sábado, 16 de febrero de 2019

Si estás enamorado, ¡no te cases!




 Es mejor no correr y estrellarse con un beso lleno de sensaciones para luego darse un contrasuelazo con la realidad.


Por: Silvana Ramos | Fuente: Catholic-link.com




Cuando los papás, y sobre todo los abuelos, nos dan un consejo hay que escuchar, hay que prestar muchísima atención con lo que están diciendo. La experiencia vale más que mil presentes. ¡Ojo! 


Cuando uno está enamorado y los sentimientos son tan potentes, muchas veces esperar parece una tarea casi imposible. «Pero, ¿cómo me piden esperar?», «¿nadie entiende lo que tú y yo sentimos?»… La experiencia nos muestra las dos caras de la moneda matrimonios felices y duraderos y matrimonios rotos. ¿En qué lado queremos estar? Para reflexionar sobre esto, el portal soyamante.org han producido un increíble video que está perfecto para celebrar san Valentín.


Estar enamorado es increíble, el mundo parece perfecto, todo es completo júbilo, pero todo esto no es lo suficientemente grande como para casarse. Es suficiente para empezar a conocer a alguien, para ver si detrás de todo el torbellino de sentimientos finalmente viene una calma duradera en donde podamos vislumbrar un horizonte claro y prometedor.


El matrimonio es algo hermoso. Difícil, como todo lo bueno y valioso en la vida, pero cuando es real y comprometido es absolutamente hermoso. Es mucho más que un simple sentimiento de ardor, bueno digo simple, pero no pocas veces este sentimiento termina siendo complicado. Es por eso que es mejor seguir el consejo, y en lugar de apurar las cosas, esperar. Tantos poemas, tantas historias de amor, tantas… ¿tragedias? Sí, tragedias. Porque a veces ese sentimiento ardoroso termina quemándolo todo y dejando a su paso muertos y heridos (demos un vistazo a las estadísticas de divorcios y entenderemos un poco la figura).


En el amor conyugal, el matrimonio es una carrera de largo alcance: no importa quién llega primero sino quién mantiene el ritmo y la vida durante todo el trayecto. La convivencia, lo cotidiano, el descubrirse diferentes pero mirando hacia un el mismo lugar, el construir una vida juntos, el armar una historia que es co-biográfica, el seguir siendo tú y yo, pero a la vez ser también un nosotros, no sucede de la noche a la mañana.


Es mejor no correr y estrellarse con un beso lleno de sensaciones indescriptibles para luego darse un contrasuelazo con la realidad. Mirar la idea de un amor dibujado en corazones de color rosa es lindo, pero nunca suficiente para construir algo tan grandioso como es el matrimonio.


Que en estos días en que los corazones, el rosa, los besos y los enamorados nos toman por asalto pensemos un momento qué es lo que estamos buscando detrás de todo eso: una sensación pasajera o una historia de amor que dure para siempre, un siempre feliz que necesita construirse día a día.

«(…) Ciertamente es algo bello que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco… la libertad del vínculo requiere una armonía consciente de la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento» (Papa Francisco – 15 de mayo 2015).





sábado, 9 de febrero de 2019

Aunque por diversas razones... Todos los padres son inolvidables

Padres presentes y con el deseo de forjar a sus hijos en el Amor a Dios, en el Orden, el Bien, la Verdad


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net




Un padre no es sólo quien da la vida; eso sería demasiado fácil. Un padre es el que da el amor (Denis Lord).

Todos los papás son inolvidables. Algunos, porque no tuvieron el valor de asumir su responsabilidad y no le dieron su apellido al hijo; es decir, su presencia, responsabilidad, amor.

Otros, porque, estando presentes, causaron un gran dolor en los hijos, dejándoles heridas profundas que logran superar con muchas dificultades, después de un proceso largo y doloroso.

Unos más, porque dieron a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron, buscaron complacerlos en sus gustos y no les pusieron límites; pero éstos no pudieron seguir un camino hacia la madurez y se convirtieron en un problema para sus seres queridos y para la Sociedad.

