación del rebaño como señal de santificación). (cf. Ex 12,5-6).

En lo sucesivo, el sacrificio del cordero de Pésaj se siguió celebrando cada año, en recuerdo de aquel ofrendado en Egipto. (cf. Ex 12,14).

Con la destrucción del Templo de Jerusalén, cuando forzosamente quedó abolido el culto de sacrificios en el pueblo de Israel, dejó de celebrarse el rito del cordero pascual. Solo queda hoy un recuerdo simbólico del mismo, el trozo de hueso con carne asada que se coloca en al fuente alegórica de la noche del Séder.


* Los panes ácimos

A la repentina orden de salida se debe la tradición de los panes ácimos o Matzot, que también caracterizan a esta fiesta: el tiempo no alcanzó para cocer en los hornos el acostumbrado pan de cada día, sino que hubo que dejar la masa al sol para que se cociera al calor de éste. Resultaron unas galletas chatas y sin fermentar, en recuerdo de las cuales se come hasta el día de hoy, las tradicionales matzot de Pèsaj durante los siete (u ocho) días de fiesta.

Por lo tanto “los panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto.”[2] La Fiesta de los panes ácimos seguía a la de la Pascua, como se puede ver en Levítico 23,5.

Durante los siete días de la fiesta estaba prohibido comer pan con levadura, porque la levadura era símbolo de corrupción y del pecado.

También “en la fiesta de los ácimos estaba significado Cristo como Pan de vida, que no está sometido a la corrupción sino que, al contrario es germen de la vida eterna “pues el que come este pan vivirá eternamente”(Jn.6,58)” [3].


C) Tradiciones y preparativos de la cena pascual.


Copa y plato usado en Pésaj


En recuerdo de esta salvación de los primogénitos de Israel, posteriormente quedó establecido para estos un día de ayuno, taanit bejorim, en vísperas de Pésaj.

Pero este ayuno los primogénitos pueden evitarlo, si ese día estudian la parte final de algún tratado del Talmud: cada vez que se concluye un estudio semejante, ello da lugar a una comida festiva, en mérito de la cual puede levantarse el ayuno de la fecha.

Durante los días de la fiesta se evita el consumo de todo alimento fermentado o leudado (jametz). También los platos, cubiertos, tazas, ollas, etc.; usados durante todo el año se consideran jametz por el contacto que tuvieron con alimentos de ese tipo, y se los reemplaza por otros, especiales para Pésaj. O bien puede convertírselos en aptos para Pésaj, mediante un proceso especial de limpieza que se les aplica unos días antes de la fiesta.

* El Séder de Pésaj: Séder significa “orden” en hebreo, y con este nombre se denomina la cena festiva de la primera noche de Pésaj, debido al orden preestablecido que deben guardar todas las bendiciones, ceremonias, alimentos, bebidas, etc., de esa celebración.

Ya al iniciarse la cena, quien la preside tiene delante de sí, sobre la mesa, la keará o “fuente” con los símbolos del Pésaj. Entre ellos se destacan el maror o hierba amarga (generalmente un rábano picante que evoca la amarga vida de esclavos que los hijos de Israel vivieron en Egipto); el zeróa (un hueso con carne asada, en recuerdo del cordero que se sacrificaba en el Templo de Jerusalén); el jaróset (una mezcla de manzanas y nueces picadas y amasadas con vino, semejante a la pasta de ladrillos que elaboraba el pueblo judío en Egipto); el carpás (verduras que se mojan en agua salada antes de comerlas –símbolo de las lágrimas de los esclavos israelitas en Egipto, o bien de las aguas saladas del Mar Rojo-); un huevo (recuerdo de uno de los sacrificios de la fiesta) y jazeret, otra verdura más (que varía según las diversas costumbres).

Complementan la mesa del Séder tres mazot (panes ácimos) colocadas una encima de la otra (símbolo de los tres sectores del pueblo judío: los “sacerdotes” o descendientes de Aarón; los levitas, hijos de la tribu de Leví; e Israel, todo el resto del pueblo), una copa de vino especialmente reservada para el “profeta Elías”, de quien se cree que también llega simbólicamente a cada hogar judío para participar junto con los presentes de la noche del Seder, y finalmente las copas de vino para todos de las cuales se beberá, sucesivamente, cuatro veces a lo largo de toda la noche. Estas cuatro copas celebran la liberación de los hijos de Israel de la esclavitud de Egipto, que esta definida en la Biblia con cuatro verbos diferentes, cuando Dios la promete a los israelitas: “Os sacaré de los sufrimientos de Egipto, os salvaré de su esclavitud, os redimiré con brazo extendido…y os tomaré para Mí como pueblo”. (Éxodo 6,6-7).

* La Hagadá de Pésaj: La Hagadá o “Relato” de Pésaj es el texto tradicional que se lee en la mesa del Séder, como marco que rodea la cena festiva de esa noche.

