sábado, 26 de septiembre de 2020

Ser buena persona

 

¿Es mejor ser buena persona que creer en una religión?



Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



La frase aparece en muchos lugares, con variantes más o menos parecidas: es mejor ser buena persona que creer en una religión.

La frase muestra su complejidad cuando se la compara con frases parecidas que podrían ser elaboradas a su lado. Aquí algunas de ellas:

Es mejor ser buena persona que amar a la propia patria. Es mejor ser buena persona que tener un determinado carné de identidad. Es mejor ser buena persona que votar por izquierdas / por derechas. Es mejor ser buena persona que tener títulos universitarios. Es mejor ser buena persona que conocer lenguas. Es mejor ser buena persona que pensar autónomamente.

Cada una de esas posibilidades (y se podrían añadir muchas más) parecen contraponer el ser buena persona con algún modo de pensar o alguna característica propia de la gente.

En realidad, contraponer ser buena persona con la religión, o con propuestas políticas genéricas, o con el mayor (o menor) amor a la propia patria, resulta problemático.

¿Por qué? Porque parecería que la búsqueda de la bondad pudiera dejar de lado muchas otras cosas cuando en realidad es compatible con esas cosas, y en no pocos casos necesita a algunas de ellas.

Así, un hombre auténticamente religioso, que busca la verdad sobre Dios y sobre el modo de relacionarnos con Él, no solo sería buena persona, sino que incluso trabajaría en serio por mejorar en su vida personal y comunitaria.

Por lo mismo, no es correcto contraponer el ser buena persona con alcanzar otras calificaciones que son compatibles con la vida ética. Lo que sí resulta no solo correcto, sino también necesario, es analizar qué actividades y modos de pensar dañan la bondad de la gente, y cuáles la promueven y la conservan

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿La Biblia considera impuro a algún alimento?

 

Lo que entra por la boca no hace impura a la persona (Mt 15, 11)



Por: Monseñor Jorge De los Santos | Fuente: elpueblocatolico.com



La prohibición de consumir ciertos alimentos es algo habitual en la inmensa mayoría de las sectas. La dieta de las sectas no viene provocada por razones higiénicas o culturales, como es el caso del judaísmo o del islam, sino que es consecuencia directa de una política de sus dirigentes, encaminada a conseguir que el adepto adquiera una identidad claramente diferenciada. A ello se debe que haya prescripciones dietéticas en los mormones, los adventistas, los testigos de Jehová y en prácticamente todas las sectas orientalistas. Pocas cosas sirven mejor para marcar distancias que la diferencia en la dieta o en la manera de vestir.

El Antiguo Testamento no prohíbe a los no judíos ningún alimento: El Antiguo Testamento establece una diferencia evidente entre los hijos de Israel y el resto de la humanidad. Ciertamente, los primeros se hallan sometidos (a partir de Moisés) a una dieta que se ha denominado convencionalmente levítica, en la que no sólo entra en juego la prohibición de ciertos alimentos, sino también de ciertas formas de sacrificarlos y cocinarles.

Ahora bien, para el no-judío, o sea, el no adepto no existía ninguna obligatoriedad de guardar esas normas dietéticas. Como dice Dt 14,21, incluso podían comer animales que no habían sido sacrificados ritualmente y que, por tanto, resultaban impuros por estar sin desangrar.

Jesús declaró puros todos los alimentos: Pablo nos ha transmitido la clara convicción de la Iglesia primitiva de que Cristo había nacido bajo la ley y la había cumplido para rescatarnos de la misma: “Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gal 4,4-5).

Por lo tanto, el que Jesús cumpliera con las leyes dietéticas de la ley de Moisés está fuera de discusión; como también lo está el que ciertamente fue circuncidado y el que celebró las fiestas judías. Ahora bien, lo que sí es evidente es que Jesús se preocupó de marcar los senderos por los que discurrirá con posterioridad la Iglesia apostólica; y entre ellos se hallaba el de la emancipación de la ley de Moisés, que no tenía sentido teológico tras su venida.

 Que esto incluía abolir las distinciones entre alimentos puros e impuros se desprende de los mismos evangelios: “Luego llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchadme bien todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, cuando entra en él, pueda convertirlo en impuro. Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre. 

El que tenga oídos para oír que oiga». Y luego, tras retirarse de la gente, cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. Él les dijo: «¿Tampoco vosotros lo entendéis? ¿No comprendéis que todo lo que entra en el hombre desde fuera no puede hacerle impuro, porque no penetra en su corazón, sino en el vientre y va a dar en el retrete?» Así declaraba puros todos los alimentos. Y añadía: Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre” (Mc 7,14-20).

