sábado, 29 de abril de 2017

«Nadie es irrecuperable»


Varios recuperandos en un centro gestionado por APAC en Brasil, donde las celdas no tienen llave. Foto: Antonello Veneri y Marina Lorusso 
 
Desde hace cuatro décadas, la Asociación para la Protección y Asistencia a los Condenados (APAC) está revolucionando el sistema penitenciario brasileño con sus cárceles sin violencia, sin policías y sin armas, donde la prioridad es la recuperación física, psicológica, social y espiritual de los internos, a quienes se les llama por su nombre y se les corresponsabiliza de la gestión de los centros. Algunos responsables de APAC han visitado España con motivo de la exposición Del amor nadie huye, que ha recalado en la última edición de EncuentroMadrid de la mano de la ONG Cesal y el Ayuntamiento madrileño
Después de largas estancias en cárceles comunes donde el hacinamiento, la violencia y el trato inhumano son moneda corriente, muchos condenados llegan devastados a los centros gestionados por APAC (Asociación para la Protección y Asistencia a los Condenados). Allí se topan con una realidad diferente: paredes pintadas de color blanco y azul celeste, orden y limpieza, buena comida y, sobre todo, trato humano: se les llama por su nombre y se les propone un itinerario para recuperar su dignidad sepultada bajo un mar de humillaciones.
«Aquí entra el hombre, el delito queda fuera», dice un letrero escrito sobre la entrada de cada uno de los centros gestionados por cualquiera de las 50 APAC que ya existen en Brasil. Desde el momento en que franqueen esa puerta, los recién llegados no verán guardias. Serán funcionarios, voluntarios y otros reos quienes que se responsabilicen de ellos. Ya no se les llamará presos, sino recuperandos.

Walter y el juez escéptico

APAC nació en los 70 de la actividad pastoral que un grupo de cristianos encabezado por el abogado Mario Ottoboni desarrollaba en las cárceles. De hecho, en un primer momento, las siglas correspondían a la denominación Amando al Prójimo, Amarás a Cristo. La obra sigue nutriéndose de una profunda conciencia religiosa, como se percibe en todo momento en las palabras de Valdeci Antonio Ferreira, laico misionero comboniano que dirige la FBAC, federación que agrupa a todas los centros APAC.
«Por muy malos que sean los crímenes de quienes llegan, aunque sean hediondos, por muy alto que sea su grado de destrucción, dentro de todo ser humano hay un espacio, aunque sea muy pequeño, donde la oscuridad, las tinieblas y la fuerza del diablo no pueden llegar y desde ese espacio de luz empieza el rescate del ser humano. Por eso el lema de la fraternidad es: Nadie es irrecuperable», afirma Ferreira.
Nadie es irrecuperable. Esta frase, como todas las que decoran las paredes de los centros de APAC, nació de una historia concreta, en este caso la de Walter, un preso que creaba graves problemas por todas las cárceles por las que pasaba. Con fama de fiera incontrolable, este interno violento fue enviado a un centro de APAC por un juez que no confiaba en la eficacia del método. Walter pasó las primeras semanas bastante tranquilo ante el escepticismo del magistrado, que llamaba cada pocos días para comprobar si el condenado había vuelto a hacer alguna de las suyas. Pasado un tiempo, el responsable del centro entró en la enfermería y frotándose los ojos contempló un milagro: Walter estaba lavando las heridas de un pederasta que había llegado malherido tras recibir una brutal paliza en una cárcel ordinaria.
Lejos de querer dulcificar la realidad, Ferreira reconoce en conversación con Alfa y Omega que el éxito del amor no es automático, y depende de la libertad de cada persona. «Muchas veces invertimos esfuerzo y tiempo en un recuperando, sale y vuelve a caer en la droga o en la delincuencia. Da la impresión de que nuestro amor ha fracasado. Pero el amor nunca fracasa, lo que pasa es que muchas veces nuestro amor no es lo suficientemente grande para llegar a los espacios oscuros, de tinieblas, de algunas personas. Entonces hay que pedir a Dios que desde lo alto nos envíe su espíritu de luz, para que al día siguiente de este fracaso empecemos de nuevo». Y remata esta reflexión con un argumento inapelable: «Podría estar toda la tarde dando testimonio de los fracasos, pero prefiero gastar este tiempo dando testimonio del éxito del amor».