La Hagadá contiene textos de muchas épocas diferentes, que van desde los tiempos bíblicos y la salida de Egipto al mando de Moisés pasando por la época del Talmud y la Edad Media, y llega hasta los tiempos modernos mediante un capítulo especial con el que muchos hogares judíos evocan en un momento del Séder también el Holocausto y la rebelión del guetto de Varsovia contra los nazis, iniciada en la primera noche del Pésaj del año 1943. También hay otras variantes de Hagadot modernas que agregan otras citas de la Biblia y de poetas hebreos medievales y modernos.


Imagen del texto de la Haggadá

El estilo de la Hagada de Pesaj, y su nombre mismo, están en consonancia con el mandato bíblico que dice: “Y le relatarás a tu hijo (la historia del éxodo de Egipto)” (Ex. 13,8).

Quien provoca el relato de esta noche es el menor de la familia, quien se dirige solemnemente a su padre para formularle las conocidas cuatro preguntas que empiezan con las palabras Má nishtaná, "¿En qué se diferencia (esta noche de Seder de otras noches del año)?” y con eso da lugar a que el padre le comience a contar toda la historia de la liberación del pueblo judío por obra de Dios.

* Shirat Haiam, el himno del Cruce del Mar: Para Pésaj se han establecido diversos fragmentos del Pentateuco como lectura de la Torá.

En las sinagogas de Tierra Santa se leen dos de ellos (en el primero y en el séptimo día de Pésaj, que son feriados). Y además hay una lectura especial para el sábado intermedio que suele haber en Pésaj.

De todas estas lecturas sobresale por su majestuosidad la del séptimo día, en la que se refiere la historia del éxodo de Egipto, y también figura el himno que los hijos de Israel cantaron al Señor después del milagroso cruce del mar (Éxodo 15,1-19).


Conclusión

En aquel cordero Pascual estaba prefigurado el Cordero de Dios Inmaculado que quiso sacrificarse en la cruz y se nos ofrece por alimento en la Eucaristía.

Como el Cordero Pascual libró a los israelitas del Ángel exterminador que traía la muerte, así Jesucristo nos rescató del poder del diablo y de la muerte eterna.

De ahí que en el Nuevo Testamento Jesús sea llamado “Cordero”: “He aquí el cordero de Dios, que lleva el pecado del mundo” (Juan 1,29); en otro pasaje dice: … “fuisteis redimidos, no con cosas corruptibles, plata u oro, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de Cordero sin tacha y sin mancha” (I Pe.18-19), (Hech.8, 32), etc.

“ El cordero, dice S. Cirilo, se entiende, según la ley, como un sacrificio puro e inmaculado; mas los cabritos son ofrecidos siempre en el altar por los pecados. Esto mismo lo encontrarás en Cristo. Pues El era también como un sacrificio inmaculado, que se ofrece a sí mismo al Dios y Padre en olor de suavidad (cf. Efe.5, 2) y que fue degollado como un cabrito por nuestros pecados. Después de inmolado manda untar con la sangre las puertas y el dintel de las casas (Ex. 12,7); con lo cual no quiere significar otra cosa, a mi parecer, sino el que fortifiquemos nuestra casa terrena, esto es, nuestro cuerpo, con la sangre adorable y preciosa de Cristo, apartando la muerte causada por la transgresión con la participación de la vida. Pues vida y santificación es la participación de Cristo”[4].

Afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: “Al celebrar la Última Cena con sus apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino”[5].

“…Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (I Cor.5, 7).

 


 



 
  • Notas:

    [1] Algunos datos de este artículo fueron extraídos del libro Fiestas y Tradiciones Judías. H. Haber. Ed. Aurora. Tel Aviv.

    [2] Catecismo de la Iglesia Católica. N. 1334

    [3] Mons. Straubinger, comentario a Lev.23,5

    [4] Acerca del sacrificio del cordero n.2, Textos Eucarísticos primitivos. Ed. BAC, pag. 360.

    [5] Catecismo de la Iglesia Católica, N. 1340.

miércoles, 1 de enero de 2020

Santa Misa en la festividad de María Santísima 2020-01-01



En la Basílica de San Pedro, Santa Misa presidida por el papa Francisco en la festividad de María Santísima, Madre de Dios, con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz

domingo, 29 de diciembre de 2019

¿Qué hacer cuando llega la aridez espiritual?

La única salida es cerrar los ojos y darle las manos a Jesús para ser guiados por él

Por: Felipe Aquino | Fuente: Cançao nova




Muchas veces podemos pasar por algún período de aridez espiritual, es decir, no tenemos ganas de rezar, se hace difícil ir a Misa, rezar el Rosario se hace pesado, etc. Incluso recibir la Sagrada Comunión se vuelve un sacrificio ante las dudas que pueden alcanzar nuestra alma. Hasta parece que el cielo desapareció.


¿Cómo vencer este estado espiritual en el cual parece que Dios está lejos y que nos falta fe?

 
Primero, es necesario verificar que esta situación no sea tibieza, esto se debería a nosotros mismos, nuestra culpa por no perseverar en el cuidado de la vida espiritual, y sobre todo, verificar que no haya pecados graves en nuestra alma, que puedan estar ahuyentando de la misma, la gracia de Dios.
 
Si no hay pecados en el alma, entonces, es necesario ante todo, calma, paciencia y perseverancia en los ejercicios espirituales: oración, vida sacramental, caridad, penitencia, etc. Aun sin ganas o sin gusto, sin sabor, continuar, sin parar los ejercicios espirituales jamás.

A veces, Dios permite estas pruebas para que aprendamos a “buscar más al Dios de las consolaciones que a las consolaciones de Dios”, como dice un santo. San Juan de la Cruz, místico que vivió tanto lo que dio en llamar de “noche oscura”, afirmó que “el progreso de una persona es mayor cuando la misma camina a oscuras y sin saber”

Muchas veces, nos deleitamos en las oraciones más sabrosas, llenas de fervor sensible,
como los niños, cuando comen dulces; pero cuando se viene la lucha, abandonamos la oración.


Veamos lo que dice el Apóstol:
 
“Habéis echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge. Sufrís para corrección vuestra. 

Como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Más si quedáis sin corrección, cosa que todos reciben, señal de que sois bastardos y no hijos. Además, teníamos a nuestros padres según la carne, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo!; mas él, para provecho nuestro, en orden a hacernos partícipes de su santidad”. (Hb 12,5-10)


Dios nos quiere santos, y también algunas veces, es por las pruebas y la aridez espiritual que Él arranca las hierbas dañinas del jardín de nuestras almas. ¡Coraje, alma querida de Dios! Jesús dijo que Él es la vid verdadera y su Padre, el buen agricultor, que podará todo ramo bueno que dé frutos, para que produzca aun más. (cf. Jn 15,1-2).


No podemos desear sólo el azúcar del pan y renegar del pan del sacrificio. A veces, la meditación es difícil, la oración es penosa, distraída, surgen las noches y las tinieblas. En esos momentos, es necesario el silencio, la paciencia, el abandono. El esposo ha de volver pronto… dentro de poco llegará la aurora y los fantasmas desaparecerán.


Cuanto más oscura se ponga la noche, más nos acercamos a la aurora. Dios sabe lo que estamos viviendo, ¡Alabado sea su santo Nombre! Llegó la hora de abandonarnos en sus manos paternas.


Ante las tribulaciones, algunos sienten el corazón como que de hielo, no sienten más amor por Jesús, pierden la piedad, se sienten condenados. ¡Qué desoladora confusión espiritual!
 
En momentos como estos, la única salida es cerrar los ojos y darle las manos a Jesús para ser guiados por Él en la fe; ¡confianza y abandono mi hermano! Sólo el Señor sabe el camino para salir de este matorral cerrado y oscuro.
Dios nos prepara para la contemplación por las pruebas pasivas, así nos enseñan los santos. Él las produce y al alma sólo le resta aceptarlas. Es el duro camino de los que quieren la perfección. Él está purificando el alma, el Cirujano Celestial está operando el alma.
 
San Juan de la Cruz habla de la famosa “noche de los sentidos”, llena de aridez y de pruebas, un verdadero martirio para el alma. Según el santo doctor, es Jesús quien llama al alma a caminar con Él por el desierto, aun quemándonos los pies y quemados por el sol, para santificarnos.


Calma, alma querida de Dios, ¡Él permite esto porque te ama mucho! El buen fuego no es el de pajas, alto, bonito, pero rápido, que enseguida se apaga, sino que es el fuego bajo el que llega hasta la leña gruesa y permanece por mucho tiempo. El fuego de paja es sólo para comenzar.
 

Es esto lo que ocurre, no te asustes, no te preocupes si es que el gusto por rezar desapareció y se volvió ahora un sacrificio penoso. La fe no es un sentimiento y mucho menos sentimentalismo; fe es la adhesión, con la mente, a Dios, a sus verdades y a sus determinaciones.
 

No te preocupes por “sentir” o no fe o devoción; sólo vívelas. Ve a Misa, al grupo de oración, reza el Rosario, con o sin ganas, con o sin sabor, con o sin sentimientos. De esta forma tendremos aun más méritos ante Dios.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

NAVIDADAD 2019











¿Qué es la Navidad?

La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad.

Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.

En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo.

Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

 Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir.

Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza.

 La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

 La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos.

 Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.

 Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor: San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente. San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron.

 San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.


 Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.