viernes, 13 de marzo de 2009

La Santa Sede insiste en la importancia del discernimiento sobre la vocación sacerdotal


Presentado un documento sobre orientación psicológica en los seminarios

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 30 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

El sacerdote debe ser una persona no sólo de una vida espiritual rica, sino también de una madurez psicológica y afectiva que le permita vivir con equilibrio su vocación. Para ayudar al discernimiento humano y espiritual sobre los candidatos, la Congregación para la Educación Católica ha presentado hoy el documento “Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y la formación de los candidatos al sacerdocio”.

Este texto ha sido comentado en rueda de prensa por el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, monseñor Jean Louis Brugues, secretario y el profesor Carlo Bresciani, psicólogo y consultor de la misma congregación.

El cardenal Grocholewski presentó en su intervención las ideas fundamentales de este documento: el rol del psicólogo en la ayuda al discernimiento vocacional del candidato al sacerdocio, la responsabilidad de la Iglesia en “discernir la vocación y la idoneidad del candidato al ministerio sacerdotal”, el obispo como “primer representante de Cristo en la formación sacerdotal”, así como el papel de los formadores y una adecuada preparación.

También aborda el rol de los padres espirituales, la importancia de acudir a la gracia en el proceso de discernimiento, la integración del auxilio psicológico dentro de una visión global de la vida del candidato, el psicólogo como un colaborador y no como parte del equipo de formadores y la idoneidad del candidato de la cual debe estar seguro el obispo del lugar para proceder a la ordenación sacerdotal.

Un trabajo de años

Por su parte monseñor Jean Louis Brugues, hizo un recorrido sobre cómo en los últimos 30 años la Iglesia ha visto más la necesidad de evaluar las condiciones psicológicas del candidato al sacerdocio, dando pie así a la elaboración de este documento.

El texto pasó por varias fases de preparación. Fue presentado en una primera redacción en 2002 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger quien aseguró que “el documento podía constituir una ayuda útil para entender los problemas del alma humana de un candidato en fase de maduración".

Monseñor Brugues aseguró que este tiempo “ha contribuido a madurarlo ulteriormente, haciendo más explícita la especificidad de la vocación al sacerdocio, don y misterio no comparable con métodos psicológicos”.

El prelado explicó que por parte del obispo debe haber siempre un “respeto a la libertad y a la intimidad del candidato y bajo la última responsabilidad de los formadores y del obispo”.

De otro lado, aseguró, en cuanto a la ayuda psicológica a los candidatos al sacerdocio, existe el peligro de caer en dos errores: el primero es que el psicólogo o el psiquiatra asuma el rol que le corresponde al director espiritual, y el otro es el que los formadores piensen que no es necesaria la ayuda de los psicólogos para la madurez vocacional de quien aspira a ser sacerdote.

Formación de una vocación

Por su parte el profesor Carlo Bresciani se refirió al tema de la formación del sacerdocio subrayando que “el primer actor de cada formación es el mismo candidato” y que “La Iglesia siempre está preocupada de proporcionar al candidato al ministerio sacerdotal formadores preparados a comprender en profundidad su personalidad humana”.

También aseguró que el candidato al sacerdocio debe tener la libertad de elegir el psicólogo que más le pueda ayudar.

Igualmente dijo que “muchas ineptitudes psíquica más o menos patológicas se manifiestan sólo después de la ordenación sacerdotal” y que “discernirlas a tiempo permitirá evitar muchos dramas”.

Por último concluyó que éstas pueden “dar como contribución a la preparación de sacerdotes con una personalidad humanamente equilibrada”

“Es evidente que una psicología que se cierra a la dimensión trascendente, que excluye el sentido de la castidad o se cierra a determinados valores que son propios de la Iglesia, no puede ayudar a una maduración vocacional hacia una consagración de la propia vida del ministerio”, añadió Bresciani.

Por eso advirtió que “el psicólogo debe tener una compresión teórica y una aproximación para tomar la dimensión trascendente de la persona con los dinamismos y cualidades que deben madurar en la persona”

[Por Carmen Villa]

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