jueves, 24 de diciembre de 2009

Navidad, una fiesta de dimensiones cósmicas



Queridos hermanos y hermanas,

El Evangelio de este cuarto domingo de Adviento nos vuelve a proponer el relato de la Anunciación (Lc 1,26-38), el misterio al que volvemos cada día al recitar el Angelus. Esta oración nos hace revivir el momento decisivo en el que Dios llamó al corazón de María y, al recibir su “sí”, comenzó a tomar carne en ella. La oración “Colecta” de la misa de hoy es la misma que se recita al final del Angelus y, en italiano, dice así: “Derrama, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz seamos llevados a la gloria de su resurrección”. A pocos días ya de la fiesta de Navidad, se nos invita a dirigir la mirada al misterio inefable que María ha custodiado durante nueve meses en su seno virginal: el misterio de Dios que se hace hombre. Y esta es la primera clave de la redención. La segunda es la muerte y resurrección de Jesús, y estas dos claves inseparables manifiestan un único diseño divino: salvar a la humanidad y a su historia asumiéndolas hasta el final haciéndose cargo enteramente de todo el mal que nos oprime.

Este misterio de salvación, además de la histórica, tiene una dimensión cósmica: Cristo es el sol de gracia que, con su luz, “transfigura y enciende el universo en espera” (Liturgia). La misma colocación de la fiesta de Navidad está ligada al solsticio de invierno, cuando las jornadas, en el hemisferio boreal, vuelven a empezar a alargarse. A propósito de esto, quizás no todos saben que la Plaza de San Pedro es también una meridiana: el gran obelisco, de hecho, arroja su sombra a lo largo de una línea que recorre el empedrado hacia la fuente que está bajo esta ventana, y en estos días la sombra es la más larga del año. Esto nos recuerda la función de la astronomía para determinar los tiempos de la oración El Angelus, por ejemplo, se recita por la mañana, a mediodía y por la noche, y con la meridiana, que antiguamente servía precisamente para conocer el “mediodía verdadero”, se regulaban los relojes.

El hecho de que precisamente hoy, a esta hora, cae el solsticio de invierno, me ofrece la oportunidad de saludar a todos aquellos que participarán en diverso grado en las iniciativas del año mundial de la astronomía, el 2009, en el que se cumple el 4º centenario de las primeras observaciones al telescopio de Galileo Galilei. Entre mis predecesores de venerada memoria ha habido cultivadores de esta ciencia, como Silvestre II, que la enseñó, Gregorio XIII, a quien debemos nuestro calendario, y san Pío X, que sabía construir relojes solares. Si los cielos, según las bellas palabras del salmista, “narran la gloria de Dios” (Sal 19[18],2), también las leyes de la naturaleza, que en el transcurso de los siglos tantos hombres y mujeres de ciencia nos han hecho entender cada vez mejor, son un gran estímulo para contemplar con gratitud las obras del Creador.

Volvamos ahora la mirada a María y José, que esperan el nacimiento de Jesús, y aprendamos de ellos el secreto del recogimiento para gustar la alegría de la Navidad. Preparémonos a acoger con fe al Redentor que viene a estar con nosotros. Palabra de amor de Dios para la humanidad de todo tiempo.


sábado, 19 de diciembre de 2009

Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí


Adviento. Cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros.

Adviento, quiere decir: “venida”, en latín adventus, de donde viene el término Adviento.


Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que puede traducirse como “presencia”, “llegada”, “venida”. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su ocultación para manifestarse con poder, o que es celebrada presente en el culto.

Los cristianos adoptaron la palabra “adviento” para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre “provincia” llamada tierra para visitarnos a todos; hace participar en la fiesta de su adviento a cuantos creen en Él, a cuantos creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podemos ver y tocar como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

El significado de la expresión “adviento” comprende por tanto también el de visitatio, que quiere decir simple y propiamente "visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. Todos tenemos experiencia, en la existencia cotidiana, de tener poco tiempo para el Señor y poco tiempo también para nosotros. Se acaba por estar absorbidos por el “hacer”.

¿Acaso no es cierto que a menudo la actividad quien nos posee, la sociedad con sus múltiples intereses la que monopoliza nuestra atención?

¿Acaso no es cierto que dedicamos mucho tiempo a la diversión y a ocios de diverso tipo? A veces las cosas no “atrapan”.

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor! ¡Tener, por así decir, un “diario interior” de este amor sería una tarea bonita y saludable para nuestra vida! El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia ¿no debería ayudarnos a ver el mundo con ojos diversos? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que Él puede venir a nosotros y sernos cercano, en cada situación?

Otro elemento fundamental del Adviento es la espera, espera que es al mismo tiempo esperanza. El Adviento nos empuja a entender el sentido del tiempo y de la historia como "kairós", como ocasión favorable para nuestra salvación. Jesús ilustró esta realidad misteriosa en muchas parábolas: en la narración de los siervos invitados a esperar la vuelta del amo; en la parábola de las vírgenes que esperan al esposo; o en aquellas de la siembre y de la cosecha. El hombre, en su vida, está en constante espera: cuando es niño quiere crecer, de adulto tiende a la realización y al éxito, avanzando en la edad, aspira al merecido descanso. Pero llega el tiempo en el que descubre que ha esperado demasiado poco si, más allá de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar.

La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente en el transcurso de nuestra vida, nos acompaña y un día secará también nuestras lágrimas. Un día no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el Reino de Dios, Reino de justicia y de paz.

Pero hay formas muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno por un presente dotado de sentido, la espera corre el riesgo de convertirse en insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente queda vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grave, porque el futuro es totalmente incierto. Cuando en cambio el tiempo está dotado de sentido y percibimos en cada instante algo específico y valioso, entonces la alegría de la espera hace el presente más precioso. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente donde ya nos alcanzan los dones del Señor, vivamoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. El Adviento cristiano se convierte de esta forma en ocasión para volver a despertar en nosotros el verdadero sentido de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado por largos siglos y nacido en la pobreza de Belén.

Viniendo entre nosotros, nos ha traído y continua ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de múltiples modos: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto según si detrás de ella está Él o si está ofuscada por la niebla de un origen incierto y de un incierto futuro.

A nuestra vez, podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos afligen, la impaciencia, las preguntas que nos brotan del corazón. ¡Estamos seguros de que nos escucha siempre! Y si Jesús está presente, no existe ningún tiempo privado de sentido y vacío. Si Él está presente, podemos seguir esperando también cuando los demás no pueden asegurarnos más apoyo, aún cuando el presente es agotador.

Queridos amigos, el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo particular, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede borrar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos anima a caminar confiados. Modelo y sostén de este íntimo gozo es la Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús. Que Ella, fiel discípula de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y diligentes en la espera. Amén.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Adviento: camino y pórtico


El pasar de los siglos no apagó la esperanza. El Señor cumple su promesa al mandarnos al Mesías.


El Adviento es como un camino. Inicia en un momento del año, avanza por etapas progresivas, se dirige a una meta.

Llega la invitación a ponernos en marcha. ¿Quién invita? ¿Desde dónde iniciamos a caminar? ¿Hacia qué meta hemos de dirigir nuestros pasos?

La invitación llega desde muy lejos. La historia humana comenzó a partir de un acto de amor divino: “Hagamos al hombre”. El amor daba inicio a la vida.

Ese acto magnífico se vio turbado por la respuesta del hombre, por un pecado que significó una tragedia cósmica. Dios, a pesar de todo, no interrumpió su Amor apasionado y fiel. Prometió que vendría el Mesías.

La humanidad entera fue invitada a la espera. El Pueblo escogido, el Israel de Dios, recibió nuevos avisos, oteó que el Mesías llegaría en algún momento de la historia. El pasar de los siglos no apagó la esperanza. El Señor iba a cumplir, pronto, su promesa.

Esa invitación llega ahora a mi vida. También yo espero salir de mi pecado. También yo necesito sentir el Amor divino que me acompaña en la hora de la prueba. También yo escucho una voz profunda que me pide dejar el egoísmo para dedicarme a servir a mis hermanos.

¿Desde dónde comienzo este camino? Quizá desde la tibieza de un cristianismo apagado y pobre. Quizá desde odios profundos hacia quien me hizo daño. Quizá desde pasiones innobles que me llevan a caer continuamente en el pecado. Quizá desde la tristeza por ver tan poco amor y tantas promesas fracasadas.

La voz vuelve a llamar. En el desierto del mundo, en la soledad de la multitud urbana, en la calma de la noche invadida por los ruidos, en las risas de una fiesta sin sentido... La voz pide, suplica, espera que dé un primer paso, que abra el Evangelio, que escuche la voz de Juan el Bautista, que abandone injusticias y perezas, que mira hacia delante.

El Salvador llega. Juan lo anuncia. La voz que suena en el desierto llega hasta nosotros: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15-16).

sábado, 5 de diciembre de 2009

El predicador papal sugiere a los miembros de la Curia ser como don Camilo



Hablar personalmente con Cristo para que lo urgente no aplace lo importante


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 4 diciembre 2009 (ZENIT.org).-

La gran tentación actual del sacerdote es descuidar lo urgente por lo importante, advirtió el predicador del Papa a los miembros de la Curia Romana; por este motivo les aconsejó seguir el ejemplo de don Camilo, famoso por los diálogos con el Crucifijo.

En el año sacerdotal, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., dedicó la primera meditación de este Adviento, pronunciada en presencia de Benedicto XVI y sus colaboradores, en la capilla "Redemptoris Mater" del Vaticano al tema "Siervos y amigos de Jesucristo".