Algunos más (¿acaso pocos?) son esos padres presentes y con el deseo de forjar a sus hijos en el Amor a Dios, en el Orden, el Bien, la Verdad. Y, a pesar de no tener siempre las herramientas de preparación académica, lograron imprimir en sus hijos esa certeza de ser amados, aceptados, valorados, y desde esta certeza, ellos pueden amar, aceptar y valorar a las demás personas.

Paradigmas

¿Este tipo de padres comete errores? Sí, por ser imperfectos, pero van por la vida procurando de forma consciente y con gran voluntad ser cada día mejores.

El único Padre Perfecto es Dios y, no obstante ser perfecto y el mejor de los Padres, es olvidado. Y no es que los que olvidan a Dios duden de su existencia, sino que se olvidan de que Él es Padre.

Aquellos papás que ven a Dios como inolvidable y escuchan su Palabra, buscan poner en práctica esta sentencia de Jesús, “Sed perfectos como mi Padre Celestial es perfecto”. Tales padres no sienten este mandato como carga, sino como una liberación que los llena de gozo, de paz, pese a momentos de prueba y dificultad.

Jesús, con su vida, nos muestra el rostro del Padre, que es bondad, amor, misericordia, comprensión, ternura, sabiduría, justicia, perfección… Al Padre, que es la Verdad misma, es decir, no miente, es inmutable; no cambia su afecto, con todo y el irregular comportamiento del hijo; no se mueve por caprichos o estados de ánimo, sino que exhorta a vivir los límites, dando normas para regir nuestra vida en felicidad y plenitud.

Algunos puntos a considerar para ser un padre inolvidable:

Amor incondicional, que logre despertar la grandeza escondida en el interior del hijo.

Amor que sabe escuchar las razones de las rabietas e indisciplinas de los hijos; que sabe descubrir la tristeza o el dolor que se encuentran detrás del enojo. Ayuda a que su hijo sea consciente para salir de los sentimientos que lo tienen atrapado y le permitan vivir con alegría y plenitud.

Ejercita virtudes, facilitando que el hijo las practique de forma natural. Así, lo respalda en su crecimiento armónico y de madurez. Este padre, cuando comete errores, como ser humano perfectible, sabe reconocer y pedir perdón.

No pone etiquetas ante una conducta inadecuada, sino que señala la acción negativa, separándola de la persona. No dice: “eres desordenado”, sino: “en esta ocasión, te faltó orden en tu cuarto”.

Conoce a su hijo. Cada hijo es diferente. Observa su personalidad, su temperamento.

Atento siempre a comprender al hijo en sus necesidades, en sus cambios físicos y psicológicos, en las diferentes etapas de su vida que va pasando. Descubre las fortalezas, dificultades, inquietudes, motivaciones de cada hijo. A mayor conocimiento y comprensión, se le facilita la formación de sus hijos.

Sabe escuchar y validar. Permite que su hijo exprese sus emociones, inquietudes, frustraciones. Lo ayuda a que procese y resuelva sus sentimientos positivos y negativos, y que los exprese adecuadamente, sin afectar a los demás. Esto permite que el hijo se sienta digno, importante, valioso para ser escuchado, comprendido, aceptado, amado.

Conocer la importancia de agradecer y de valorar cada día las cosas buenas que nos son dadas. Pone énfasis en lo que se tiene, más que en lo que hace falta.

Sabe acercar a sus hijos al dolor y necesidades de los demás, reconociendo que la otra persona posee el mismo valor y dignidad que él; construye lazos, en lugar de muros.

Reconoce la necesidad de conectarse con su Creador y se arrodilla para agradecer, alabar y descubrir la grandeza y nobleza que hay dentro de sí mismo. Ve con más claridad las cosas que lo ennoblecen y lo llevan a ser mejor persona.

Hemos de agradecer a Dios si nos regala un padre así. Y si no se tiene esa suerte, buscar ser ese padre para nuestros hijos, a imitación de nuestro Padre del Cielo.

sábado, 2 de febrero de 2019

Fiesta de la PRESENTACIÓN DEL SEÑOR 2 de febrero 2019






Fiesta de la Presentación del Señor

Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico. Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se "celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma"'. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente.

En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad.