sábado, 23 de septiembre de 2017

Dios y los desastres naturales

Los desastres naturales tienen un importante mensaje que no debemos ignorar

Por: Alejandro Cases Ramon | Fuente: Catholic.net




Si los desastres naturales no sirven a los buenos propósitos de Dios, entonces estamos enfrentados con un Dios que, o bien es muy débil para hacer que el mal sirva a fines más elevados, o muy malo para hacer lo que es bueno y justo.

Sí, hay un gran peligro al afirmar que sabemos mucho acerca del propósito de Dios. Pero también hay peligro al permanecer en silencio; al no compartir lo que la Biblia nos permite decir acerca de estos eventos horribles.

Los desastres naturales tienen un importante mensaje que no debemos ignorar. Los desastres ponen en claro nuestros valores, desafían nuestra fe y revelan quienes somos realmente. Si estamos arraigados en las promesas de Jesús, podemos resistir. Si no, seremos arrastrados por nuestras propias filosofías humanas e interpretaciones estrechas.

Podemos estar de acuerdo con Voltaire en un punto: Desde nuestra perspectiva, este no es el mejor de todos los mundos posibles. Pero también afirmamos, contundentemente, que Dios ha prometido transformar este mundo presente removiendo la maldición del pecado y dando lugar a una eternidad de ecuanimidad y justicia suprema. Tenemos la posibilidad de semejante esperanza sólo si un Dios inteligente y poderoso está detrás de lo que vemos en las pantallas de televisión cuando una ciudad yace en ruinas porque ha sufrido un terremoto, una lluvia torrencial...

En última instancia, nos enfrentamos con una cuestión de fe. Aquellos que conocen a Dios creerán que Él tiene una razón justificable para la tragedia humana, mientras que otros tratarán tal fe con menosprecio.

Una cosa tengo clarísima: podemos proporcionar la convicción de que se puede confiar en el Dios de la Biblia, que sus promesas para aquellos que creen son dignas de nuestra fe y son la base de nuestra esperanza.

¡Ánimo para todos los que habéis sufrido las consecuencias de estas últimas lluvias torrenciales en España y de otros desastres naturales recientes y una oración desde el silencio y la confianza en Dios por el eterno descanso de las personas que han fallecido, simplemente estamos a vuestro lado!.

"Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, Y ante su furia retiemblen los montes. Quedaos quietos, reconoced que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra! El SEÑOR Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob." SALMO 46:1-3, 10-11


¿Quién es el P. Alejandro Cases Ramón?

sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Es verdad eso del Rapto?

Esta es una doctrina que no es bíblica y que además contradice textos bíblicos

Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org




Pregunta:

 

Yo soy católica, pero nunca había oído hablar del famoso rapto del que tanto hablan los protestantes. Ellos me lo sustentan con citas bíblicas, pero me interesa saber cuál es la posición de la Iglesia, y, si es aceptado, ¿cómo es que nadie predica acerca de eso?
Otro:
Durante dos años fui miembro de la Iglesia Nueva Apostólica en Buenos Aires. Finalmente me aparté. Mi consulta se debe a la cuestión del “arrebatamiento”. ¿Me podría explicar de qué se trata y si es válido?

Respuesta:

El tema del rapto o arrebatamiento (rapture en inglés), es una enseñanza puesta de moda por algunos libros novelados de los autores Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins, conocidos en inglés como Left Behind (“dejado atrás”, literalmente) [1]. En estas novelas de ficción apocalíptica, se describe lo que sus autores creen que ocurrirá en el futuro (por otra parte muy próximo según ellos), a saber: una venida secreta de Jesucristo, en la cual arrebatará a los verdaderos cristianos de la tierra, dejando atrás a todos los demás; inmediatamente después del rapto, comenzaría un período de siete años de tribulación en que Dios desencadenaría su ira. LaHaye sostiene que los acontecimientos allí narrados se encuentran en la Biblia (aunque los personajes de sus novelas sean ficticios).
LaHaye es un escritor protestante profundamente anticatólico, consagrado a la literatura apocalíptica, que ha expandido sus doctrinas con la ayuda de Jenkins, aprovechando el género novelesco, poco serio pero de fácil divulgación.