Los apóstoles enseñaron que los cristianos podían tomar todos los alimentos: “Al día siguiente, mientras iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la terraza para hacer oración. Le dio hambre y sintió deseos de comer algo. 

Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis y vio los cielos abiertos y una cosa que se asemejaba a un gran lienzo que descendía hasta la tierra, atada por sus cuatro extremos. En su interior había todo tipo de animales de cuatro patas, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come». 

Pedro respondió: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro». La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames profano». Aquello se repitió por tres veces e inmediatamente la cosa fue elevada hacia el cielo” (Hech 10,9-16).

La abstinencia y el ayuno, por otra parte, son sanas costumbres bíblicas practicadas en el Antiguo y Nuevo Testamento que seguimos los católicos a ejemplo de Jesús y los Apóstoles – durante la Cuaresma y a lo largo del año.

 



sábado, 12 de septiembre de 2020

Computadoras, programas y finalidades

 Los fines están en la mente y en el corazón de quien programa y de quien usa la computadora.



Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Una computadora hará miles de operaciones con rapidez y perfección. El programador lo sabe. Pero la computadora no se da cuenta.

¿Por qué? Porque darse cuenta de que uno actúa bien es posible cuando se alcanza un concepto sumamente rico: el de finalidad.

El fin es aquello por lo cual hacemos algo.

 Una misma operación puede tener varios fines según los deseos y los pensamientos de quien la realiza.

Así, comer tiene un fin espontáneo en el recuperar fuerzas, pero también puede servir para descansar, para disfrutar, para convivir con otros.

La computadora recibe instrucciones, "aprende" incluso caminos nuevos para realizarlas. Pero no sabe cuáles son las finalidades del programador ni del programa.

El mismo programa puede tener la potencialidad de mover un sofisticado aparato para curar a un enfermo o para montar las piezas de un cohete cargado con varias bombas atómicas.

Los fines están en la mente y en el corazón de quien programa y de quien usa la computadora

El aparato electrónico no puede protestar si es usado para un delito, ni alegrarse si ayuda a caminar a un niño inválido.

Desde luego, gracias a la precisión de la computadora el ser humano puede alcanzar metas que antes parecían imposibles. Pero el bien o el mal que esas metas posean no dependen del instrumento electrónico, sino de nosotros.

Las discusiones sobre la así llamada inteligencia artificial no pueden dejar de lado esta peculiaridad humana: la de prefijarse fines, y la de juzgarlos según las ideas del bien y del mal, de la justicia y de la injusticia, de la verdad y de la mentira.

Por eso, más allá de la ficción de quienes imaginan que un día las computadoras podrían ser más honestas que nosotros, necesitamos preguntarnos si los programas que elaboramos sirven para mejorar la vida humana, y si sabemos usarlos según criterios de justicia que resultan imprescindibles para convivir éticamente.

sábado, 29 de agosto de 2020

Teología para Milennials: «¿Pro-vida y pro-mujer?»

 En caso de violación, el aborto no «des-viola» a la mujer.


Fuente: Zenit.org



El padre Mario Arroyo Martínez ofrece hoy, en su artículo de “Teología para Millennials”, respuestas a una serie de dudas que pueden plantearse en torno al aborto, a la defensa de la vida, que no se contradice con la de la mujer.

En concreto, reflexiona sobre la cuestión del falso dilema de permitir abortar o no en los casos de violación y de la legalización de esta práctica como un asunto de “salud pública”, para evitar los abortos clandestinos.

El sacerdote mexicano aporta luces para resolver esas dudas y propone “ensalzar la maravilla de poder traer un ser humano al mundo, reconocer y premiar la maternidad, independientemente de las circunstancias; o dando ayudas cuando la maternidad se viva en un contexto difícil, como el embarazo adolescente”.

***

Cristina estudia Derecho, es pro-vida, quiere defender a los niños no nacidos. Al mismo tiempo está preocupada y comprometida activamente en la causa de la mujer. Podrían parecer causas excluyentes, pero en realidad el binomio pro-vida y pro-mujer es más frecuente de lo que se cree.

Ella tiene unas dudas que resulta oportuno compartir, especialmente ahora, cuando la batalla del aborto adquiere un mayor protagonismo social y político, pues aquellos empeñados en legitimar el “derecho” a matar a los niños en el vientre de su madre, como requisito indispensable para reconocer la “dignidad de la mujer”, son inasequibles al desaliento.