La historia de Roberto

Uno de esos testimonios donde brilla el triunfo del amor es el que ofrece Roberto Carvalho. Apenas tenía 20 años cuando fue sentenciado a una larga condena de cárcel. Le encerraron junto a 40 presos en una celda que solo tenía capacidad para diez. Allí conoció todo lo peor que uno puede imaginar: asesinatos, droga, malos tratos… Durante siete años fue tratado como un animal. Después fue trasladado a un centro de APAC.
«Fui allí arrastrando toda esa carga negativa. Llegué mal físicamente, fatal espiritualmente, sin esperanza de vida. Mi intención era fugarme porque no quería cambiar, pero Dios fue trabajando mi corazón a través de los voluntarios y de los encuentros que se hacían. Entonces participé en un gran encuentro llamado Jornada de liberación con Cristo. Eran cuatro días de retiro espiritual y en ese momento Dios me habló muy claramente y me mostró lo que había sido mi vida», recuerda Carvalho en la entrevista.
Fue entonces cuando tomó conciencia de todo el mal que había hecho a muchas personas. «A la que más daño había hecho era precisamente a la que más amaba, a mi madre», confiesa. Deseó volver al pasado, borrar todo ese mal y escribir otra historia distinta, pero se dio cuenta de que ya no era posible. Sin embargo, decidió ponerse en marcha. «Comencé a colaborar en las tareas, a trabajar y a estudiar. Pero yo no podía irme a casa, tenía que cumplir condena. Así que estuve siete años más. ¡Ni un día menos!» Tras cumplir con la justicia pudo salir, trabajar y formar una familia. Ahora es padre de tres hijos. Ha ocupado varios puestos en el ámbito de APAC hasta llegar a ser gerente de la federación que agrupa a todas las asociaciones.
Ferreira lo mira con profundo afecto: «Roberto es un ejemplo de alguien que llegó totalmente destruido, desfigurado, pero que por gracia de Dios ha encontrado la luz. Para mí es una alegría muy grande poder tenerle en España hablando de lo que Dios ha hecho en su vida».

La vida en los centros

En los centros de reintegración social gestionados por APAC rigen normas que se cumplen de manera estricta. No hay un ambiente opresivo, pero los recuperandos nunca están ociosos sino que trabajan, estudian, dialogan, según un horario riguroso. En todos estos años nunca se han registrado motines o disturbios, a diferencia de lo que sucede en las prisiones normales.
Luiz Carlos Rezende, juez de vigilancia penitenciaria, ofrece una de las claves de este clima de respeto a la autoridad: «El recuperando que va a un centro APAC sabe que va a una cárcel. Aunque no parezca una cárcel, es una cárcel. Existen normas de disciplina muy claras y los que entran tienen que firmar un documento de aceptación. En caso contrario, los jueces no mandarían a un preso a los centros de APAC».
Además existe un órgano formado por los recuperandos, llamado Consejo de Sinceridad y Solidaridad, que cada seis meses cambia para que no se formen grupos de poder. «Los miembros de ese consejo evalúan constantemente todos los trabajos y méritos que va cumpliendo cada preso», precisa el magistrado, quien añade: «Los recuperandos comparten las tareas y las responsabilidades».
Ignacio Santa María

domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Pascua 2017





En distintos momentos advierte Jesús que aceptar su doctrina reclama la virtud de la fe por parte de sus discípulos. Lo recuerda de modo especial a sus Apóstoles; a aquellos que escogió para que, siguiéndole más de cerca todos los días, vivieran para difundir su doctrina. Serían responsables de esa tarea, de modo especial, a partir de su Ascensión a los cielos, a partir del momento en que ya no le vería la gente, ni ellos contarían con su presencia física, ni con sus palabras, ni con la fuerza persuasiva de sus milagros. Metidos de lleno en la Pascua –tiempo de alegría porque consideramos la vida gloriosa a la que Dios nos ha destinado–, meditamos en la virtud de la fe, le decimos al Señor como los Apóstoles: auméntanos la fe: concédenos un convencimiento firme, inmutable de tu presencia entre nosotros y, por ello, de tu victoria, por el auxilio que nos has prometido. Que nos apoyemos en tu palabra, Señor, ya que son las tuyas palabras de vida eterna. Así lo declaró Pedro, cabeza de los Apóstoles, cuando bastantes dudaron y se alejaron: ¿A quién iremos? –afirmó, en cambio, el Príncipe de los Apóstoles– Tú tienes palabras de vida eterna. A poco de haber convivido con Jesús, todos comprendían que merecía un asentimiento de fe. Si tuvierais fe... Creed..., les animaba el Señor. Era necesario, sin embargo, afirmar su enseñanza expresamente, recordarla y establecerla como criterio básico de comportamiento. Era fundamental tener muy claro que si podían estar seguros, al declarar su doctrina infalible e inefable, era por ser doctrina de Jesucristo: el Hijo de Dios encarnado. Todos fueron testigos de los mismos milagros y escucharon las mismas palabras, con idéntica autoridad, con el mismo afán de entrega por todos; y, sin embargo, solamente Pedro es capaz de confesar expresamente la fe que Jesús merece: ¿A quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna, delara el Apostol y Jesús confirma. Y lo que es de Dios, es para siempre: el Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, nos aseguró. Queremos tener un convencimiento como el que espera Jesús, como ese que echa de menos en los dos Apóstoles que hoy nos presenta san Lucas, desencantados –con motivo, podríamos pensar– porque habían sido testigos de lo que consideraban el fracaso de Cristo: en quien confiaban, había sido finalmente derrotado. Jesús había muerto, como uno más, a pesar de sus muchos milagros anteriores, a pesar de que tantas veces había escapado incólume de unos y de otros, a pesar de aquella majestad que le era connatural y que había admirado a todos. Con su muerte, sin embargo, todo lo anterior quedaba en entredicho y el desencanto bloqueaba a los suyos y hacía felices a sus adversarios. Pero hoy, por el contrario, se nos presenta Jesús glorioso y vivo como nunca. Con una vida definitivamente inmortal. Esa vida humana y para la eternidad, a la que nos llama reclamando nuestra fe: nuestro asentimiento incondicionado interior y exteriormente; es decir, también con nuestra conducta, con obras que manifiesten nuestra adhesión y confianza en Dios. Son las obras y la conducta de aquellos dos, una vez convencidos de la resurrección. A pesar de la hora y del desánimo de un rato antes, vuelven a Jerusalén porque es preciso hacer justicia al Señor y a su doctrina. No hay tiempo que perder. En un momento, han recobrado el ánimo; y la presencia de los otros Apóstoles reunidos, que también sabían ya por la aparición a Pedro de Jesús resucitado, se lo confirma. Con los Doce está María, la madre de Jesús y Madre nuestra, que persevera en oración junto a los discípulos de su Hijo. Ella, que recibió la alabanza de su prima Isabel: bienaventurada tú que has creído..., nos conducirá, si se lo pedimos, a una fe inconmovible para vivir de las verdades que nos ha manifestado Cristo; las únicas que conducen a la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: la vida a la que nos llama Nuestro Padre Dios en Cristo.

viernes, 14 de abril de 2017

Vía Crucis narrado por JESÚS 2017





Este Vía Crusis es narrado por JESÚS; dejando una breve reflexión en cada una de las estaciones (EL TEXTO ES FICCIÓN)

sábado, 8 de abril de 2017

¿Quieres evangelizar en Internet en la próxima Pascua?

¿Quieres evangelizar en Internet en la próxima Pascua? Una iniciativa audiovisual te lo pone fácil



La revista Alfa y Omega, que edita la archidiócesis de Madrid y se difunde los jueves junto con el diario ABC, ha lanzado la iniciativa Jesús está vivo ¡Cuéntalo!, para ayudar a evangelizar a través de Internet y dar testimonio de Jesucristo a través de las redes sociales.

La iniciativa consiste en grabar un vídeo testimonial de 2 o 3 minutos máximo, en horizontal, y contar todo lo que Él ha hecho y hace por ti. Después, editarán cada video y se enviará al protagonista para que lo pueda difundir con facilidad entre sus contactos, vía Whatsapp, Facebook, Twitter o por email.

"Jesús está vivo, resucitado, y se ha quedado en la tierra junto a nosotros –en la Eucaristía, en los hermanos, en la oración– para que tengamos una vida nueva y feliz", afirma Alfa y Omega al presentar el proyecto: "¿Quién es Jesús para ti? ¿Has experimentado su amor, su misericordia, su perdón? ¿Jesús te ayuda a ser feliz? ¿Ha cambiado tu vida? ¡Cuéntalo! Tanto si te ha salvado de una vida de pecado, como si experimentas su amor y su alegría cada día en tu vida… ¡cuéntalo!".

En la grabación, se invita a la sinceridad: "Sé concreto, abre un poco tu corazón y habla de Jesús".

El vídeo debe enviarse a:

jesusestavivo@alfayomega.es

Alfa y Omega lo editará y lo publicará en su web, y enviará el enlace al autor por si quiere compartir su testimonio con amigos o familia, en Facebook o en sus grupos de WhatsApp.

"Rompe el hielo. Muestra a los demás tu fe, habla de Dios que mueve tu vida. Si quieres que todo el mundo sepa lo que Dios ha hecho por ti… ¡cuéntalo!", concluye la presentación de la iniciativa.

sábado, 1 de abril de 2017

¿Te irritan las personas tóxicas? Deja la lupa y toma el espejo

Centro Nagual Madrid-CC




Vivir con alegría la debilidad de los que me rodean lo cambia todo, pero ¿cómo lograrlo?

Me cuesta a veces entender que desde mi carencia y desde mi pecado pueda construir una obra de arte. No lo hago yo solo. Él lo hace conmigo. Él en mí.
Y mi herida es el espacio abierto, la gruta en la que yace mi cuerpo muerto, y de donde brota la vida.  

No niego mi herida. No la oculto. También me cuesta creer que las carencias y debilidades de los que tengo más cerca me complementen y enriquezcan.

¿Cómo puede ser eso posible? Si vivo clamando al cielo por los defectos ajenos. Criticando, juzgando. Y reclamando a Dios por las injusticias que sufro a causa de la debilidad de los hombres… Cuando experimento con dolor la carencia del que me ama, de aquel a quien yo amo, sufro.
Y no sólo experimento el dolor, también me entristece la carencia de lo que no recibo. Me duele esa fragilidad humana que entorpece mis pasos y no me deja ser mejor. ¿Cómo se puede hacer para que la debilidad de los demás sea un bien en mi vida? Es un milagro.

Pero vivir con alegría la debilidad de los que me rodean me hace cambiar. Amarlos débiles, quererlos frágiles. Abajarme a esa lucha que ellos sostienen contra su propio pecado. En ese gesto hondo de amor yo aprendo tolerancia, paciencia y alegría. Al final me enriquezco, cambio yo y aprendo a amar. Y al amarlos, cambian ellos.

¡Qué difícil me parece vivir con paz las heridas de los otros! Tal vez necesito cambiar mi mirada que brota de mi corazón herido, duro, rígido. Una nueva visión del mundo, del corazón humano.  

Necesito un corazón más paciente, más transigente, más libre, más blando.
Sé que una cosa es mi firme propósito de amar bien, de liberar a quien amo de su culpa, de sostenerlo cuando se reconoce frágil ante mí. Pero muchas veces compruebo mi propia herida. Veo que de mi interior brotan sombras oscuras. No acabo de conocerme. Y me confronto con sentimientos que no quiero.

Leía el otro día: “Todo hombre se lleva a sí mismo adondequiera que vaya. En todo momento llevamos nuestros aspectos sombríos con nosotros. Participan de todos nuestros actos y a menudo los determinan aun en contra de nuestros propósitos. Deseamos amar a todos los seres humanos.  

Pese a la firme voluntad de querer bien a todos los hombres, nos comportamos con impaciencia, rechazo o agresividad. A menudo nos sorprenden nuestras reacciones, pues nos negamos a reconocer el origen de nuestro comportamiento. Así es que muchas veces no vemos en nosotros lo que otros sí perciben a través de nuestros actos, y es que estamos marcados por nuestros aspectos sombríos”[1].

Quiero hacer el bien, quiero amar bien, acoger con alegría al que cae, perdonar al que me hiere, ser paciente con el que no actúa como yo espero.

Quiero entender que en los defectos de los que me rodean se encuentra el amor de Dios, oculto, escondido. Ese amor que viene a mí a desinstalarme de mis pretensiones. A confrontarme con los pecados de los demás, para que vea en ellos mi propio pecado. A desvelarme mi fragilidad.

Y mostrarme el camino que he de recorrer para que, al querer al que no me sabe querer, aprenda yo a querer como Jesús me quiere. Me hace ver mi debilidad para entregarme sin freno al que no es como yo quiero que sea. Me siento muy frágil. Tropiezo con mi indigencia. Me cuesta ver en las carencias de los demás mi camino de santidad.

¿Qué hago yo por acoger y ayudar al que no se comporta como yo creo que se debería comportar? Surgen mis propias sombras, mi pecado, juzgo y exijo. Me cuesta aceptar la lentitud del que me ama, su torpeza, su incapacidad para demostrarme su amor.

Exijo otras actitudes. Le pido que cambie. Surgen en mí la impaciencia, el rechazo, la agresividad. Sus olvidos y negligencias me duelen. Sus torpezas para vivir la vida a mi lado. No quiero ser un educador que corrige siempre. Pero acabo resaltando con violencia lo que los demás no hacen bien.

Quiero aprender a vivir las carencias de los demás sin juzgarlas. Quiero dejarme educar por sus debilidades. Y así reconocer mi propio pecado.

Decía Damián Karo: “Es momento de plantearnos: dejar la lupa y tomar el espejo. Nos molestan muchas cosas de los demás. Dejemos la lupa que examina a los otros constantemente y tomemos el espejo para ocuparnos de nosotros. Esto, a su vez, nos ayudará a que veamos de mejor modo a los demás. Podríamos pensar que de esa manera nada va a cambiar en el mundo; sin embargo va a cambiar todo en nosotros. Cuando algo de otro nos molesta y afecta tanto, es porque lo que estamos viendo es la devolución de nuestra imagen reflejada.

El espejo me permite mirarme como soy. Y ver mi pecado, mi lado sombrío, mi fragilidad, mi propia muerte. No me entristezco. Me da ánimo para luchar. Dios me quiere como soy.

Decía el padre José Kentenich: “Hoy en día es muchísimo lo que se juega para el hombre, en el hecho de que aprendamos nuevamente a presentarnos ante Dios tal como somos. ¡Fuera con el velo! ¡Fuera con la máscara! Mostrarnos ante el rostro de Dios en total desnudez. En la imagen de Pablo: cuando soy débil, entonces soy fuerte”[2].

Me miro en mi desnudez. En mi fragilidad. Entonces la fragilidad del otro me afecta menos. Porque yo mismo en el espejo veo mi desnudez imperfecta. Y me siento pequeño al lado de lo que sueño y anhelo.

Me desnudo a los ojos de Dios, sin miedo, sin pudor. Dios me quiere así. Débil, inmaduro, torpe, incapaz, voluble, inconstante. Claro que desea que crezca, que ame mejor, que sea más feliz. Pero constatar su amor incondicional por mí, me da fuerzas.

[1] Franz Jalics, Ejercicios de contemplación, 52
[2] J. Kentenich, Textos pedagógicos
 
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misericordia

sábado, 25 de marzo de 2017

Transhumanismo: ¿se puede eliminar la muerte?


De la naturaleza biológica a la naturaleza de base tecnológica, ¿qué hay detrás de este movimiento?

El transhumanismo o H+ (Humanidad Plus) es un movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, basándose solo en el uso de la ciencia y las tecnologías más avanzadas. Estas tecnologías conseguirían  aumentar las capacidades físicas, intelectuales y psicológicas de los seres humanos y alargar la vida de modo indeterminado o, incluso para algunos, hacer al hombre inmortal en la Tierra.
Estas tecnologías son la ingeniería genética, las tecnologías de la información, la farmacología, así como tecnologías que se encuentran en fase experimental como la nanotecnología, la inteligencia artificial y la colonización espacial.

El transhumanista Nick Bostrom afirma que “será posible utilizar terapias del tipo genético y otros métodos biológicos para bloquear el proceso del envejecimiento y estimular el rejuvenecimiento y la reparación de los tejidos en forma indefinida y es posible que una tarea de este tipo solo pueda ser llevada a cabo por la nanotecnología. Mientras tanto solo existen tratamientos en base a hormonas”, que son muy caras.

El transhumanismo quiere cambiar la naturaleza biológica del hombre para hacer una naturaleza de base tecnológica. El hombre no envejecerá, pues la tecnología mantendrá una lucha contra la muerte y tal vez vencerla, según dicen.