Esta doctrina del “arrebato” se popularizó en Estados Unidos a raíz del movimiento fundamentalista conocido como “dispensacionalismo” (que incluye a personajes como LaHaye, Jenkins, Billy Graham, Jerry Falwell y otros). Los dispensacionalistas creen: (a) en el milenarismo craso: en el futuro habrá un reinado de mil años de Cristo sobre la tierra; (b) en el arrebatismo: los “auténticos creyentes” en Cristo serán arrebatados o llevados hasta el cielo, justo antes de un período de siete años de tribulación mundial; (c) la historia ha sido dividida en siete diferentes dispensaciones o eras, en cada una de las cuales, Dios pone a prueba a personas concretas, éstas caen y luego Él las juzga. De estas enseñanzas, la que más se divulga es la del arrebato. Hoy en día no todos los arrebatistas son dispensacionalistas, pues la doctrina del arrebato es aceptada por protestantes de otras denominaciones.


Hay que tener en cuenta que este presunto arrebato no se identificaría con la Segunda Venida de Cristo. Según ellos, es un acontecimiento anterior, en el cual los verdaderos creyentes son silenciosamente arrebatados por Cristo y regresan con Cristo en la Segunda Venida para derrotar al Anticristo, establecer el reino milenario y reorganizar los sacrificios de animales en el templo de Jerusalén reconstruido. El arrebato sería una venida exclusiva para su Iglesia; la Segunda Venida es para todo el mundo.


Los arrebatistas admiten que la palabra “arrebato” no aparece en la Biblia, pero explican que está tomada de la palabra latina rapiemur, con la que San Jerónimo tradujo el pasaje de 1Tes 4,16: Porque el mismo Señor, a la señal dada por la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán los primeros; después nosotros, los vivos, los que quedemos, junto con ellos seremos arrebatados entre nubes por los aires al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor (1 Tes 4,16-17). San Pablo usa allí harpagesómetha, que viene del verbo harpázo, que significa tomado por fuerza, llevado, arrastrado, raptado.


También entienden en este sentido las palabras de la Primera Carta a los Corintios: Mirad, os voy a enseñar un misterio: no todos moriremos, aunque sí seremos todos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, con la última trompeta; pues sonará, y los muertos resucitarán incorruptos, y nosotros seremos transformados (1Co 15,51-52).


Evidentemente no cuajan estos textos completamente con la doctrina del arrebato, pues ese “silencioso rapto de los elegidos” no parece ser muy silencioso si debe intervenir el arcángel dando señales y trompetazos, como lo entiende el Apóstol en los dos lugares que ellos mismos citan. Todo parecería indicar que se llama la atención de todos los pueblos para el fausto acontecimiento. Los arrebatistas solucionan el problema diciendo que, a pesar de los estridentes llamados angélicos, sólo lo oirán los que serán arrebatados. La salida es ingeniosa, pero no lo dice el Apóstol, por lo que es un simple invento de los arrebatistas.
 
En la Sagrada Escritura no se distingue (ni lo ha distinguido la tradición cristiana) entre el suceso narrado aquí por San Pablo y la Segunda Venida. Los arrebatistas son los primeros en afirmar que se trata de acontecimientos distintos. Una de sus “pruebas” es que a menudo se usan tres palabras distintas para hablar de la vuelta de Cristo a la tierra: parousia, apokalypsis y epiphaneia. Los arrebatistas dicen que se refieren a sucesos diversos.


Sin embargo, no sólo no pueden probarlo, sino que después deben “arreglar” las cosas para que la misma palabra (y no ya términos distintos) indique cosas diversas. Así, por ejemplo, se ven obligados a afirmar que “parousia” en 1Tes 4,15 se refiere al arrebato, pero la misma palabra “parousia” en 1Tes 3,13 describe la Segunda Venida.
LaHaye sostiene que su versión del arrebato proviene de la Biblia, era enseñada por algunos cristianos en la Iglesia primitiva y es un distintivo de auténtica cristiandad; sin embargo, no se encuentra como tal ni en la Biblia ni en los escritores antiguos. 

Algo semejante (sobre una venida secreta e invisible de Cristo) se puede encontrar en el libro de Lacunza “La venida del Mesías en gloria y majestad” [2], pero él creía que sería un arrebato de los católicos que recibían la Sagrada Comunión con regularidad, y que éstos regresarían a la tierra cuarenta y cinco días después; y la Iglesia no aprobó nunca tal enseñanza. También se encuentra algo entre algunos predicadores protestantes en los tiempos de la fundación de los Estados Unidos. Pero en la forma moderna recién ganó terreno en Estados Unidos y Gran Bretaña en el siglo XIX. 