¿No resulta inmoral obligar a continuar el embarazo fruto de una violación? Se trata de una falacia de falso dilema: “o aborto o pierdo la dignidad”. La violación es un hecho monstruoso, lamentable, doloroso, pero no se remedia con el aborto. El aborto no “des-viola” a la mujer.

Al trauma de la violación se une el del aborto. Una realidad mala no se resuelve con otra realidad mala, pues el mal se multiplica. Al mismo tiempo, supone la grave injusticia de que un tercero pague por el abuso de otra persona, y lo pague con la pena capital, con su vida. Porque el embrión -todo hay que decirlo- está vivo y es de la especie humana, y esto es biología, no religión. Así, en vez de castigar al violador, se condena a muerte a un inocente en gestación que no ha hecho nada.

Es una falacia de falso dilema porque no es la única opción. Es verdad que para la madre gestante supone un sacrificio continuar el embarazo, una grave incomodidad. Pero la alternativa tampoco es aceptable, pues se trata de privar de la vida a un tercero. La madre gestante puede recibir todo el apoyo psicológico, médico y humano del caso, y entregar después su hijo en adopción si lo desea.

Así, salva la vida de un inocente y brinda a unos padres que no pueden tener hijos la posibilidad de criar uno, con el consuelo añadido de haberlo librado de una muerte segura.  Si fuera real esta alternativa, es decir, que resulte inmoral continuar un embarazo fruto de una violación, significaría que en algunos casos es “moral” matar a un ser humano inocente. ¿Qué moralidad sería esa?

La segunda duda de Cristina es: “Los abortos clandestinos ponen en riesgo la vida de la mujer, y por eso deben ser regulados. Es un asunto de salud pública”. Es un argumento más difícil de rebatir, porque se trata de un problema real y el peligro es la muerte. Podría ser análogo a aceptar la prostitución como algo indeseable pero inevitable.

Aceptar esa argumentación sería equivalente a legalizar los carteles de drogas. “La violencia causada por el narcotráfico está causando muchísimas muertes. Es un problema real, de seguridad pública. Para evitarlas, debemos legalizar los carteles”. Nótese que las muertes violentas por narcotráfico sí se pueden contar con precisión –a diferencia de los abortos clandestinos que causan la muerte de la madre gestante- y son con absoluta seguridad muchísimo más numerosas. Sólo en México murieron violentamente 35,588 personas en 2019.

Legalizar el aborto equivale a legalizar los carteles de droga, ya que lo que lo justifica es evitar las muertes violentas, y no se encuentra otro camino para hacerlo, con la diferencia de que son muchísimas más las muertes causadas por el narcotráfico que las de los abortos clandestinos.

Sería atendible si esa fuera la única opción. Pero se podrían hacer campañas justo a la inversa. Por ejemplo, ensalzar la maravilla de poder traer un ser humano al mundo, reconocer y premiar la maternidad, independientemente de las circunstancias; o dando ayudas cuando la maternidad se viva en un contexto difícil, como el embarazo adolescente.

Si se ofrece un reconocimiento merecido –es heroico dar la vida en ese contexto- y el imprescindible apoyo, se reduce drásticamente el número de abortos clandestinos y de muertes maternas. Si se establecen penas severas para los dispensadores de abortos clandestinos –y no para la mujer- como inhabilitación de por vida a los médicos y enfermeras que participen, así como una pena de cárcel análoga a la del homicidio con premeditación, alevosía y ventaja –que eso es el aborto-, se desincentiva su práctica. Aun así, siempre habrá abortos clandestinos y muertes maternas, pero en números muy reducidos, salvándose por contrapartida a un número incontable de bebes, la mitad de ellos niñas.

sábado, 22 de agosto de 2020

Santa María, Reina y Madre de Misericordia

 Multitud de poetas medievales cantaron con cincelados versos a la Madre Misericordiosa o de la misericordia. Pocas advocaciones habrán sido más celebradas, ya que polarizó la atención y súplica de los fieles deseosos de alcanzar por medio de la Virgen, el perdón divino.