El fraile capuchino invitó a "hacer de Jesús el alma del propio sacerdocio", lo que requiere "pasar del personaje Jesús al Jesús persona", aseguró.

"El personaje es uno 'de' quien se puede hablar con gusto, pero 'a' quien nadie puede dirigirse y 'con' quien nadie puede hablar. Se puede hablar de Alejandro Magno, de Julio César, de Napoleón todo lo que se quiera, pero si uno dijera que habla con algunos de ellos, le mandarían inmediatamente con un psiquiatra".

"La persona, por el contrario, es alguien con quien se puede hablar y a quien se puede hablar. Cuando Jesús no es más que un conjunto de noticias, de dogmas o de herejías, alguien del pasado, una memoria, no una presencia, se queda en un personaje. Es necesario convencerse de que está vivo y presente. Es más importante hablar con él que hablar de Él", aseguró.

En este contexto, presentó el ejemplo de la figura de don Camilo, el sacerdote de la novela de Giovanni Guareschi, llevado a la pantalla por el cómico francés Fernandel, enfrentado a don Peppone, el alcalde comunista de un pequeño pueblo italiano de la posguerra.

En particular, recordó, según el género literario de la novela, cuando el sacerdote "habla en voz alta con el Crucifijo sobre todo lo que le sucede en la parroquia. Si nos acostumbráramos a hacerlo, con tanta espontaneidad, con nuestras palabras, ¡cuánto cambiaría en nuestra vida sacerdotal!", reconoció el padre Cantalamessa.

"Nos daremos cuenta de que no hablamos al vacío, sino a alguien que está presente, que escucha y responde, aunque quizá no en voz alta como a don Camilo", aseguró.

"Nosotros, sacerdotes, más que cualquier otro, estamos expuestos al peligro de sacrificar lo importante por lo urgente".

"La oración, la preparación de la homilía o de la misa, el estudio y la formación, son cosas importantes, pero no urgentes; si se aplazan, en apariencia, no se hunde el mundo, mientras que hay muchas cosas pequeñas --un encuentro, una llamada por teléfono, un trabajito material-- que son urgentes. De este modo, se acaba aplazando sistemáticamente lo importante a un 'después' que nunca llega", concluyó.

Por Jesús Colina

sábado, 28 de noviembre de 2009

El Adviento, preparación para la Navidad

El Adviento, preparación para la Navidad
El Adviento, preparación para la Navidad


Significado del Adviento

La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.



- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algunas ideas para vivir el Adviento
La Corona de Adviento

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

sábado, 21 de noviembre de 2009

La objeción de conciencia y los médicos católicos


Por el doctor José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC)


MADRID, sábado, 21 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención del doctor José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), en el XI Congreso "Católicos y vida pública" que se celebra en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.



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EL CONTEXTO SOCIO-SANITARIO ESPAÑOL

Un aspecto poco comentado del avance de la Cultura de la muerte es su sistemática perversión del Derecho en Occidente. Pero sólo en la singularidad del Derecho a la vida. Sería inaudito que se retorciese con idéntica torsión el derecho mercantil o el procesal. Nos crearía tantas dificultades a los adultos sanos que no se plantea, por ahora.

En España, donde esta perversión ha alcanzado cotas de récord, existe una ley que despenaliza el delito del aborto provocado en unos supuestos. Pero estos supuestos son absolutamente vacíos. Si uno no se adapta al deseo del legislador, se recurre al siguiente o al posterior. Y si ninguno se adapta, generalmente no sucede nada. Si analizamos atentamente la ley y su praxis nos encontraremos con episodios similares a los de los hermanos Marx intentando que un contrato se ajuste a sus locuras. Y si es necesario se rompe el papel por donde está escrito el artículo. El bloque ley-praxis favorece sistemáticamente la destrucción de vidas, incluida la de la madre (el padre sólo existe para pagar y no lo digo como broma). Lo triste es que se juega con vidas humanas.

En el primer supuesto clásico despenalizador, el caso de violación, no se castiga el aborto hasta las 12 semanas (la normativa no dice cómo se cuentas las semanas; y eso que existen dos maneras de hacerlo que varían en hasta dos semanas). Si una gestante ya ha superado las semanas, puede acogerse al segundo supuesto: en caso de riesgo de malformaciones, 22 semanas. Si su caso no se ajusta al segundo supuesto, se acoge al tercero: sin límite en caso de peligro psicofísico o sociológico. En el caso rarísimo de que se procese a un abortero y se le encuentre culpable, el gobierno aplicará el indulto, como ya ha sucedido en el pasado.

Además, la protección maternal con dinero público es mínima (salvo en las recientes excepciones madrileña y valenciana), los medios de comunicación social hablan siempre del "derecho a abortar" a pesar de que jurídicamente no existe tal, los colegios de médicos no intervienen o protegen a sus colegiados aborteros y las distintas administraciones descentralizadas del estado casi no mueven un dedo en la protección del no nacido.

Se añade que el aborto no es punible cuando es practicado por un médico o bajo su dirección, lo cual indica que ni siquiera ha de ser ginecólogo y que cualquiera puede realizarlo bajo la genérica dirección de un médico. El frecuente síndrome del postaborto no es contemplado en los planes públicos de salud. Y, para terminarlo de torcer, la legislación es absolutamente cruel con los restos de los niños abortados. Son sólo material biológico.

LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA

En este contexto de ley injusta y estructuras de pecado se sitúa la objeción de conciencia del médico y del resto del personal sanitario en España. No es necesario ser "católico" para ver y entender el aborto como algo extremamente repugnante. Cualquier persona de buena voluntad puede percibirlo como nosotros aunque es cierto que la fe ayuda a la razón y a mantener la voluntad en la defensa de la vida inocente. De hecho, el aborto provocado es profundamente antihumano: pertenece al inframundo.

La objeción es un derecho paradójico. Se trata del último baluarte de la persona para evitar hacer algo que le repugna profundamente. Y esto está bien. Sin embargo, la acción profundamente repugnante la llevarán a cabo probablemente otros. Uno la evita para sí pero no puede evitarla en sí. Lo repugnante se lleva a término.

La Cultura de la muerte puede tomar la objeción de diferentes maneras. Una, la liberal, afirma que la objeción existe, debe ser operativa, proviene de los Derechos humanos o directamente de la misma Constitución española (no sería necesaria más regulación, ya que toda regulación restringe derechos). Pero afirma también que si alguien quiere matar a sus hijos, no se le debe impedir. Y si algunos médicos objetan, otros llevaran a cabo el acto abortista, por lo que no se ponen especiales trabas al hecho de objetar. Además, cuanto más objetores, tanto más negocio para aquellos que no tienen escrúpulos.

Otra postura frecuente frente a la objeción es la de la regulación del derecho a objetar. Éste existe pero debe estar restringido. En ningún caso deben ponerse trabas al ejercicio del "derecho a abortar" y el médico debe remitir a la "paciente" a otro colega más "compasivo" o realizar él mismo el aborto si es muy complicado derivar a la madre. Los poderes públicos deben incluso obligar al personal sanitario a la realización de actos objetables bajo la excusa del bien público, que estaría por encima de cualquier otra consideración.

No soy partidario de regular demasiado la objeción. Ella existe y ya está en nuestro ordenamiento jurídico. Cualquier regulación restringirá su derecho. Por otra parte, la experiencia práctica en muchos países enseña que si uno es amable y trabaja con competencia profesional, los demás colegas y muchos empresarios le "toleran" algunas "manías y caprichos". Es la objeción práctica, que no requiere ninguna firma por escrito. La mayor parte de las personas no quieren trabajar en perpetuo combate. Sólo algunos con fuerte carga ideológica se permiten estar permanentemente en lucha.

Recientemente la Organización Médica Colegial de España (OMC) se ha planteado crear un registro oficial y centralizado de objetores. Creo sinceramente que sería más operativo crear un registro de médicos aborteros: son muchos menos, se controlaría quizá mejor lo que no deja de ser un delito y así se evitarían presiones hacia los médicos que respetan la vida humana. No hay que temer por la vida de los aborteros ya que el movimiento pro vida es pacífico.

La conciencia es el último baluarte de la persona, su ámbito de intimidad en el que tomará decisiones y será responsable por ellas. Los seres humanos nacemos libres (dicen unos) o nos han creado libres (pensamos otros), pero lo cierto es que somos libres y por tanto responsables. Si no fuéramos libres, la misma Declaración de los Derechos Humanos sería fatua.

Sin embargo, esta misma libertad, que significa en cada momento y para cada persona escoger entre el bien y el mal, hace que cada generación tenga que poner en práctica los derechos. No basta con el sistema, la estructura, por buenos que sean. Es necesario que cada uno ponga en práctica lo firmado. Y, como es natural en el ser humano libre, a veces, se hace lo contrario de lo que se debería hacer...

La conciencia, para sernos útil, debe estar formada, informada y afinada. A nadie puede obligarse a actuar contra su propia conciencia. Hay actos que repugnan tanto a la persona que es de humanidad respetar su conciencia. Claro que los mismos que defienden actos repugnantes o crímenes contra la humanidad no tienen por qué respetar las conciencias... Así, el derecho a la objeción de conciencia debe ser defendido con uñas y dientes. Al poder de la Cultura de la muerte no le place la objeción.

ALGUNOS EJEMPLOS DE DEFENSA PÚBLICA DE LA OBJECIÓN

La Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC) que me honro en presidir, ha tenido que luchar denodadamente para proteger los derechos de la conciencia de los sanitarios en los Estados Unidos. Así, el 3 de marzo del año en curso, la Asociación Médica Católica Americana (CMA) deploró la decisión de la administración Obama de revertir la "Health and Human Services Rule (HHS Rule)", de diciembre de 2008. Esta decisión representa una importante marcha atrás, especialmente para los médicos y el resto del personal sanitario, en cuanto a los derechos de la conciencia según la Constitución americana y las leyes federales. El presidente de la CMA afirmaba que con ello se mostraba lo lejos que estaba dispuesta a ir la administración Obama para defender y promover el aborto.

El Director ejecutivo de la CMA explicaba que no hay nada "pro-choice" en Obama. Ya ha enviado millones de dólares de los contribuyentes a las agencias extranjeras que promueven descaradamente el aborto como método de planificación familiar (algo prohibido por la Conferencia de las Naciones Unidas de El Cairo) y otros tantos millones al Fondo de las Naciones Unidas para la Población a pesar de su apoyo a la política china de abortos forzados para conseguir su política de un hijo por pareja. Ahora, Obama muestra que está dispuesto a forzar a los médicos y a los proveedores de salus de los Estados unidos a participar en abortos y otras acciones que violan la conciencia y su criterio clínico.

La "HHS Rule" protegía una parte fundamental de la libertad de los norteamericanos (libertades religiosa y de conciencia). Esta, además, se refleja en todo el mundo libre ya que los Estados Unidos son, hasta cierto punto, un modelo a seguir en muchos aspectos de nuestra convivencia. De hecho, la "HHS Rule" reflejaba y aplicaba 30 años de leyes federales establecidas que protegían la conciencia de los proveedores de salud; leyes que fueron aprobadas después de debate público y apoyo de los dos grandes partidos del país.

El presidente Obama, apuntan los médicos católicos norteamericanos, piensa evidentemente que se pueden negar los derechos de la conciencia en algunos asuntos, pero se pueden respetar en otros. Se equivoca. Negar el respeto por la conciencia en una materia amenaza el derecho de cada uno de actuar siempre en conciencia. Además, ello no conlleva una mejor asistencia sanitaria. Al contrario, el acceso a una sanidad de calidad, especialmente para las madres, queda mermado desde el momento en que los médicos de algunas especialidades como la obstetricia y la ginecología abandonan la profesión porque no pueden ejercer en conciencia. Así, la decisión del presidente Obama socava el derecho de la gente a escoger un médico cercano a sus valores. La CMA anima a todos a unirse ante este ataque a la conciencia, a la libertad y a la profesionalidad en la Medicina.

La CMA se unió al movimiento "freedom2care" (www.freedom2care.org ) y otra entidad, la Christian Medical Association, también apoyó la libertad de conciencia.

Por su parte, la propia FIAMC emitió un comunicado sobre la administración Obama y los temas de defensa de la vida. De una manera educada pero muy firme, se desenmascaraban los vicios de la nueva administración, con nombres, apellidos y hechos. Veamos un amplio resumen.

Empezamos diciendo que la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos fue un hito en la historia y la cultura de América. En tiempos de crisis económica y geoestratégica, Obama prometió ser una fuerza para un cambio positivo, reconciliación política y gobierno efectivo. Desgraciadamente, el presidente Obama ha comenzado su legislatura con acciones que minan el respeto por la vida y la dignidad humanas y la libertad de las religiones. Pedimos a los médicos católicos, a los proveedores de salud y a las personas de buena voluntad, que no ahorren esfuerzos para tratar de convencer al presidente Obama a que cambie su actitud.

Durante la campaña presidencial de 2008, algunos católicos singulares y grupos de presión católicos apoyaron a Obama basándose en parte en sus ideas de justicia económica y de política exterior, así como en su idea de intentar reducir el número de abortos aumentando las ayudas económicas a las mujeres embarazadas. Sin embargo, ya como senador, Obama tomó decisiones opuestas al respeto por la vida humana. Por ejemplo: desde hace mucho tiempo, aboga por el aborto a demanda apoyando a la Planed Parenthood, el mayor proveedor de abortos de Estados unidos; siempre se ha opuesto a poner limitaciones al aborto, incluidas aquellas leyes que requieren el consentimiento de los padres en caso de las menores de edad; como senador se opuso activamente a proteger a los niños sobrevividos a los abortos; asimismo, durante la campaña presidencial, proclamó orgulloso su apoyo a la "Freedom of Choice Act" (FOCA), una ley que permite una expansión radical del aborto (prometió firmarla como presidente).

Obama además apoya la utilización de fondos federales para investigaciones con células madre que destruyen embriones humanos. En los primeros días de su presidencia, renunció a la "Mexico City Policy", que negaba fondos federales a las agencias internacionales que promueven o ejecutan el aborto como medio de control de natalidad. De manera aún más ominosa, al renunciar a esta política, se mostró partidario de financiar con fondos federales al "United Nations Population Fund", una organización que perdió la financiación norteamericana tras colaborar con la coercitiva política china de un hijo por pareja.

El presidente norteamericano ha llenado su Gabinete y su Administración con personas favorables al aborto, incluidos Hilary Clinton, la Secretario de Estado y Rahm Emanuel, Jefe de gabinete de la Casa Blanca. Se ha opuesto a la "HHS Rule", que protegía los derechos de la conciencia de los profesionales sanitarios. Esta norma había entrado en vigor en los últimos días de la administración Bush como respuesta a las muchas amenazas a la conciencia de médicos, farmacéuticos y en general proveedores de salud en los Estados Unidos.

La FIAMC hacía un llamamiento urgente al presidente Obama para que reconsiderase su apoyo al aborto y a las investigaciones que conllevan la destrucción de embriones humanos. Además, ofrecía apoyo y oraciones para que los médicos católicos norteamericanos y de todo el mundo educaran al gran público y se opusieran a todos los esfuerzos por promover el aborto.

En los últimos meses, Obama ha realizado dos interesantes nombramientos de autoridades que respetan la vida humana. Quizá sea por su pragmatismo o quizá se trate de un milagro. Actualmente, el presidente norteamericano intenta aprobar una reforma sanitaria que no sabemos cómo dejará a la objeción.

Por su parte, Mater Care Internacional (MCI), la agencia de la FIAMC para la cooperación internacional en temas obstétricos y ginecológicos, emitió un comunicado el 4 de abril del año en curso, a cerca de la rescisión de la legislación de protección de la conciencia. Ello es especialmente grave para los profesionales de la obstetricia y la ginecología. MCI está presente en los Estados Unidos, en el reino Unido, en Australia, en Kenia, en Sierra Leona, en Ghana, en Indonesia, en Italia, en Irlanda y en Polonia. Su misión es la de garantizar, con iniciativas de servicio, docencia, investigación y lobby, basándose en los más altos estándares éticos y obstétricos, que todos los embarazos den como resultado vidas humanas, con la mayor salud y bienestar para madres y niños.

Los obstetras y ginecólogos han considerado desde hace tiempo que tienen que tratar a dos personas: la madre y el hijo. En los últimos 40 años, ha habido notables avances en las tecnologías diagnósticas. Ello ha llevado a la subespecialidad de "Medicina materno-fetal" y a poder diagnosticar y tratar al no-nacido como un segundo paciente desde el momento de la concepción. Al mismo tiempo, se ha ido introduciendo en el mundo una legislación en la que el aborto sería la base principal de la salud materno-filial. Así, se han matado incontables millones de seres humanos no nacidos en nombre de un llamado derecho de la madre a decidir. El principio médico ancestral del "primum non nocere" (lo que primero tiene que hacer el médico es no hacer daño) es un axioma que expresa esperanza, tenacidad, humildad y el reconocimiento de que el ser humano, incluso actuando con buenas intenciones, puede obtener consecuencias no deseadas.

La objeción de conciencia, afirma Mater Care, ha sido siempre algo propio de las sociedades civilizadas. Interferir el derecho de actuar contra la propia conciencia es anular el principio de autonomía del médico y los derechos de la maternidad. Forzar a los médicos a realizar actos contra la conciencia es una forma de totalitarismo. La práctica de la obstetricia el los Estados Unidos sufrirá mucho con ello. La Declaración de Ginebra, formulada después de la Segunda guerra mundial, nunca fue más pertinente: "practicaré mi profesión con conciencia y dignidad. Mantendré el máximo respeto por la vida humana, desde los tiempos de la concepción, incluso si está amenazada".

Es aceptado por los gobiernos, las profesiones y las confesiones religiosas que no es ético que los médicos cooperen en la pena capital administrando inyecciones letales o que utilicen sus habilidades quirúrgicas en amputaciones judiciales. En algunos estados ha sido imposible encontrar médicos que apliquen las legales penas de muerte: se trata de un ejemplo que podría también suceder en el caso del aborto. ¡Dios lo quiera!

El congresista John C. Fleming, médico, escribió el 6 de marzo del año en curso una carta al presidente Obama en la que hablaba abiertamente de discriminación hacia los profesionales que se niegan a realizar abortos debido a la nueva legislación.

Con todo ello se va viendo que, a pesar de los avances de la Cultura de la muerte, una parte de la sociedad internacional insiste en proteger el derecho a actuar según la propia conciencia. Esperemos que, en España, por lo menos se respete el Derecho a la objeción y que haya muchos objetores, lo que salvaría, sin duda alguna, numerosas vidas.

Termino con unas palabras trazadas con mano temblorosa por el mártir de la conciencia beato austríaco Franz Jägerstätter. Él se negó a servir a la ideología nazi y, en agosto de 1943, en la prisión militar de Berlín-Tegel dejó escrito: "Aunque escriba con las manos encadenadas, es preferible a tener la voluntad encadenada. A veces, Dios se manifiesta dando fuerza a quienes le aman y no anteponen las cosas terrenales a las realidades eternas. Ni el calabozo, ni las cadenas, ni siquiera la muerte pueden separar a alguien del amor de Dios, ni arrebatarle la fe y el libre albedrío. El poder de Dios es invencible".

domingo, 15 de noviembre de 2009

Obispos de México ante la sangre y la droga: “¡Ya basta!”


Llamamiento a los gobernantes a superar la corrupción


MÉXICO, sábado, 14 de noviembre de 2009 (ZENIT.org-El Observador).- Los obispos mexicanos, reunidos en la Asamblea General número 88, han emitido un documento que hace frente al tema de la inseguridad y la violencia que vive México. Por el interés que reviste, publicamos el documento en su integridad.

* * *

Les anunciamos a Jesucristo "su venida nos ha traído la buena noticia de la paz" ( Ef. 2,17)

Mensaje del Episcopado Mexicano al Pueblo de México

"La paz esté con ustedes" (Jn 20,19). Con el saludo de Jesús Resucitado, víctima inocente, los Obispos de México saludamos a todos los fieles de la Iglesia católica y a todos los hombres y mujeres a quienes mucho ama el Señor. Ante la realidad de inseguridad y violencia que vivimos en nuestro país, queremos alentar la esperanza de quienes viven con miedo, angustia e indignación. Como pastores que tenemos la misión de promover la reconciliación y la paz, los invitamos a volver la mirada al Señor, porque El es nuestra Paz. El ha llamado bienaventurados a todos aquellos que hambrientos y sedientos de Justicia, se empeñan por construir la Paz (cf. Mt.5, 6.9).

Nos desgarra la sangre derramada: la de los niños abortados, la de las mujeres asesinadas, las víctimas de secuestros y asaltos y extorsiones, los que han caído en la confrontación entre las bandas, los que han muerto en la lucha contra el crimen organizado y los que han sido ejecutados con crueldad y con una frialdad inhumana. Nos interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre y el miedo de tantas personas que lloran la pérdida de seres queridos. Nos cuestiona más que de la indignación y el coraje natural, lo que empieza a brotar en el corazón de muchos mexicanos: la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano.

Podríamos enumerar múltiples factores: la corrupción que invade las instituciones y ámbitos, la pobreza, la desigualdad, la impunidad, la falta de oportunidades, el afán de lucro y de ganancia fácil, la insensibilidad de los actores políticos y sociales que velan solo por sus intereses personales o de grupo; pero en el fondo lo más preocupante es el desprecio por la vida, el ser humano convertido en mercancía, en objeto desechable. Estamos perdiendo la conciencia de la dignidad de la persona humana y la capacidad de vernos como hermanos.

En lugar de buscar culpables y de lanzarnos mutuamente acusaciones, llamamos a todos y cada uno de los mexicanos y mexicanas a asumir la propia responsabilidad, dejando atrás complicidades, y actitudes pasivas y complacientes. Nosotros mismos como obispos reconocemos habernos conformado muchas veces con una evangelización superficial y una religiosidad cultual y pedimos perdón por la incongruencia de vida y el anti testimonio de muchos bautizados.

¿Qué significa ser cristiano en estas circunstancias? ¿Qué palabra de esperanza podemos dar los pastores de la Iglesia? ¿Cómo vencer la sensación de impotencia que muchos compartimos y al mismo tiempo ofrecer a este grave problema una solución que se aparte de la sin razón de la violencia? Estamos ante un problema que no se solucionará sólo con la aplicación de la justicia y el derecho, sino fundamentalmente con la conversión. La represión controla e inhibe temporalmente la violencia, pero nunca la supera.

Los cristianos sabemos que la solución al problema del mal es más honda y compleja. Los actos de violencia que presenciamos y sufrimos no son sino síntomas de otra lucha más radical, donde nos jugamos de veras el futuro de nuestra Patria y de la humanidad. El ser humano es el campo de batalla de tendencias opuestas, una a la humanización y otra a la deshumanización, y la fe cristiana muestra que sólo el ser humano que se ha reencontrado con su vocación trascendente , es capaz de salir victorioso de este conflicto. Sólo en Cristo encontramos nuestra verdadera y plena identidad humana.

Nos acercamos a esta realidad a la luz de la fe, con una mirada crítica y realista, pero también esperanzadora porque estamos convencidos de que, por encima del mal que oprime al ser humano, está la acción redentora y salvífica de Dios realizada en Jesucristo. Nuestro quehacer eclesial nos compromete profundamente a trabajar por la humanización y restauración del tejido social de nuestra Patria, convencidos del valor de toda vida humana llamada a participar de la plenitud de la vida divina, porque Dios «no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan y tengan vida.» (2 Pe 3,9).

Ofrecemos en esta situación al servicio de nuestra Patria, lo que la Iglesia tiene como propio, una visión global y trascendente del hombre y de la humanidad. En Cristo, Dios nuestro Padre nos llama a formar una humanidad nueva, animada por su Espíritu. Sólo si hay mujeres y hombres nuevos habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. Por eso consideramos que lo primero que hay que hacer para superar la crisis de inseguridad y violencia es la renovación de los corazones. Vivir el Evangelio nos hace ser hermanos y constructores de Paz, pues "nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos..." (1Jn. 3,14).

La primera e inaplazable tarea es una formación y educación integral que lleve a la persona a descubrir su vocación trascendente, a tomar conciencia de la dignidad propia y de todo ser humano, que capacite para el diálogo y la fraternidad y que inculque el amor y respeto a la naturaleza. A ello queremos dirigir nuestros esfuerzos, encauzar nuestras energías, dedicar nuestros desvelos. Al mismo tiempo, invitamos a todos los hombres y mujeres, a las familias, a la sociedad y al Estado a hacer lo mismo. Hoy como siempre es una exigencia destinar nuestros mejores recursos en la formación de las personas y en la promoción de condiciones de vida digna para todos.

Los jóvenes, adolescentes y niños de México, son semillas de esperanza para la transformación que deseamos. En la actualidad el modo común de pensar, se orienta hacia el tener, el bienestar, la influencia, el éxito, la fama, el placer, etc. Es el "ego" el que permanece en el centro del mundo. Solo la novedad de la vida en Cristo puede darles una nueva mentalidad, formas nuevas de relacionarse con las personas con las que conviven día con día, , les permitirá construir familias sanas y comunidades justas, los capacitará para solucionar de manera pacífica los conflictos y para ser solidarios y misericordiosos con los que sufren. Los invitamos a usar positivamente los medios de la era digital, para crear comunión y paz, evitando aislarse en unas relaciones meramente virtuales.

11. Vivimos tiempos difíciles pero tenemos la certeza de que Cristo venció a la muerte y en Él hemos puesto nuestra confianza (2 Tim 1,12). El caminar histórico de nuestro pueblo mexicano no ha sido fácil, pero siempre ha contado la nobleza de sus hombres y de sus mujeres. Hoy no puede ser distinto, pero debemos reconciliarnos para reconstituir el tejido social y la unidad nacional en la riqueza de la pluralidad de nuestras culturas y de la sociedad. Debemos unirnos en la construcción de la paz y en el impulso del desarrollo humano integral y solidario de nuestro pueblo.

12. Hacemos un llamado a los gobernantes, a procurar verdaderamente la justicia, superando la corrupción y la impunidad, perseguir a lo que fortalece el negocio del narco, el dinero sucio y las complicidades ilícitas.

A los ciudadanos los exhortamos a hacerse responsables unos de otros, cuidándose y animándose mutuamente. La unidad nos hace fuertes y nos protege.

De manera especial a las víctimas de la violencia en todas sus formas, queremos decirles que no están solos, los obispos, sacerdotes y agentes de pastoral, nos comprometemos a acompañarlos en su dolor. La noche del sufrimiento es un reto para su fe, vuelvan su mirada y contemplen a Cristo crucificado, para que perdonando puedan transformar su dolor y su coraje en esperanza de vida nueva.

El negocio de la droga es un ídolo que seduce, promete bienestar y vida pero solo engendra violencia y muerte; por eso a todos los involucrados en este sucio negocio: a los productores, traficantes, comercializadores y consumidores, les hacemos un fuerte llamado ¡¡YA BASTA¡¡ ya no se dañen a sí mismos y ya no sigan causando tanto daño y dolor a nuestros jóvenes, nuestra familias y a nuestra patria.

13. Pronto pondremos a su alcance una reflexión más profunda sobre esta situación, explicitando las exigencias irrenunciables de la vida cristiana; pero desde ahora nos ponemos al servicio de la reconciliación, aunque esto nos reporte incomodidades. Les ofrecemos nuestra disposición a caminar con todos los católicos y con todos los hombres y mujeres de México en la búsqueda de la patria nueva que todos anhelamos. Pedimos sus oraciones y les ofrecemos las nuestras, confiamos este momento de la vida de nuestra nación al maternal amparo de Santa María de Guadalupe. Nos acogemos a su regazo e imploramos su bendición para que «en su casa, que es toda nuestra Patria, logremos reconocernos hermanos y vivir en fraternidad.» (Conferencia del Episcopado Mexicano, Mensaje No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, No. 66).

Nos despedimos con las palabras de Jesús: "¡ANIMO, NO TENGAN MIEDO, YO HE VENCIDO EL MUNDO¡" (cf. Jn. 16, 33 b).

Por los Obispos de México

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla

Presidente de la CEM

+ Víctor René Rodríguez Gómez

Obispo Auxiliar de Texcoco;

Secretario General de la CEM

sábado, 7 de noviembre de 2009

Defender el medio ambiente requiere una “ecología realmente humana”


Carta conjunta del CCEE y la KEK a las Iglesias en Europa



GINEBRA/SAN GALO, viernes 6 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-

“Sólo con una ecología realmente humana, que tenga en cuenta los derechos pero también las responsabilidades que tenemos los unos con los otros y con las futuras generaciones, se puede dar una atención mejor al medio ambiente”.

Lo afirman la Conferencia de Iglesias Europeas (KEK) y el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) en una carta conjunta dirigida a las Iglesias en Europa con motivo de la Conferencia, sobre el clima, de las Naciones Unidas, que tendrá lugar en Copenhague (Dinamarca) del 7 al 18 del próximo mes de diciembre.

“El cambio climático –se lee en el texto, titulado “La Iglesia responde al cambio climático”- representa un problema para cada uno de nosotros”: “invierte la vida de todo el planeta” y es “una de las preocupaciones fundamentales que debemos afrontar”.

La carta está firmada por el padre Duarte da Cunha y por Colin Williams, Secretario General del CCEE y de la KEK respectivamente.

Recuerda que “la tierra y todos sus ecosistemas constituyen un don precioso que hemos recibido de Dios”.

También indica que, frente a la crisis global –“económica, medioambiental o de otro tipo- todos están “llamados a vivir de modo en que se muestre la fe, la esperanza y el amor que tenemos a Dios, así como nuestro respeto por toda Su creación”.

”En un mundo dotado de recursos naturales limitados, debemos promover un estilo de vida que prevenga todo tipo de abuso de los dones de Dios en la creación y promueva una sabia administración de todo lo que Dios nos ha dado en la Creación”, destaca el documento.

La carta también señala en este sentido la necesidad de reducir la dependencia del creciente consumo de energía, “en particular de aquella conseguida a través de productos de origen fósil”.

En este compromiso, los países industrializados deben colocarse “en primera línea”, también por su responsabilidad “por las décadas de acumulación de los gases efecto invernadero en la atmósfera terrestre”.

Propuestas para un futuro distinto

El CCEE y la KEK destacan que en la Conferencia sobre clima de Copenhague “se tomarán importantes decisiones que influirán en muchos aspectos de nuestra vida, si no de ahora, del futuro inmediato”.

Igualmente, se declaran convencidos de que “los problemas debatidos en la Conferencia y los desafíos que debemos afrontar no sólo están relacionados con los aspectos técnicos del cambio climático”.

“Ética, cultura, fe y religión son elementos sustanciales de nuestro estilo de vida y deben ser tenidos en cuenta si se quiere afrontar el cambio climático de manera eficaz y asegurar un desarrollo humano integral”, añaden.

A la luz de ello, exhortan a las Iglesias y a los cristianos en Europa a adoptar “medidas apropiadas para afrontar el desafío del cambio climático en las próximas semanas”.

Para empezar, animan “a enfrentarse a sus respectivos Gobiernos e invitarlos, con valiente generosidad, a llevar a cabo una acción fuerte con el fin de mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático”.

”El impacto sobre la crisis económica no debe representar una excusa para evitar una acción eficaz de la tutela del medio ambiente”, declaran.

Las Iglesias en Europa son también animadas a observar que “el desafío del cambio climático es una cuestión de justicia” porque los que han aportado una contribución menor al problema del cambio climático, viviendo en regiones menos desarrolladas y menos industrializadas, “son los primeros en sentir los efectos”.

La KEK y el CCEE reconocen que el cambio climático puede causar “sufrimientos y privaciones incalculables”, “obstaculizar el desarrollo humano integral y dañar la Creación”.

Invitan a las Iglesias “a participar en iniciativas para ahorrar energía y en la promoción de las energías renovables, a afrontar los efectos negativos del cambio climático y a educar en el sentido de responsabilidad ecológica destinada a la salvaguardia de una auténtica ecología humana”.

Los firmantes de la carta piden finalmente a las Iglesias “comprometerse en la oración común, en solidaridad con los que sufren los efectos negativos del cambio climático, en una búsqueda común de la sabiduría y de la perseverancia para modificar nuestros estilos de vida inapropiados”.

En este contexto, el domingo 13 de diciembre se ha organizado un acto de culto ecuménico en la catedral luterana de Copenhague.

A las 15 horas, las iglesias de Dinamarca harán sonar sus campanas, y cristianos de todo el mundo están invitados a hacerse eco haciendo sonar 350 veces sus propias campanas a las tres de la tarde hora local.

La iniciativa (www.bellringing350.org) se alargará durante un largo espacio de tiempo que, partiendo desde las Islas Fiji, en el Pacífico Sur –“que es la primera región en la que sale el sol, donde los efectos del cambio climático ya se hacen notar”-, llegará hasta la Europa septentrional, pasando por todo el mundo.

“Pedimos a Dios su gracia y la sabiduría para lograr los medios para afrontar los desafíos de la actual crisis medioambiental –concluye la carta-. Hagámoslo en respuesta a la llamada de Jesús en el Evangelio a promover sociedades que pongan en práctica la justicia y la solidaridad”.

sábado, 31 de octubre de 2009

Todos los santos: “¡Al Cielo, al Cielo, al Cielo quiero ir!”



Meditación del padre Pedro García, misionero claretiano


ROMA, viernes 30 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la meditación que ha escrito el padre Pedro García, misionero claretiano, conocido evangelizador en América Central, sobre la solemnidad de Todos los santos, que la Iglesia celebra este domingo, 1 de noviembre.

* * *

Una canción inocente -¡y tan inocente, como que era una canción para niños del catecismo!- decía con tonada también muy simple: ¡Al Cielo, al Cielo, al Cielo quiero ir!... Y lo repetía: ¡Al Cielo, al Cielo, al Cielo quiero ir!... Pero ahora se me ocurre preguntar: ¿y no habrá más profundidad de la que imaginamos en un canto que nos gustaba de niños y que ahora ya no entonaríamos por nada?...

Porque la realidad de la Persona humana es ésta: busca la felicidad; una felicidad plena; la felicidad de un amor que le sacie todas las aspiraciones del corazón; una felicidad sobre todo que no acabe nunca; y, por lo mismo, una felicidad que no tenga en perspectiva el final traído por una muerte inexorable...

Esta es la realidad nuestra. La de todo hombre y de toda mujer. La del anciano y la del niño. La de todos sin excepción.

Y, a ver, ¿cuándo y dónde se da esa felicidad en el mundo? Nunca y en ninguna parte. Pues aunque se tenga de momento todo lo que se ha deseado, siempre subsistirá la certeza de que todo ha de acabar un día. Entonces, la vida se convierte necesariamente en un fracaso.

Pero esto no lo podemos decir. Porque sería insinuar una blasfemia contra Dios, que nos habría hecho expresamente para ese fracaso tan cierto, tan seguro, tan destructor.

Por eso acudimos a la fe. Y la fe nos dice todo lo contrario acerca de esa experiencia humana. La fe nos asegura que estamos hechos para una felicidad total, plena, inacabable. Una felicidad, sin embargo, que no es de este mundo sino de otro que esperamos. Felicidad que en el lenguaje cristiano la llamamos Cielo.

Si esto es verdad, ¿cantan o no cantan bien los niños? ¿tenemos para reír o tenemos para meditar con esas palabras y esas notas infantiles?...

Ya se ve a dónde vamos con esta consideración en la Fiesta de Todos los Santos que celebramos hoy. Este día se centra en esa palabra que encierra nuestra esperanza, el Cielo, donde se encuentran ya tantos hermanos nuestros y hacia donde tienden irresistiblemente nuestras almas. Una fiesta hermosa de verdad, llena de dulce nostalgia y que nos estimula a seguir con coraje por el camino de la vida.

Por una parte, es una celebración en honor de todos nuestros hermanos en la fe que ya triunfaron y están en la gloria de Dios para siempre. Cada uno de ellos se merecería una fiesta suya, una fiesta especial. Pero ante esa imposibilidad de millones y millones de fiestas en el apretado calendario de trescientos sesenta y cinco días al año, la Iglesia los engloba a todos en una sola festividad, que es toda para todos los Santos y Santas, y para cada uno en particular como si nadie más estuviera en el Cielo.

Les felicitamos a todos y a cada uno. Le damos gracias a Dios por la gloria de cada uno en particular. Y pedimos a cada uno de ellos que interceda por nosotros, hasta que estemos todos juntos en la misma felicidad que ellos ya disfrutan y que nadie les puede arrebatar. Por otra parte, esta fiesta la celebramos por nosotros mismos como fiesta de nuestra

esperanza.

La esperanza no confunde, nos dice el apóstol San Pablo. Quien camina por la vida

suspirando por el Cielo, es una persona que no se equivoca nunca. Es la imagen más opuesta al pobre que no sabe de dónde viene ni a dónde va.

Ocurrió en la persecución contra la Iglesia en Vietnam, de la antigua Indochina, donde corrió tanta sangre cristiana. Un niño -inteligente, bien instruido en la doctrina- se encuentra ante el mandarín, y le pide con resolución:

- Mandarín, dame un sablazo en el cuello para poder ir a mi patria.

El Mandarín no entiende nada.

- ¿A tu patria? ¿Dónde está tu patria? ¿Qué no eres de Indochina, o qué?...

- Mi patria está en el Cielo.

- Oye, niño, ¿dónde están tus padres?

- Están en el Cielo, porque murieron por su fe. Yo quiero irme con ellos. Dame un

sablazo.

Este muchachito caminaba por la vida con la misma precisión y seguridad que un gran Obispo y Doctor de la Iglesia como era San Basilio, que contestó al ser interrogado sobre su ciudadanía:

- Soy de aquellas inmensas alturas de la grandiosa patria mía.

Cuando suspiramos con vehemencia por aquella felicidad que Dios nos promete, glorificamos al mismo Dios, porque ponemos en ejercicio esa esperanza que, junto con la fe y el amor, nos infundió con la gracia en el Bautismo.

Al soñar en el Cielo, reconocemos que sólo Dios puede llenar todas las aspiraciones de nuestro corazón. Todo lo que no es Dios y no lleva a Dios se resuelve al fin en un fracaso -¡y ése sí que es fracaso de verdad!-, mientras que el tender siempre a Dios hasta poseerlo en su propia felicidad es la realización plena de la persona. No se tiene miedo a nada y se camina con seguridad en todos los pasos de la vida.

Nunca como en esta fiesta nos damos cuenta de la verdad que entraña la frase más repetida del gran san Agustín, que le dice a Dios:

- Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está siempre inquieto, y en continua zozobra, hasta que descanse en ti.

No solamente los niños -los primeros candidatos al Reino de los Cielos-, sino también nosotros los mayores, ¡al Cielo, al Cielo, al Cielo queremos ir!...

sábado, 24 de octubre de 2009

Hay padres que son "tóxicos" para sus hijos


Richard Friedman
The New York Times

NUEVA YORK.; Uno se puede divorciar de un cónyuge abusivo y terminar una relación con un amante que lo maltrata, pero ¿se puede hacer si el origen de la aflicción son los propios padres?

Es cierto que ningún padre es perfecto y quejarse de los errores de los progenitores, sean o no reales, es prácticamente un pasatiempo que mantiene debidamente ocupados a los terapeutas.

Pero así como hay padres bastante buenos que, misteriosamente, producen un hijo problemático, hay personas aceptables que tienen la desgracia de tener padres verdaderamente "tóxicos".

Recientemente, una encantadora mujer de unos 60 años, con depresión, concurrió al consultorio para pedir consejo sobre cómo tratar a su anciana madre. "Ella ha sido siempre extremadamente abusiva conmigo y con mis hermanos ?dijo?. Una vez, para mi cumpleaños me dejó un mensaje deseándome que me enfermara. ¿Puede creerlo?" Durante años, la paciente trató de tener una relación con su madre, pero los encuentros eran siempre dolorosos y desconcertantes. Su madre siguió siendo duramente crítica y degradante.

No estaba claro si ésta estaba mentalmente enferma o si, simplemente, era malvada, o ambas cosas al mismo tiempo, pero sin dudas la paciente hacía rato que había decidido que la única manera de manejar la situación era evitarla a toda costa.

Ahora que su progenitora se acercaba a la muerte, ella quería realizar un último esfuerzo de reconciliación. "Siento que debería intentarlo -dijo-, pero sé que ella será malísima."

¿Debía visitarla y quizá perdonarla, o protegerse a sí misma y vivir con sentimiento de culpa, si bien injustificado? Una dura decisión y ciertamente no era yo quién debía tomarla. Pero me hizo reflexionar sobre cómo debemos los terapeutas tratar a los pacientes adultos que tienen padres "tóxicos".

El tema tiene poca o ninguna presencia en los libros de texto o en la literatura psiquiátrica, lo que quizá refleje la noción común y equivocada de que los adultos, contrariamente a los niños y los ancianos, no son vulnerables al abuso emocional.

Muy a menudo tendemos a salvar las relaciones, incluso aquellas que podrían ser dañinas para nosotros. Sin embargo, es importante evaluar si mantener una relación así es realmente sano y deseable.

Igualmente, asumir que los padres están predispuestos a amar a sus hijos de manera incondicional no siempre es exacto. Recuerdo a un paciente de alrededor de 25 años que me consultó por depresión y muy baja autoestima.

No llevó mucho tiempo saber la razón. Hacía poco que había confesado a sus padres, devotos creyentes, que era homosexual. Ellos lo repudiaron. Peor aún, más tarde, en una cena familiar, el padre le dijo que hubiera sido mejor que hubiera muerto él en lugar de su hermano más joven que había fallecido en un accidente automovilístico varios años antes.

A pesar de sentirse herido y enojado, el joven todavía esperaba ser aceptado y me solicitó un encuentro con su madre y su padre. La sesión no salió bien. Los padres insistieron en que su "estilo de vida" era un grave pecado. Cuando intenté explicar que el consenso científico era que él no tenía más opción respecto a su orientación sexual que la que tenía con el color de sus ojos, permanecieron impasibles. Simplemente no podían aceptarlo tal cual era.

Me convencí de que eran una amenaza psicológica y que tenía que hacer algo que nunca había considerado antes en un tratamiento.

En la sesión siguiente, sugerí que para su bienestar psicológico debía considerar, por el momento, evitar la relación con sus padres. Sentí que era una medida drástica, como amputar un miembro gangrenado para salvar la vida de un paciente. El joven no podría escapar de todos los sentimientos y pensamientos negativos que había internalizado gracias a sus padres. Lo menos que podía hacer era protegerlo del daño psicológico. Pero era más fácil decir que hacer. Aceptó mi sugerencia con triste resignación y, a pesar de que hizo algunos esfuerzos para contactarlos, nunca le respondieron.

Por supuesto, incluso los padres más abusivos pueden, a veces, ser afectuosos y, por eso, romper un vínculo debería ser una decisión excepcional. La doctora Judith Lewis Herman, experta en trauma y profesora de psiquiatría clínica de la Escuela de Medicina de Harvard, afirmó que ella trataba de autorizar a sus pacientes a tomar una decisión para protegerse a sí mismos sin brindarles un consejo directo.

"A veces, le decimos al paciente: «Realmente, lo admiro por su lealtad hacia sus padres, incluso a expensas de no protegerse a sí mismo del daño»", manifestó.

La esperanza es que los pacientes lleguen a ver el costo psicológico de una relación dañina y que actúen en consecuencia. Finalmente, el paciente logró una recuperación, a pesar de que la ausencia de sus padres en su vida nunca abandonó sus pensamientos.

No nos asombra. Las investigaciones sobre vínculos tempranos, tanto en humanos como en primates, muestra que estamos muy ligados a los lazos afectivos, incluso a aquellos que no son buenos para nosotros.

También sabemos que, a pesar de que un trauma infantil prolongado puede ser "tóxico" para el cerebro, los adultos conservan la habilidad de renovar sus cerebros con nuevas experiencias, incluidas la terapia y la medicación psicotrópica.

Por ejemplo, el estrés prolongado puede matar células en el hipocampo, área cerebral importante para la memoria. La buena noticia es que los adultos pueden desarrollar neuronas nuevas en esta área en el curso del desarrollo normal. También los antidepresivos alientan el desarrollo de nuevas células en el hipocampo.

No es exagerado entonces decir que tener padres "tóxicos" puede ser dañino para el cerebro de un niño, ni que hablar para sus sentimientos. Pero ese daño no necesariamente tiene que quedar escrito como en una piedra. No podemos borrar la historia con la terapia, pero podemos ayudar a reparar el cerebro y la mente al quitar o reducir el estrés. A veces, aunque suene drástico, eso significa alejarse de un padre "tóxico".

Richard A. Friedman es profesor de psiquiatría del Weill Cornell Medical College

Traducción: María Elena Rey

sábado, 17 de octubre de 2009

Monseñor Migliore: el miedo al “boom demográfico” era infundado


El observador vaticano ante la ONU pide que se garantice el bien de los niños


NUEVA YORK, viernes, 16 octubre 2009 (ZENIT.org).-

Garantizar el bienestar de los niños es “fundamental para asegurar que las generaciones futuras puedan saber rechazar la pobreza y la mortalidad infantil como vestigios históricos más que como una realidad cotidiana”. Lo dijo el observador vaticano ante la ONU, monseñor Migliore, ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, intervino sobre este tema en la 64 sesión de la Asamblea General de este organismo, en la conmemoración del 15 aniversario de la conferencia internacional sobre Población y Desarrollo (ICPD), celebrada en El Cairo en 1994.

La renovación de los esfuerzos para responder a la salud integral y a las necesidades sociales de la comunidad, observó, implica “tener en cuenta las necesidades sociales, culturales y espirituales de todos”, sobre todo de los más vulnerables.

Cuando los estados se reunieron en El Cairo en 1994, reconoció monseñor Migliore, muchos de ellos “tenían la impresión de que se verificaría una explosión demográfica que habría obstaculizado la posibilidad de lograr un adecuado desarrollo económico global”.

Quince años después se ha constatado que esta percepción era “infundada”.

En muchos países desarrollado el crecimiento de la población “ha disminuído hasta el punto de que algunos legisladores nacionales está ahora impulsando un aumento de las tasas de natalidad para asegurar un crecimiento económico continuado”.

Numerosos países pobres, por su parte, han experimentado un crecimiento “con tasas anteriormente no alcanzadas”, y el mayor desafío al desarrollo “no es la explosión de la población sino la irresponsable gestión económica a nivel mundial y local”.

“El ingenio humano y la capacidad de las personas de colaborar –añadió el prelado--, han demostrado además que los hombres son ‘el mayor recurso mundial’”.

La conferencia internacional sobre Población y Desarrollo, constató el observador permanente, “ha subrayado la necesidad de que los estados promuevan y refuercen a la familia como elemento fundamental para producir un mayor desarrollo social y económico”.

“La presencia cada vez mayor de las mujeres en el mercado de trabajo ha causado nuevos desafíos para la familia y las mujeres, tanto en el sector laboral como en casa”, añadió.

“La explotación sexual y económica, el tráfico de mujeres y jóvenes y las prácticas discriminatorias en el mercado laboral han desafiado a los gobiernos a promover y aplicar políticas para poner fin a estas injusticias y a sostener a la familia en sus responsabilidades”.

En su intervención, el prelado habló también de las políticas demográficas, recordando que deben tener en cuenta las necesidades de los migrantes como parte de la “responsabilidad global de poner a la persona humana en el centro de todas las políticas de desarrollo”.

Demasiado a menudo, subrayó, las migraciones son consideradas “una consecuencia involuntaria de la globalización” y los estereotipos negativos sobre los migrantes son usados para “promover políticas que tienen un efecto deshumanizador”.

Por esto, el arzobispo exhortó a reconocer “los beneficios compartidos de las migraciones”, subrayando el hecho de que los migrantes “a menudo proporcionan competencias necesarias a los países de destino, asegurando al mismo tiempo un precioso apoyo a sus países de origen”.

Del mismo modo, pidió “afrontar las razones que están en la base de las migraciones y aprobar políticas que defiendan del tráfico a los migrantes”.

Según el arzobispo Migliore, el llamamiento de la ICPD a una enseñanza de calidad “sigue siendo el medio más eficaz para promover un desarrollo económico, social y político sostenible”.

“Es superfluo decir que el acceso a la enseñanza para mujeres y niños a todos los niveles está en el centro del refuerzo de las mujeres en la sociedad y de la promoción de la igualdad entre los sexos”, añadió.

Para el prelado, afrontando el papel del ICPD sobre salud materna se han realizado, “demasiado a menudo” intentos de “promover una noción de salud sexual y reproductiva que va en detrimento de la vida humana no nacida y de la necesidad de las mujeres y de los hombres en la sociedad”.

“Sugerir que la salud reproductiva incluye un derecho al aborto viola explícitamente el lenguaje de la ICPD, desafía los estándares legales y morales en las comunidades locales y divide los esfuerzos para afrontar las necesidades reales de madres y niños”, concluyó.

Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín

sábado, 10 de octubre de 2009

Obispo de Libia: Europa no es cristiana con los clandestinos


Explica monseñor Giovanni Innocenzo Martinelli, O.F.M.


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 de octubre, de 2009 (ZENIT.org).-

Un obispo que participa en el Sínodo de los Obispos de África ha denunciado que Europa no trata de manera cristiana a los inmigrantes, en particular los clandestinos, que llegan la otra orilla de sus costas.

Monseñor Giovanni Innocenzo Martinelli, O.F.M., vicario apostólico de Trípoli, ha ilustrado el drama de tantos hombres y mujeres que llegan a Libia huyendo de la guerra y la miseria de muchos países africanos, buscando a toda costa atravesar el mar para alcanzar las costas del viejo continente.

En la pausa para la comida de la jornada de este viernes, monseñor Martinelli ha explicado a los informadores, entre los que se encontraba ZENIT, que su Iglesia se compone de extranjeros: "muchos son trabajadores procedentes de Asia, en su mayoría filipinos, empleados en multinacionales. Junto a ellos, otros son africanos de diferentes estados, sobre todo subsaharianos".

La mayoría de estos últimos ven en Libia el puente hacia las costas italianas.

En el país hay entre 5 mil y 10 mil eritreos, no se cuenta con datos precisos, que "no pueden volver a su tierra, pues sus aldeas están arrasadas por la guerra, y están determinados a quedarse o a atravesar el mar, aunque les cueste la vida".

En medio del debate que se da en estos momentos en Europa sobre la inmigración clandestina, el prelado reconoce que "no es un fenómeno positivo", ahora bien, "la manera en que se comporta Europa con las personas afectadas por este fenómeno no es civil ni cristiano: son hermanos nuestros".

Quienes son expulsados de las costas italianas y del Mediterráneo, son encerrados en centros líbicos de inmigrantes o en las cárceles, en el caso en que se les acuse de haber hecho algo contra la ley.

Los representantes de la Iglesia católica en Liba, que en el Sínodo ha sido felicitada por el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, por el compromiso en la acogida de migrantes, visita constantemente esos centros y las prisiones.

Además de monseñor Martinelli, en Trípoli, hay seis sacerdotes y unas treinta religiosas que trabajan en los centros sociales; un sacerdote presta su ministerio en el Sáhara desde hace más de 20 años y otro obispo desempeña su ministerio en Bengasi, monseñor Sylvester Carmel Magro, O.F.M.

"Las autoridades líbicas no nos niegan los permisos y los responsables de los centros nos piden ayuda cuando tienen necesidad de medicinas. Los directores de las prisiones también demuestran sensibilidad humanitaria y no cierran los ojos ante las situaciones de necesidad", reconoce.

"Liba hace lo que puede con los inmigrantes; al menos, les da de comer y no nos impide visitarles. Se trata de un problema que supera sus fuerzas", pero eso pide a Europa que ayude a su país a afrontar la emergencia: "¡No basta expulsar a las personas!".

"Europa debería ayudar a estas personas en sus países de origen, por ejemplo, en Nigeria o el Congo, prestando atención a la manera en que se distribuyen las ayudas".

El obispo muestra una compasión particular por las mujeres, "traídas con la promesa de un trabajo bien pagado, obligadas después a la prostitución o a la esclavitud. Otras, sobre todo de Eritrea, han perdido el marido pues se encuentra huido o en prisión, y llegan embarazadas o con hijos pequeños, decididas a encontrar una posibilidad de trabajo"

El prelado explica que centenares de estas mujeres se reúnen el viernes, en la iglesia de Trípoli, para recibir un paquete de comida y ropa para los niños.

El viernes, el día de fiesta en Libia, se celebra también la misa a la que pueden asistir los cristianos.

"Cuando veo a toda esta gente que reza con fervor --confiesa monseñor Martinelli a los periodistas-- siento un escalofrío. Es impresionante su valentía para agarrarse a la fe y encontrar una esperanza".

"Los europeos --concluye Martinelli-- tienen miedo de estas personas desesperadas, pero se trata de un miedo en buena parte injustificado. Si les viéramos como cristianos, descubriríamos con qué intensidad viven su fe. De hecho, no son más que seres humanos en búsqueda de un trabajo para huir de la miseria de su país".

Por Chiara Santomiero

domingo, 4 de octubre de 2009

Libertad construida sobre la verdad


Por Giovanni Maria Vian, director del diario vaticano


CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 3 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el análisis que ha realizado el director de "L'Osservatore Romano", Giovanni Maria Vian, de la visita apostólica de Benedicto XVI a la República Checa, del 26 al 28 de septiembre.



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Una visita no sólo marcada por un evidente éxito; sino que, además, tendrá efectos duraderos. Así resumió el presidente checo Václav Klaus el viaje de Benedicto XVI a su país. Con un importante reconocimiento por parte de un exponente político no católico respecto al Papa y sus palabras, supo mostrar un respeto y una atención realmente admirables, que de algún modo representan la actitud generalizada en la República Checa, también gracias a una amplia cobertura de los medios de comunicación, menos sensibles en otros lugares al significado auténtico del itinerario papal. No hay que olvidar que el viaje del Sucesor de Pedro -después de los tres de Juan Pablo II a esas mismas tierras- ha querido anticipar el vigésimo aniversario del fin del comunismo europeo, que en la entonces Checoslovaquia tomó el nombre de "revolución de terciopelo". Un acontecimiento que, después de los decenios plúmbeos de los regímenes totalitarios ateos, involucró a buena parte de Europa central y oriental, cambiando el rostro del continente.

A la rebelión pacífica que puso fin a una época de opresión, fruto de una resistencia común de católicos y no católicos, siguió una situación nueva, donde el materialismo ateo ha dejado paso al práctico. Y si la dictadura estaba fundada sobre la mentira -según las palabras de Václav Havel citadas por Benedicto XVI-, hoy la libertad necesita ser construida sobre la verdad, a cuya búsqueda están llamados todos sin distinción, y promoviendo el bien común.

Por eso los discursos del Papa insistieron repetidamente en la verdad y por eso se escucharon sus palabras apasionadas y comprometedoras, incluso en un ambiente declaradamente agnóstico como el de la universidad de Praga, donde la intervención del antiguo "profesor, atento al derecho de la libertad académica y a la responsabilidad en el uso auténtico de la razón", fue acogida con un larguísimo aplauso que causó asombro.

Benedicto XVI ha honrado la historia del país y de sus mártires -desde el duque Wenceslao hasta las víctimas del comunismo- y exaltó las tradiciones culturales de las tierras de Bohemia y Moravia, escuchando el Te Deum de Anton Dvorák y escogiendo una bellísima frase atribuida a Kafka para despedirse de la República Checa: "Quien mantiene la capacidad de ver la belleza no envejece nunca".

Y en los discursos fue acertado el uso de las lenguas: desde el checo del Papa (que habló sobre todo en italiano e inglés), hasta el alemán elegido por el estudiante al dirigir al Papa palabras de saludo durante el encuentro con el mundo académico, y el italiano del presidente Klaus en la ceremonia de despedida. Esas decisiones han expresado una voluntad de encuentro y de amistad hoy significativa para todo el continente europeo, llamado precisamente por sus raíces cristianas -occidentales y orientales- a una responsabilidad exigente en el contexto internacional.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Después de 50 años, se podrá celebrar misa en cárceles cubanas


header_original_modTambién los evangélicos podrán participar en funciones religiosas en estos centros

LA HABANA, jueves, 17 septiembre 2009 (ZENIT.org-El Observador).-

Tras 50 años de prohibición de celebrar misas en las prisiones de Cuba, el gobierno que encabeza Raúl Castro Ruz levantó este miércoles dicho embargo y dio vía libre a la celebración de la Eucaristía en las cárceles de la isla caribeña de manera regular, donde existen miles de presos católicos.

La Iglesia católica manifestó su complacencia ante esta iniciativa del gobierno castrista, que había prohibido las misas nada más hacerse del poder en Cuba hace medio siglo. El secretario ejecutivo de la Conferencia del Episcopado Cubano, el sacerdote José Félix Pérez, dijo que era un tema que ya se venía trabajando y que existe un canal abierto de comunicación con el gobierno que facilitó la decisión.

Aunque la medida todavía tiene aristas que no se han resuelto, el secretario ejecutivo del episcopado cubano subrayó que el levantamiento de la prohibición "es real y nos alegramos de que sea así". La posibilidad de realizar funciones religiosas en las prisiones de Cuba también alcanza a las iglesias evangélicas.

En los últimos meses se ha venido trabajando, sobre todo por la pastoral penitenciaria de la Iglesia católica, la apertura de servicios religiosos a los presos --algunos de ellos de conciencia-- en las prisiones cubanas.

De hecho, se habían celebrado ya eucaristías por parte de obispos y sacerdotes en las prisiones, pero, solamente, en fechas específicas. La restricción de hacerlo semanalmente es la que estaría a punto de ser derogada.

"Ahora será (la celebración de la misa) de manera permanente, sólo que esa permanencia va a depender un poco de los lugares", afirmó el padre José Félix Pérez, quien añadió que "los sistemas de prisiones provinciales tienen sus propios reglamentos. Va a depender de dónde están los reclusos que piden estas celebraciones de misas".

Por su parte, José Aurelio Paz, portavoz del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) dijo el martes a los medios que la decisión les fue informada el 10 de septiembre. Agregó que ese día tuvieron una reunión directivos del CIC con funcionarios del área religiosa del Partido Comunista, incluyendo la responsable del área, Caridad Diego y con responsables de prisiones.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Los esposos y sus padres

Vale la pena fijarnos en las relaciones con los padres, por la importancia que tienen en la vida de cada matrimonio
Los esposos y sus padres
Los esposos y sus padres
Después de un camino más o menos largo para reflexionar y dialogar, el amor lleva al gran día del matrimonio. Desde ese momento, inician una serie de ajustes y de cambios en muchas dimensiones para la pareja. También en lo que se refieren a las relaciones entre las dos nuevas familias.

El esposo entra en relación con los padres de la esposa y, si los hay, con sus hermanos. La esposa también entra en relación con los padres del esposo y sus hermanos. Vale la pena fijarnos en las relaciones con los padres, por la importancia que tienen en la vida de cada matrimonio.

El amor matrimonial culmina y se perfecciona en la donación completa al otro, a la otra. A la vez, los esposos siguen siendo hijos, con deberes de gratitud y de asistencia hacia los respectivos padres vivientes.

Es frecuente que surjan conflictos y tensiones entre estos dos niveles de relación, esponsal y parental. La casuística puede ser enorme, y existen muchas maneras de afrontarla.

Pensemos, por ejemplo, en algunas situaciones. En la primera, el esposo, o la esposa, o los dos en formas más o menos parecidas, no acaban de romper el cordón umbilical respecto de los propios padres. Ello lleva a mantener vivo un continuo interés, a veces excesivo, a lo que hacen, a lo que sienten, a lo que ocurre a los propios padres. Se acude con frecuencia a visitarlos, no faltan continuas llamadas telefónicas, o se les invita un día sí y otro también a comer en el hogar de la nueva familia.

Vivir de esta manera puede ser peligroso para la maduración de la pareja. Porque en el hogar el influjo de los padres de uno (o de los dos) no siempre compagina bien con los deseos del yerno o de la nuera, y entonces se generan tensiones, malentendidos, discusiones, incluso altercados. Además, la esposa le reprocha al esposo (o al revés, o los dos mutuamente) el que siga tan apegado a sus padres, incluso a veces descuidando detalles de cariño y obligaciones propias de quien se ha unido, por amor, a otra persona a través del matrimonio.

No es fácil superar este tipo de problemáticas, sobre todo si él o ella no perciben la excesiva dependencia que le encadena a sus padres, o si no capta el daño que produce a la otra parte por seguir excesivamente aferrado a la familia de origen.

Aunque existirán libros buenos para afrontar esta situación, desde el punto de vista cristiano será siempre una ayuda muy grande el fomentar un sano espíritu de diálogo para escuchar a la otra parte, para ver si la relación con los propios padres es excesiva, para planear, con delicadeza, maneras de cortar (nunca del todo, pero sí lo necesario) el “cordón umbilical” y así mejorar la relación de pareja.

En una segunda situación, que puede darse simultáneamente con la anterior o no, son los padres de él o de ella quienes no renuncian a “perder” al hijo, a la hija. Lo sienten suyo, incluso hasta el extremo de sentir celos hacia el yerno o la nuera. Otras veces lo consideran inmaduro, lo rodean de consejos, de mensajes, de intervenciones en la vida cotidiana de la nueva familia.

El hijo (o la hija, o los dos) puede agobiarse ante tantas presiones, y también la otra parte, que siente cómo el espacio familiar se convierte poco a poco más en una especie sucursal de la anterior familia que en una familia que está iniciando un nuevo camino.

Aquí son los padres quienes necesitan aprender el sencillo mensaje que leemos en la Biblia: “¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?” (Mt 19,4-5).

Los hijos no son para estar siempre bajo la custodia de sus padres, ni la nueva casa es una especie de nido a proteger a toda costa. Más bien, hay que entender que la hija o el hijo acaban de iniciar un nuevo camino, en el que los padres pueden dar (y serán muchas veces muy útiles) consejos y recomendaciones, pero siempre con el máximo respeto y sin deseos de imposición, sobre todo porque las decisiones de un matrimonio son competencia exclusiva de los esposos, no de los suegros.

Quienes, como hijos, descubren la presencia de un padre o de una madre invasivos, han de encontrar caminos para dialogar y hacer entender que el hecho de estar en otro hogar no disminuye para nada su cariño, pero que ahora han iniciado una nueva familia: son ellos quienes ahora tienen que avanzar por el arduo y bello camino del amor como esposos y, si Dios les bendice, también como padres.

Desde luego, el trato con los propios padres debería ser llevado adelante por el propio hijo (o hija), pues no es fácil, y a veces parece violento, que el yerno (o la nuera) sea quien hable con los padres de otra parte para pedir un mayor respeto a la autonomía legítima del nuevo matrimonio.

Una tercera problemática consiste en una actitud brusca y excesiva de corte hacia los propios padres, a los que se margina casi de modo injusto y fuerte de la vida que el hijo o la hija inician a partir de su matrimonio.

Este corte brusco a veces es debido a un malsano deseo de independencia, como si el casarse fuese una especie de permiso para olvidar el cuarto mandamiento. Otras veces se llega a esta situación por presiones del cónyuge: la esposa (o el esposo) insiste una y otra vez para que la otra parte corte por completo con sus padres, a veces incluso a través de amenazas más o menos sutiles (“si los vuelves a llamar por teléfono te dejo”, etcétera).

Es triste llegar a actitudes tan negativas hacia quienes son, por designio de Dios, los propios padres. Habrán sido mejores o peores, cariñosos o exigentes (las dos cosas no se oponen entre sí, vale la pena recordarlo), ricos o pobres, instruidos o con pocos estudios. Pero son siempre los propios padres, hacia los que cualquier hijo tiene una enorme deuda de gratitud y una serie de obligaciones que no desaparecen después del día del matrimonio.

Para no llegar a este extremo del abandono o de la marginación de los padres, vale la pena recordar los consejos de la Biblia: “Escucha a tu padre, que él te engendró, y no desprecies a tu madre por ser vieja” (Prov 23,22). “Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor” (Si 3,12-13).

Se podrían añadir aquí otros casos y circunstancias. Pensemos, por ejemplo, en lo que ocurre si los padres de él (o de ella) están en la misma ciudad de los esposos, mientras que los otros padres están más o menos lejos. O en el caso de hostilidad de los suegros hacia él o hacia ella porque nunca acaban de aceptar que su hijo se haya casado con tal persona. O en el caso de enfermedades que exigen un cuidado continuo hacia el padre o la madre y ponen en peligro la convivencia esponsal si la otra parte se siente marginada a causa de esta situación.

En cualquier caso, en medio de circunstancias más o menos difíciles, los esposos católicos pueden recurrir a la gran ayuda de la oración para abrirse a Dios, para pedir fuerzas y luz, para dejarse aconsejar. Además, como ya dijimos al inicio, es muy importante un diálogo de pareja franco y sereno sobre lo que cada uno siente y lleva en su corazón respecto de sus propios padres y respeto de los padres del esposo o de la esposa.

No hemos de dejar de lado un camino de santificación que consiste en ceder, en lo que sea legítimo y justo, respecto de los propios deseos y “derechos” para condescender con el esposo o la esposa que viven todavía una mayor dependiente de los propios padres.

Se trata de ceder en cosas que sean honestas, no en aspectos esenciales de la vocación al matrimonio que exige a los esposos amarse mutuamente. Si se vive así, será posible llegar a esa perfección que consiste en darse por entero el uno al otro, según el ejemplo de Cristo, que amó a la Iglesia y dio su propia vida por ella (cf. Ef 5, 22-33).


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