Quien promovió esta doctrina fue el ex sacerdote anglicano, profundamente anticatólico, John Nelson Darby (1800-1882), quien dedicó su vida a la predicación de esta doctrina y condenó a todos aquellos que no estaban de acuerdo con él. Sus predicaciones fueron reconocidas cuando uno de sus discípulos, Cyrus I. Scofield, publicó la Biblia de Referencia de Scofield en 1909; allí se mostraban cuadros y notas a pie de página de aspecto riguroso, en las que se explicaban “científicamente” (según se decía) las verdades proféticas de la Escritura. 

Pocas décadas después había vendido unos diez millones de ejemplares, convirtiéndose en el libro fundamentalista americano más influyente de todos los tiempos. En los primeros años del siglo XX, el sistema dispensacional logró avances significativos entre los grupos baptistas, presbiterianos y metodistas, así como en docenas de congregaciones “no sectarias”. Las facultades bíblicas dispensacionales florecieron por todo el país. La mayoría de los famosos revivalistas protestantes posteriores de América, tales como Dwight Moody, Billy Sunday y Billy Graham fueron dispensacionalistas formales.


Cuando Israel se convirtió en nación en 1948, los dispensacionalistas vieron en ese acontecimiento una señal clave de los tiempos. Con Israel restaurada como nación, el tiempo en que la Iglesia sería arrebatada de la tierra tenía que estar próximo. El conflicto de 1967 entre Israel y Egipto elevó la expectación. 

En 1970 un ministro fundamentalista llamado Hal Lindsey publicó The Late Great Planet Earth (El último gran planeta Tierra), con el que se propagó popularmente el dispensacionalismo. Otros lo siguieron en la publicación de libros del mismo estilo (como Jack van Impe, John Walvoord, John Hagee y Grant Jeffrey); pero perdió el liderazgo publicitario (sobre este tema) con la aparición de los libros de LaHaye y Jenkins, que pasaron a ser los más famosos en el tema.


Estamos pues ante una doctrina que no es bíblica, que contradice los mismos textos bíblicos (que hablan de la Segunda Venida de Cristo pero no de una venida previa) y que no ha sido reconocida ni en la tradición, ni por los mismos reformadores protestantes del siglo XVI.
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Notas
[1] Por ejemplo: Left Behind: A Novel of the Earth’s Last Days [Dejado atrás: novela de los últimos días de la Tierra] (Tyndale, 1995); The Mark: The Beast Rules the World [La marca: la Bestia gobierna el mundo]; The Indwelling: The Beast Takes Possession [La llegada: la Bestia toma posesión]; Desecration [Profanación]; Rapture Under Attack: Will You Escape the Tribulation? [El arrebato atacado: ¿escaparás a la tribulación?] (Multnomah Press, 1998); también es suyo el libro más teórico: Are We Living in The End Times? [¿Estamos viviendo en los últimos tiempos?] (Tyndale, 1999), etc.
[2] Véase una interesante reseña del libro y de la ortodoxia del autor en Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, tomo VI, ¿Puede contarse entre los heterodoxos españoles al Padre Lacunza?, Emecé, Buenos Aires 1945, pp. 525-530.

sábado, 9 de septiembre de 2017

“Ya no hay pobres”, por Mons. Felipe Arizmendi

Analizar los índices que se toman en cuenta para calificar la pobre


Archivo Zenit
Archivo Zenit

YA NO HAY POBRES 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas



VER


Estando de vacaciones en mi pueblo natal, Chiltepec, un sobrino me dijo que, después de las fiestas patronales a la Virgen de Belén, habían sobrado más de doscientos mil pesos, y que habían pensado, junto con el párroco, destinarlos a renovar el decorado del templo, cosa que, en mi concepto, no hace tanta falta. Le dije que a la Virgen le gustaría mucho que, en vez de eso, se le hiciera una casita a una persona pobre del pueblo, o se ayudara de alguna forma a los pobres.
Para mi sorpresa, me dijo que en el pueblo ya no había pobres… Me hizo ver que un buen número de familias recibe remesas de quienes emigraron a los Estados Unidos, y regularmente envían dinero a los suyos. Los hermanos de un sacerdote del lugar han implementado una importante empresa de flores, también para exportación, y dan trabajo a cientos de personas, tanto que escasea la mano de obra. Otros se han dedicado a cultivar jitomates bajo invernaderos, chiles manzanos para exportación, aguacates, etc. Ciertamente ha mejorado mucho la vida de la comunidad. Sin embargo, buscando y buscando, dimos con una persona muy pobre; la visitamos y le ofrecimos construirle una casita sencilla. No quiso; sólo nos aceptó que le construyéramos un baño, cosa que hicimos no con el dinero del templo, sino con aportaciones voluntarias nuestras.