Por: Padre Andrés Molina Prieto | Fuente: http://www.mariologia.org



Deseo ocuparme y éste, y en otros posibles artículos de la imagen evangélica de la Virgen en los nuevos Prefacios marianos. Comienzo con un bellísimo formulario, tomado de la colección "Misas de la Virgen María". Es el n1 39, llamado Reina y Madre de misericordia. Los dos se ensamblan armónicamente en la devoción popular hacia la Madre de Dios, como los dos rasgos característicos que mejor configuran la semblanza de nuestra Señora. En el sencillo y breve análisis del Prefacio aparecen las razones doctrinales que justifican el doble título o advocación.

1. Riqueza de los títulos bíblicos y eucológicos 

El título o advocación de "Reina de misericordia" al que hacen referencia la antífona de entrada y la Colecta alternativa, celebra conjuntamente la bondad, la generosidad, la dignidad de la Virgen que, elevada al cielo, cumple con su misión de rogar incesantemente a su Hijo por la salvación de los hombres. He aquí el saludo inicial: Salve, Reina de misericordia, Madre gloriosa de Cristo, consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores. En cuanto a la segunda Colecta, que se ofrece opcionalmente, su texto resulta bien elocuente: "Dios misericordioso escucha las plegarias de tus hijos que, inclinados por el peso de sus culpas, se convierten a ti e invocan tu clemencia. Movido por ella enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador y nos diste a la Virgen Santa María como Reina de misericordia".

En cuanto al mencionado título, recogido en la Colecta primera, Oración sobre las Ofrendas y en el Prefacio, conviene aportar algún dato histórico aclaratorio. Quien atribuyó por primera vez este título a la Virgen fue -según parece- san Odón, abad benedictino de Cluny y fundador del monasterio homónimo, fallecido el año 942. El título cuadraba con entera razón a Santa María, porque dio a luz para nosotros a Jesucristo, misericordia visible del invisible Dios misericordioso, y porque es Madre espiritual de los fieles, llena de gracia y misericordia.

San Lorenzo de Brindis, capuchino y doctor de la Iglesia (1559-1619), hombre de amplia y profunda sabiduría bíblico-teológica, indaga con unción las razones de este título llamado a María "Madre misericordiosísima, Madre clementísima, Madre tiernísima y amantísima". El formulario de esta Misa mariana gira sobre dos goznes de sólida base doctrinal: Ella es Profetisa que ensalza la misericordia de Dios, y a esta idea central alude el pasaje evangélico de la Visitación con el cántico de Magnificat (Lc 1,39-55). Fue en esta ocasión cuando la Virgen alabó por dos veces a Dios misericordioso: su misericordia llega a sus fieles / de generación en generación (...)./ Auxilia a Israel su siervo / acordándose de la misericordia. Por este motivo, los fieles desean proclamar continuamente la misericordia de Dios para con la bienaventurada Virgen María, como reza la Poscomunión.

El segundo gozne está constituido por la afirmación principal del Prefacio: La Virgen es la Mujer que ha experimentado la misericordia de Dios de un modo único y privilegiado. Comentaremos enseguida esta iluminadora enseñanza que nos hace celebrar con desbordante gozo el título consolador de María, Madre de Misericordia, que desde el comienzo del segundo milenio, pasó a la piedad popular y a la Liturgia. Multitud de poetas medievales cantaron con cincelados versos a la Madre Misericordiosa o de la misericordia. Pocas advocaciones habrán sido más celebradas, ya que polarizó la atención y súplica de los fieles deseosos de alcanzar por medio de la Virgen, el perdón divino.

2. El nucleo doctrinal del prefacio   

Las tres "estrofas" de esta pieza admirable nos revelan las excelencias sobrenaturales de Nuestra Señora. Después del párrafo introductorio común a todos los Prefacios, escuchamos como una triple cadencia las exclamaciones gozosas de la Iglesia que celebra los divinos misterios: Ella es Reina clemente, / que, habiendo experimentado tu misericordia / de un modo único y privilegiado, / acoge a todos los que en ella se refugian, / y los escucha cuando la invocan. / Ella es la Madre de la misericordia, / atenta siempre a los ruegos de sus hijos, / para impetrar indulgencia, / y obtenerles el perdón de los pecados. / Ella es la dispensadora del amor divino, / la que ruega incesantemente por nosotros / para que su gracia enriquezca nuestra pobreza / y su poder fortalezca nuestra debilidad.

Hasta aquí lo que podemos denominar el núcleo central que canta a la bienaventurada Virgen María, Reina de piedad y Madre de misericordia tanto en sentido objetivo como subjetivo. Si Ella es la Madre de Jesucristo, la misericordia encarnada del Padre, María es la Madre de la misericordia. Y si Dios quiso enriquecerla con la poderosa intercesión haciéndola "Mediadora ante el Mediador", según la bella expresión de san Bernardo, Ella es Madre misericordiosa. El eje diamantino del Prefacio que cruza y vertebra todo el conjunto reside en las palabras clave de la segunda estrofa: María ha experimentado la misericordia del Señor. Consciente de ello prorrumpe ante Isabel en su éxtasis de amor agradecido: "Mi alma proclama la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador". El nuevo Prefacio se hace eco de las enseñanzas de Juan Pablo II en su encíclica "Dives in misericordia" (30-XI-1980) a la que pertenece este denso pasaje:

"María es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la Misericordia. En cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, descubriendo a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre, y de la humanidad entera después, aquella misericordia de la que por todas las generaciones, nos hacemos partícipes, según el eterno designio de la Santísima Trinidad. Los susodichos títulos que atribuimos a la Madre de Dios nos hablan de Ella, por encima de todo, como Madre del Crucificado y del Resucitado".

"Sin duda María, y por María, experimentamos la misericordia divina, porque en virtud del tacto singular de su corazón materno y de su extraordinaria sensibilidad compasiva, posee una esencial actitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una Madre".

Añade como sugestiva apostilla el Pontífice: "Este es uno de los misterios más grandes y vivificantes del cristianismo, tan íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación" (DM, 9). Todas estas ideas pontificias han sido incorporadas de manera sintética al texto del Prefacio que venimos comentando. Ciertamente la importancia teológica y doctrinal de sus contenidos deriva de las Fuentes Reveladas y de la Sagrada Liturgia donde se verifica el aforismo "Lex orandi, lex credendi": Se ora como se cree, y se cree como se ora. Pero la enseñanza autoritativa de la Iglesia ilumina y enriquece con perfiles muy acusados, el dato revelado.

3. Cristianos misericordiosos en el tercer milenio   

En la llamada Oración sobre las Ofrendas la Iglesia dice: "Al venerar a la Virgen María Madre de Misericordia, concédenos ser misericordiosos con nuestros hermanos". Esta petición desea corresponder al mandato de Cristo en el Sermón del Monte: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Mt 6,36). Quizá lo que más necesita la Iglesia, cuando ha inaugurado ya el tercer milenio y el nuevo siglo XXI, sea de cristianos misericordiosos que lleven a cabo el programa sobre las virtudes evangélicas, propuesto por san Pablo a los fieles de Colosas: Revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad (Col 3.12).

En una sociedad cada vez más fría e indiferente, de escasos rasgos de apertura a los demás, en los que predominan múltiples formas de egocentrismo insolidario, urge que los discípulos de Jesús den unánime y constante testimonio de caridad compasiva y comprensiva, es decir, de fraternidad evangélica hacia todos los demás. El preámbulo de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual nos señala el camino: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre resonancia en sus corazones" (GS, 1).

Esta es la estampa genuina del cristiano en un nuevo siglo marcado por increíbles avances técnicos y científicos, pero sellado al mismo tiempo por vergonzosas lacras, zonas oscuras y humillantes servidumbres. La Misa de la Virgen María, Reina y Madre de la misericordia, indica la dirección de nuestros pasos de peregrinos, en la encrucijada incierta que debe conducir a la civilización del amor. Otros equivocados rumbos nos llevarían a un túnel sin salida. En la "Vida de María" -quizá la primera históricamente- escrita por Máximo el Confesor a mediados del siglo VII, se habla así de la bienaventurada Virgen: "Su misericordia no era sólo para los parientes y los conocidos, sino también para los extraños y los enemigos, porque era verdaderamente la Madre de la Misericordia, la Madre del Misericordioso, la Madre de Aquel que por nosotros se encarnó y fue Crucificado, para derramar sobre nosotros, enemigos y rebeldes, su misericordia".

Y san Andrés de Creta fallecido el año 740, ruega así a María: "Levanta con la riqueza de tu misericordia mi alma, vuelta mísera por los pecados, oh Madre de Dios". No olvidemos que la misericordia envuelve a la Virgen María desde el punto de partida de su ser, total y completamente. Toda su vida no cesa de recibir la plenitud de la misericordia de Dios. Si acertamos a comprender cómo María es la mejor obra de arte de esta misericordia, tendremos -de alguna forma- la llave para penetrar en todas las misericordias del Padre y poder vivirlas.

Nos conviene meditar mucho los textos evangélicos marianos de san Lucas. Comprobaremos entonces que el Fiat (Hágase en mí) y el Magnificat (proclama mi alma la grandeza del Señor) son la respuesta más perfecta de María a las misericordias del Padre derramadas sobre Ella. El tema del Magnificat es fundamentalmente el tema de amor del Padre hacia los humildes y los pobres. Por ello Dios ha elegido para su designio salvífico a una doncella pobre y humilde. María es la profetisa de la misericordia del Padre y su más fiel icono después de Cristo.

San Bernardo escribe: "María se ha hecho toda para todos y a todos abre el seno de su misericordia a fin de que todos reciban la gracia que necesitan: el esclavo, el rescate; el enfermo, la salud; el afligido, el consuelo; y el pecador, el perdón". La mirada a María "Reina y Madre de misericordia" nos lleva a lo que Juan Pablo II ha repetido con insistencia: "María Santísima. Hija predilecta del Padre, se presenta ante la mirada de los creyentes, como ejemplo de amor, tanto a Dios como al prójimo".

María es Reina y Madre de misericordia porque su mediación en favor de todos los hombres está unida a su maternidad. Este carácter materno de su mediación siempre subordina a la única mediación de Cristo, y siempre participada, explica por qué, en cuanto Madre, coopera en la acción salvífica del Hijo, Redentor del mundo. Y explica también por qué esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar hasta la consumación perpetua de todos los elegidos (LG, 62). Nuestros poetas clásicos se hicieron eco de este poder intercesor de María capaz de alcanzarnos la múltiple e infinita misericordia de Dios.

Oigamos estos sentidos versos de Cristóbal de Cabrera: Quién podrá tanto alabarte / según es tu merecer; / Quién sabrá tan bien loarte / que no le falte saber; / pues que para nos valer / tanto vales / da remedio a nuestros males. / ¡Oh Madre de Dios y hombre! / ¡Oh concierto de concordia! / Tú que tienes por renombre / Madre de misericordia; / pues para quitar discordia / tanto vales, / da remedio a nuestros males.

 

sábado, 15 de agosto de 2020

La Asunción no está en la Biblia en forma expresa, pero sí se concluye de la Biblia en forma necesaria.

 


Por: Pedro Nel Rueda | Fuente: BuscadoresDelReino.com



Es un dogma que se formula así: "La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo." (Constitución Munificentisimus Deus)

La Asunción no está en la Biblia en forma expresa, pero sí se concluye de la Biblia en forma necesaria. Recordemos que la Biblia debe leerse como un todo

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena, 2 Tm 3, 16-17.

O de lo contrario terminaremos haciendo decir a la Biblia lo que no dice. Por eso hay que seguir la guía que nos proporciona la Iglesia

Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios, 2 Pe 1, 20-21.

Pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.1 Tm 3,15,

Iglesia que recibió de Cristo la gracia de enseñar con autoridad ("Quien les escucha a ustedes, me escucha a mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado", Lc 10, 16).

Primero entendamos que "asunción" no es lo mismo que "ascensión". La "ascensión" es el hecho de ascender a los cielos por sí mismo como Jesús (Lc 1, 3-11). "Asuncion" es ser llevado a los cielos por Dios mismo o por los ángeles.

1. ¿Es bíblica la Asunción de las personas?

Las personas pueden ser asuntas a los cielos como María. Fue antes el caso de Enoc

Siguió siempre los caminos de Dios, y luego desapareció porque Dios se lo llevó, Gn 5, 24

O de Elías

Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino. Al ver esto, Eliseo gritó: "¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!". Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos,2 Re 2, 11-12.

Alguien dirá que con Jesús se abren las puertas del cielo, porque todos debieron esperar su llegada, pero olvida que los designios de Dios no están al alcance de los hombres

Grandes e inenarrables son tus juicios, por eso, las almas ignorantes se extraviaron, Sb 17, 1;

¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos! , Rm 11, 33.

Así lo rátifica la Biblia:

Yavé hizo subir a Elías al cielo en un torbellino... 2 Re 2, 1

2. ¿Porqué fueron llevadas las personas al cielo?

Por la fe y por haber agradado a Dios toda la vida ("Enoc anduvo con Dios...." dice Gn 5, 22). Dice San Pablo para que entendamos el caso de Enoc:

Por su fe también Enoc fue trasladado al cielo en vez de morir, y los hombres no volvieron a verlo, porque Dios se lo había llevado. Antes de que fuera arrebatado al cielo, se nos dice que había agradado a Dios; pero sin la fe es imposible agradarle, pues nadie se acerca a Dios si antes no cree que existe y que recompensa a los que lo buscan, Hb 11, 5-6.

¿Fue ese el caso de María? Lo fue y en mayor grado.

3. Nadie como Maria en materia de fe y agrado a Dios

"Llena de Gracia" le dice el ángel Gabriel (Lc 1, 28), quien también le dice que Dios está con ella (la maravillosa frase de Lc 1, 28 es "Salve, llena de gracia, el Señor está contigo."); Enoc anduvo con Dios, pero Dios estaba con María. El mismo Dios, por su mensajero, la declara llena de gracia en una forma permanente pues ha encontrado el favor de Dios (Lc 1, 30) y María acata en forma totalmente incondicional la voluntad del Altísimo (Lc 1, 38). Es tal el estado de María, que -antes de la pasión de Jesucristo- puede declarar que Dios la ha salvado y todas las generaciones la llamarán bienaventurada (Lc 1, 48). Siendo así, es un caso como el de Enoc en grado máximo, pues mereció ser la Madre de Nuestro Señor ("...has encontrado el favor de Dios" dice el ángel).

Tenemos claro entonces que María agrada a Dios y es modelo de Fe, en tan esplendoroso sentido que ya es salva desde antes de la pasión de Nuestro Señor.

4. En María se da el cumplimiento de las promesas del Señor

Decía Jesús a los saduceos:

Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles, Mc 12, 25.

Dice San Pablo

Pero para nosotros hay un solo Dios, el Padre: todo viene de él y nosotros vamos hacia él, 1 Co 8, 6

Y en otra parte:

Nosotros tenemos nuestra patria en el cielo, y de allí esperamos al Salvador que tanto anhelamos, Cristo Jesús, el Señor, Fil 3, 20

Esa es una promesa. Cuando María visita a su prima Santa Isabel, esta -llena del Espíritu Santo- declara

¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!, Lc 1, 45.

A los apóstoles, Jesús les recuerda que les prepara una morada en la casa del Padre:

No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino, Jn 14, 1-4.

Tenemos entonces frente a nosotros la promesa de la Resurrección. Ya Dios había salvado a María, no quedaba sino que al final de su vida resucitara inmediatamente. "La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (Catecismo, n. 966).

María nos precedió en el cielo y nos precederá siempre, como madre del rey que se sienta al lado del trono (Sal 45(44), 7-10).

Así las cosas, el dogma de la Asunción de María es plenamente bíblico.

5. María es la Nueva Arca de la Alianza, la cual debía subir al cielo

El Señor debía entrar en el reposo, y con El el arca:

¡Levántate, Señor, y ven a tu reposo, tú y el Arca de tu fuerza!, Sal 132,8

Que María es la Nueva Arca se sigue de Apocalipsis 11, 19 y el texto subsiguiente. Dice San Juan que se abrió el Santuario de Dios en los cielos y vio el Arca de la Alianza. ¿Y qué es lo que ve exactamente San Juan? La mujer vestida de sol, María.

Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, Ap 12, 1

Juan ve a María en el cielo. ¿Cómo nos dice la Biblia que ella es la nueva arca de la alianza? Fíjate en lo que dice David cuando supo que el Arca iba camino de su casa:

Ese día sintió David un verdadero temor por Yavé y se dijo: "¿Y el Arca de Yavé va a entrar en mi casa?", 2 Sam 6, 9

Cuando María va a visitar a Isabel, esta -llena del Espíritu Santo- pregunta en voz alta:

Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?, Lc 1. 43

Lo mismo que David salta de alegría frente al Arca (2 Sam 6, 14), Juan el Bautista lo hizo en el vientre de su madre cuando llegó María (Lc 1, 44). El Arca, luego del episodio de David, permeneción tres meses en el lugar (2 Sam 6, 11), el mismo tiempo que María permaneció en casa de Isabel (Lc 1, 56).

6.¿Cómo sabemos que efectivamente María fue asunta a los cielos?

Por la tradición de la Iglesia desde los principios del cristianismo. Las tradiciones de la Iglesia se verifican contra la Sagrada Escritura, y en este caso de la Asunción ya sabemos que es consecuencia necesaria de la Biblia.

Que las tradiciones de la Iglesia deben atenderse, es mandato bíblico:

Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y guarden fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra o por carta, 2 Tes 2, 15.

Les alabo porque me son fieles en todo y conservan las tradiciones tal como yo se las he transmitido, 1 Co 11, 2

Ver además Hch 28, 17. Eso por supuesto contradice la típica tesis de los hermanos separados de que la Biblia es la única fuente en los temas de Dios, tesis que no tiene fundamento bíblico alguno.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

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 Sembrando Esperanza II. Acércate a Dios con confianza, con constancia, con cariño y con la seguridad que serás inmediatamente atendido.



Por: P. Dennis Doren LC | Fuente: Catholic.net




Se dice que la oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios, que es el amor más grande sobre la tierra. Es la hermosa oportunidad que tenemos los hombres de unirnos a Dios, de platicar con Él y de escucharle. Dios está ahí, siempre presente, siempre atento a hablar con el hombre, su creatura predilecta; y tal vez ahí estoy yo, tan distraído, y lo que menos me interesa es hablar con Él.

El Papa Juan Pablo II nos dio un gran ejemplo, él fue un hombre de oración; en una ocasión, ofreció el siguiente consejo: "¿Sabéis que Jesús se retiró al desierto para orar durante cuarenta días? Pues bien, queridos jóvenes, tratad vosotros también de crear un poco de silencio en vuestras vidas que os permita reflexionar y orar. Resulta un poco difícil, pues estamos atrapados en la barahúnda de los acontecimientos y los medios de comunicación, de tal forma, que nuestra paz interior se ve comprometida. Es difícil, pero es posible y muy importante poder hacerlo" (Juan Pablo II a la juventud del mundo).

En una ocasión, en París y Estados Unidos, le preguntaron al Papa "¿Cómo reza el Papa?". Y él contestó: "Como todos los cristianos, habla?escucha. Algunas veces reza sin palabras y es en esos momentos cuando más escucha. Lo más importante es que "oye" y trata de unir el rezo a sus obligaciones, sus actividades, su trabajo y de unir su trabajo al rezo. De esta forma, día tras día trata de llevar a cabo su "servicio", su "ministerio", que viene de la Voluntad de Cristo y de la tradición viva de la Iglesia" (Ibidem.).

Todos quisiéramos fórmulas, facilidades para aprender a rezar, sentir siempre bonito y nunca aburrirnos o desesperarnos en nuestra oración.

¿Qué sucedería si Cristo instalara un contestador telefónico automático en el cielo?

Imagínate rezando y escuchando el siguiente mensaje: Gracias por llamar a la Casa de mi Padre. Por favor selecciona una de estas opciones:

Presiona 1 para peticiones.
Presiona 2 para acciones de gracias.
Presiona 3 para quejas.
Presiona 4 para cualquier otro asunto.


¡Imagínate que Dios usara esta conocida excusa!: De momento todos nuestros ángeles están ocupados atendiendo a otros clientes. Por favor manténgase rezando en la línea, su llamada será atendida en el orden que fue recibida.

¿Te imaginas obteniendo este tipo de respuestas cuando llames a Dios en tu oración?:

Si deseas hablar con Gabriel, presiona 5.
Si es con Miguel, presiona 6.
Si es con cualquier otro ángel, presiona 7.
Si quieres que el Rey David te cante un salmo, presiona 8.
Si deseas obtener respuestas o preguntas necias sobre los dinosaurios, la edad de la tierra, dónde está el arca de Noé, por favor espérate a llegar al cielo.


¿Te imaginas lo siguiente en tu oración?:

Nuestra computadora señala que llamaste hoy. Por favor despeja la línea para otros que también quieren rezar...

O bien:

Nuestras oficinas están cerradas por Semana Santa. Por favor, vuelve a llamar el lunes. Y para terminar marque la tecla gato...

Gracias a Dios que esto no sucede...
Gracias a Dios que le puedes llamar a Él cuantas veces necesites...
Gracias a Dios que a la primera llamada, Él siempre te contesta...
Gracias a Dios por que la línea de Jesús nunca está ocupada...
Gracias a Dios que Él nos responde y nos conoce por nuestro nombre...
Gracias a Dios que Él conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos...
Gracias a Dios porque de nosotros depende llamarle en oración...

Acércate a Dios con confianza, con constancia, con cariño y con la seguridad que serás inmediatamente atendido, sigue el ejemplo de Jesús que se acercó a la oración en los momentos de triunfo y de fracaso, en los momentos de alegría y de tristeza, en los momentos de dolor y en los momentos en que todo estaba bien; pero sobre todo, aprende a acudir a Jesús en las grandes o pequeñas decisiones que tienes que tomar en tu vida.