Inspirándose en la Ilustración del Siglo XVIII, eliminan a Dios y ponen en su lugar la ciencia, el conocimiento. Pero cabe preguntarnos: ¿las tecnologías de futuro harán que los hombres sean más iguales? ¿Y más felices?  ¿Y más libres? Esto es una discusión filosófica y científica en que se basó una jornada titulada “Inteligencia artificial y transhumanismo” organizada por la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC) en Barcelona (España) con la participación de expertos europeos de diversas disciplinas.

La conferencia magistral inaugural fue a cargo del profesor de Teología y Bioética de la Universidad Católica de Milán, Dr. Michele Aramini. Con él nos sentamos para hablar e informar a los lectores de Aleteia sobre este fenómeno mundial, muy extendido en América Latina, que es el Transhumanismo.

Preguntamos al profesor Aramini si las transformaciones del hombre y del género humano que pretenden los transhumanistas llevarán a una mayor igualdad entre los hombreds: “no es posible, responde, porque habrá que aplicar al hombre una tecnología muy cara y pocos hombres estarán en condiciones económicas para comprarla. Tampoco será una sociedad democrática porque solo una élite de habitantes del mundo occidental podrá pagarse la tecnología y esto lleva a una discriminación fuertísima entre los hombres, entre los que se pueden pagar las tecnologías y los que no”. Y los que pueden, dominarán al resto condenándolos a formar una clase social baja y oprimida.

¿Y la felicidad? ¿Serán más felices? El profesor Aramini afirma que una cuestión preliminar es preguntarse “sobre el sentido de la vida”. Esto se lo preguntan teólogos y filósofos, creyentes y ateos (el ideario transhumanista es ateo). “El ateísmo moderno –dice el profesor– se ha lanzado desesperadamente a los brazos del dios ciencia (cientifismo) pidiendo a la ciencia un significado de la propia vida”. Y añade: “sería contradictorio que una vida privada de sentido y fruto de la casualidad” llegara a ser deseable hasta el punto de hacerla inmortal.

El profesor Ermanno Pavesi, secretario general de la FIAMC, dijo en esta jornada que el hombre no puede prescindir de Dios y citó al papa Francisco en su encíclica “Laudato sí´” (n. 221) donde dice que “Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene derecho a ignorar”. O sea que la intervención humana debe estar en el orden de la creación, sin manipulaciones.

El transhumanismo cree que puede construir una vida muy larga, y hasta algunos aseguran que el hombre llegará tener una vida inmortal en la Tierra. Esta teoría se confronta con el cristianismo que predica también la inmortalidad del hombre. “Ciertamente –dice el profesor Aramini—el hombre quiere una vida verdadera, plena, una vida que valga la pena, que sea alegre y gozosa”, lo que conseguirá en la visión beatifica de Dios. La vida eterna predicada por Jesucristo no es la inmortalidad de la vida terrena, sino la “existencia en una nueva dimensión”, la comunión con Dios, que necesita la muerte del cuerpo.

Jesucristo resucita a Lázaro, no para que viva eternamente, sino para que siga viviendo y muera y pueda acceder a la eternidad en comunión con Dios. Los transhumanistas, sin embargo, no creen en la trascendencia de una vida cuya meta es estar junto a Dios. No quieren la muerte, la rechazan. Por eso creen que la ciencia les hará “como dioses”.

El hombre nuevo que proponen los transhumanistas ¿será más libre? Ellos creen que sí, pero “es una libertad falsa”, dice el profesor Aramini. ¿Quién va a preservar la dignidad del hombre, el amor, el cariño, la amistad y la capacidad auténtica de elegir entre una cosa u otra?

A lo largo de los siglos, quien ha liberado al hombre es Dios, desde la liberación de su Pueblo en Egipto, hasta Jesucristo que ocupa el ápice de esta liberación. “Él es el fundador de la libertad del hombre, dice Aramini, porque consiente al hombre tomar la decisión más alta, en relación con Dios mismo, cuando dice (Jn, 6, 67): “¿también queréis iros vosotros?” (Muchos le abandonan al anunciar la Eucaristía).

Y añade Aramini: “El hombre contemporáneo, curiosamente, ha entrado en una situación paradoxal: reivindica la libertad pero teme usarla, porque la libertad comporta un riesgo que es decidirse por una causa y ser fiel a la misma con coherencia dándose una identidad. La elección de esta causa (ser o no ser tal cosa, hacer o no hacer tal otra) no puede basarse en garantías científicas”. Es imposible. La decisión del hombre estará basada en el sentido de la vida y elegirá sobre lo que conoce con certeza, esto es la fe que le da una identidad.

El transhumanismo hoy “se mueve en el terreno más hipotético que realista”, dice Michele Armanini.

En la nanotecnología se quiere construir una especie de “robot” permanente dentro de nuestro organismo y monitorizarlo y llegar a la “digitalización del yo”. ¿El hombre transformado en un robot, con tanta inteligencia artificial y tanta manipulación genética? En muchas cosas el transhumanismo está instalado en la ciencia ficción y en el ateísmo.

sábado, 18 de marzo de 2017

Actividad demoníaca está en aumento indican exorcistas en Estados Unidos de Norteamérica

El problema no es que el diablo haya aumentado su juego, sino que más gente está dispuesta a jugarlo

Por: Patti Armstrong | Fuente: ACI Prensa // Catholic News Agency




Hay un aumento alarmante en la actividad demoníaca que está siendo reportado por quienes trabajan en el ministerio de exorcismo, así lo indicó el P. Vincent Lampert, exorcista y párroco en la Arquidiócesis de Indianápolis en Estados Unidos.
En entrevista con National Catholic Register el exorcista alertó que observa un número creciente de personas involucradas en rituales satánicos y que se disponen al mal; y aunque se están tomando medidas para aumentar el número de exorcistas, la demanda sigue superando la oferta.
“El problema no es que el diablo haya aumentado su juego, sino quemás gente está dispuesta a jugarlo”, dijo P. Lampert señalando directamente la pornografía desenfrenada, el uso de drogas ilegales y el ocultismo como algunas de los caminos por donde ingresa el demonio en la vida de las personas.
El P. Lampert asistió a Roma en octubre de 2016 a la reunión de la Asociación Internacional de Exorcistas, en la que participaron unos 400 líderes y sacerdotes católicos. Tras el evento, el presbítero aseguró que los participantes estaban de acuerdo en que hay una gran necesidad de designar más exorcistas.
Además, explicó que si bien las posesiones demoníacas reales “son raras” y que solo ha visto tres en los últimos tres años, lo que ve con más frecuencia son otros tres fenómenos: “infestación, vejación y obsesión”.


La infestación demoníaca sucede en lugares donde las cosas pueden moverse y hay ruidos fuertes. La vejación se refiere al evento en el que una persona es atacada físicamente y puede presentar marcas como moretones, mordeduras o arañazos. La obsesión demoníaca implica ataques mentales, como por ejemplo pensamientos persistentes del mal.
Cuando el P. Lampert fue nombrado exorcista por su obispo en 2005, apenas había otros 12 en Estados Unidos. Ahora ese número es mayor y conoce a 50 sacerdotes que ejercen ese ministerio en el país.
Según el Obispo de Springfield, Mons. Thomas Paprocki, “la ley canónica requiere que un obispo dé permiso antes de que un sacerdote pueda hacer un exorcismo mayor, pero los obispos no reciben ningún entrenamiento formal en exorcismo”.
Como una respuesta directa a la necesidad de exorcistas entrenados en Estados Unidos, el Instituto León XII, fundado en 2012 en Milwaukee, se encarga de apoyar en “la formación espiritual de los sacerdotes para traer la luz de Cristo y disipar el mal”.
Mons. John Esseff, Presidente de la junta directiva del instituto y uno de los miembros fundadores, explicó que “a medida que la aceptación del pecado ha aumentado, también aumenta la actividad demoníaca”.
“Los obispos veían la necesidad de más exorcistas entrenados debido a la cantidad de casos que eran enviados de todo el país a las diócesis que contaban con exorcistas”.
Mons. Esseff, que además ha sido exorcista en la diócesis de Scranton por más de 40 años, aseveró que “una persona debe ser atendida en su propia diócesis”.
El Instituto León XIII graduó la primera promoción de 55 exorcistas, sacerdotes y diáconos de su programa de dos años en 2015. Una segunda clase de 52 graduará este otoño.
“El único que puede vencer a Satanás es Jesús. El vencerá el reino del mal con la luz. Y cada sacerdote representa a Jesús. El diablo no ve al sacerdote, él ve a Jesús”, concluyó Mons. Esseff.
Traducido y adaptado para ACI Prrensa por Diego López Marina.
Publicado originalmente en lengua inglesa en 
CNA.