¿Ya no hay pobres? ¡Claro que los hay, y demasiados! Sólo hace falta corazón y cercanía para descubrirlos y ver qué podemos hacer por ellos y con ellos.
En el reciente informe del gobierno federal, se afirma que, en el país, han disminuido más de dos millones las personas en pobreza extrema. Pero se reconoce que más de cincuenta millones de mexicanos viven aún en pobreza.

Hay que analizar los índices que se toman en cuenta para calificar la pobreza. Porque, por ejemplo, Chiapas ocupa uno de los lugares altos de pobreza, sobre todo en poblaciones indígenas. Pero en mis casi 27 años que llevo aquí, he visto cambios muy notables: hay más carreteras, más electrificación, más escuelas, incluso de nivel medio y superior, más clínicas, aunque no suficientemente dotadas, más agua entubada en las casas, piso firme en casi todos los hogares, televisión, radio y electrodomésticos en muchísimos domicilios, mejores construcciones domésticas, con sus servicios.

Miles de chiapanecos, incluso los calificados en pobreza extrema, cuentan con teléfonos celulares, y sostenerlos cuesta dinero, que buscan y tienen. Es decir, que ha mejorado el nivel general de vida, es claro y notorio; pero afirmar que ya no hay pobres, sería una aberración y un desconocimiento total de la realidad. Los hay y sumamente pobres. Son una constante llamada de atención a nuestro corazón.



PENSAR


El Papa Francisco, al establecer la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, nos dice: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez». Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”.



ACTUAR


Hay muchos pobres entre nosotros, y a veces ni cuenta nos damos. Olvidados y menospreciados, incluso en el propio hogar. Abramos el corazón hacia ellos y pidamos al Espíritu Santo que nos convierta, para que seamos misericordiosos, al estilo de Jesús.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Mientras el Mundo Gira–Adorarás al Señor tu Dios, y le Servirás • 29 | Agosto | 2017





Adorarás al Señor tu Dios, y le Servirás es el primer mandamiento. El Padre Willie nos recuerda que Dios es todo, así que no podemos estar fuera de Él. Amar al prójimo es amar a Dios. Este primer mandamiento es una necesidad del hombre; necesidad de creer, esperar y amar. Lo que le agrada a Dios es la oración, el sacrificio, el culto/eucaristía, etc. Lo contrario a esto es el ateísmo, gnosticismo, idolatría, supersticiones, etc.

El Papa: El cuidado que tenemos por el planeta es indicador de nuestro amor a Dios

Mensaje del Santo Padre a la Expo 2017 de Astana sobre energía renovable



Expo 2017 en Astana


(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 2 Set. 2017).- “El modo en el que usamos los recursos energéticos son un indicador de cómo estamos cumpliendo la tarea que de acuerdo a muchas tradiciones religiosas, nos fue confiado por Dios de cuidar el planeta en el que vivimos y de nuestros hermanos en la humanidad”.

Lo indicó este sábado el papa Francisco en el mensaje enviado en ocasión del ‘National Day‘ de la Santa Sede en la Exposición Internacional Expo 2017 en Astana, capital de Kazajistán, dedicada al tema ‘Future Energy’, que inició el pasado 9 de junio y concluye este próximo 10 de septiembre.

Y precisó que “si usamos la energía de manera solidaria, entonces estamos desarrollando bien dicha tarea. Contrariamente, no”.

“Es muy importante –precisó el Santo Padre– reflexionar con seriedad y responsabilidad sobre las modalidades con las cuales en los próximos años la humanidad empleará, también mediante las nuevas e innovadoras tecnologías, los recursos energéticos que ha recibido en don, como herencia común”.


Señaló además que “todos somos conscientes” que de tal modalidad dependen “sea la salud del planeta que el bienestar de nuestras sociedades”, un bienestar que es necesario entender “de manera integral y no solamente como prosperidad económica o capacidad de consumo”.


El Santo Padre advirtió por lo tanto que los recursos energéticos “no tienen que ser dejados a la merced de la especulación, ni volverse fuente de conflictos. Por este motivo es necesario “un amplio y sincero diálogo en todos los niveles, entre los diversos sectores de nuestra sociedad”.


La energía del futuro “no es solamente una tarea para los investigadores, técnicos o inversores: también el mundo de la cultura, de la política, de la educación y el religioso son interpelados”, dijo.

El Pontífice invita por todo ello a que “cada uno descubra en su propia fe, las motivaciones y los principios que vuelven posible o que de todos modos favorecen el empeño, el coraje de mejorar y perseverar y vivir juntos la hermandad”.

“Está en juego nuestra propia dignidad, está en juego –asegura el sucesor de Pedro– la justicia y la paz”. Y explica que conscientes de ello, la Santa Sede hizo su pabellón en la Expo de Astana, con el título ‘Energía para el bien común: Custodiar nuestra casa común’.

El Papa concluye pidiendo “al Omnipotente Dios Creador, que nos ayude a sacar de la Expo 2017 enseñanzas que duren mucho tiempo y bendiga nuestro empeño común para realizarlas”.

sábado, 19 de agosto de 2017

Tú decides si el trabajo es fuente de felicidad o de desdicha

 
Humphery | Shutterstock





La actitud positiva, sea cual sea la tarea, consigue la mejora de la salud y el contento

“Cuando nada parece ayudar, voy adonde el cantero y lo miro martillar su roca, tal vez unas cien veces sin que siquiera se note una grieta en ella. Sin embargo, al centésimo primer martilleo, esta se partirá en dos y sé que no será debido al último golpe sino a todos los que vinieron antes…¨
Jacob Riis. Fotoperiodista y filántropo danés

El trabajo puede ser fuente de crecimiento personal o de enfermedad, depende de la actitud con que lo encaremos. Si ponemos amor y entusiasmo, no importa el tipo de tarea que ejecutemos. Nos daremos cuenta de que haciéndola podemos enriquecer nuestra vida y la de nuestra comunidad.

La riqueza del trabajo

El trabajo es inherente al ser humano. Ya en el Génesis aparece la sentencia “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Durante toda su existencia el hombre debió trabajar para subsistir y también para construir, producir arte y mejorar su forma de vida.
En el mundo laboral hoy nos enfrentamos a trabajos monótonos, en serie, repetitivos y desmotivantes. Se ha destruido el arte y el oficio. Todo lo que se espera de los empleados es que sean buenos operadores de máquinas. La mayoría, tanto ejecutivos como empleados, sufre estrés a causa del trabajo y las licencias por enfermedades ligadas a ese estrés ocasionan grandes pérdidas de dinero. Hemos llegado a pensar en el trabajo como en una tarea que no podemos evitar y que nos consume la vida, pero si aprendemos a encararlo podemos descubrir y usar nuestras energías sabiamente para que todas nuestras acciones sean ricas y fructíferas.
A primera vista parece sencillo trabajar cuando todo marcha sobre ruedas y ya conocemos la forma de movernos, pero si lo pensamos resulta mucho más productivo hacerlo cuando se presentan problemas como, por ejemplo, tener que aprender nuevas cosas, manejar nuevas tecnologías, hacerse cargo de mayores responsabilidades porque de estas situaciones podemos extraer enseñanzas.

Su poder transformador

La riqueza inherente al trabajo se siente cuando se insta a la gente a que se apoye en su propia experiencia y asuma responsabilidades, valorándola y desafiándola a participar en la toma de decisiones para desarrollar el sentimiento de poder personal, pues es sabido que si se aprende a usar las propias habilidades en lo que se hace se transforma la existencia cotidiana en una fuente de goce y cumplimiento.

Cambiar para mejorar

Muchas veces nos aferramos a la idea de que no somos capaces de adaptarnos a las exigencias que se nos imponen o quizás pensemos que no hemos hecho los suficientes cambios para producir el resultado esperado. Es fácil pasar la vida de este modo, lamentándonos y negándonos a asumir la responsabilidad del propio crecimiento. Todos tenemos más control sobre nuestra vida de lo que creemos. Entonces, cuando el trabajo no nos permite expresar nuestras aptitudes y alegría, hay opciones:
-usar la propia creatividad para encontrar formas de cambiar el sistema en el que estamos.
-tener paciencia y persistir hasta ver si se dan mejores posibilidades.
-abandonar el trabajo y buscar otro que nos permita ser lo que somos y tener una existencia más feliz.

Los hábitos pueden cambiar

A veces gana el desaliento, se desea abandonar todo esfuerzo o se cree que es demasiado tarde para iniciar algo nuevo. Lo importante en esos momentos es no detenerse allí, seguir adelante y mantener el impulso hacia el cambio que queremos. De esta manera, gracias a la confianza que vamos ganando en nosotros mismos también nos transformamos en ejemplo para quienes nos rodean. Pensar en cómo llevamos nuestra vida actual en relación a cómo proyectamos el futuro puede ser útil. Cabe preguntarse entonces: “Mis acciones actuales ¿mejorarán mi vida futura, la enriquecerán aportándole experiencias positivas, me harán sentir más feliz?”.

El padecimiento laboral nos enferma

Si no estamos contentos, lo más seguro es que continuemos con nuestra infelicidad fuera de las horas de trabajo. Estaremos más propensos a las enfermedades y al deterioro físico, nos llenaremos de hostilidad, resentimiento y frustración. No es raro desahogar el mal humor fumando, bebiendo, comiendo en exceso o riñendo con los que tenemos cerca.
El padecimiento laboral nos enferma más que cuando trabajamos duro pero somos felices con lo que realizamos. “Estoy tan ocupado que no tengo tiempo de enfermarme”, solemos decir. La actividad, la utilidad y el progreso en sí son los grandes secretos de la longevidad y la salud. La gente que se siente útil retarda su deterioro y las enfermedades.
La felicidad es condición de nuestra existencia que se elige y se defiende. Se puede ser feliz a pesar de las circunstancias. El trabajo también puede ser fuente de felicidad siempre que se haga con intención y con un propósito: tratar de integrar nuestras preferencias con nuestros valores.
Los valores tienen que ver con qué importancia le asignamos a lo que hacemos. Muchas veces lo que realizamos está lejos de satisfacernos, pero nos motiva a continuar nuestros propósitos: mantener a la familia, hacer que los hijos puedan estudiar, pagarse una carrera, ayudar a algún miembro de la familia. En estos casos, los sacrificios que hagamos nos compensan largamente.

A la hora de comenzar a trabajar

Un aspecto importante a tener en cuenta para renovar nuestra práctica laboral es prestar atención a la preparación previa del trabajo. Primero, poner al alcance todas las cosas que la tarea requiere, ya sea la agenda, la computadora, los ficheros, el material y los instrumentos que vamos a usar. Como el pintor que antes de comenzar a pintar despliega el lienzo sobre el caballete, dispone los pinceles, la paleta, los pomos de colores, y se prepara teniendo presente en su mente la obra que quiere ejecutar. El arte de comenzar la tarea es hacer verdaderamente lo que se está haciendo mientras se está haciendo, desligándose de todo lo demás.
La atención permite estar plenamente presente en la labor. Estar atentos a los problemas que se nos presentan nos permite tratarlos de manera inmediata y efectiva, eliminando la confusión y evitando complicaciones que terminan produciendo estrés. Los riesgos se reducen mediante la planificación y la preparación. Cada vez que nos distraigamos, tomémonos un momento para volver la atención al momento presente y seguir trabajando.
Otro aspecto de la buena práctica laboral es el silencio, cosa casi imposible de lograr en la actualidad. No significa no hablar cuando es necesario, no contestar el teléfono o no dar instrucciones sino eliminar la charla improductiva. No solo callar sino hacer silencio tanto en el espacio exterior como en el diálogo interno. De esta manera podemos concentrarnos en lo que hacemos. Sabemos lo difícil que resulta hoy desconectarse de todos los aparatos que nos rodean y nos estimulan constantemente, pero lograr ponerlos a una cierta distancia produce un cambio increíble.
Recordemos cómo enseñaban los maestros artesanos: el trabajo es estar al servicio de algo superior, de Dios. Es un servicio y no un fin en sí mismo. Santo Tomás afirmaba que “no puede haber alegría de vivir sin alegría de trabajar. La pereza es la tristeza del alma”. Triste del hombre o de la mujer que no tiene trabajo, pero es más triste el que lo tiene y solo se lamenta por tenerlo. Siempre es posible que con una actitud positiva transformemos nuestro trabajo en una fuente de salud y alegría.

Cecilia Barone

Artículo originalmente publicado por Familia Cristiana