sábado, 6 de abril de 2019

7 Llaves para abrir la puerta de la felicidad

7 elementos básicos que nos darán guía y luz en el sendero que deseamos emprender

Por: Vivian Forero | Fuente: Catholic.net




Cada persona a lo largo de su vida, está en búsqueda de la felicidad y el camino no deberá ser otro que dar pasos certeros hacia la perfección misma de su ser. Pero no es fácil decidir o aconsejar a otro con respecto al qué hacer o el cómo proceder en diversas circunstancias de la vida. Sin embargo, es vital poder tener presente 7 elementos básicos que nos darán guía y luz en el sendero que deseamos emprender, ojalá siempre, con la confianza de que será lo mejor para cada uno de nosotros.

1. Optimismo.

Esta virtud nos lleva por el camino de la aclaración de nuestra visión ya que permite ver la vida de un tono agradable, interesante, encantadora. Ser optimista conlleva a ver los problemas como oportunidades; a enfrentar las situaciones con la convicción que todo va a mejorar y que todo tiene una razón de ser. Muchas veces no nos explicamos el porqué de las cosas y nos cuesta comprender cuando se presentan adversidades o cuando no logramos lo que tenemos planeado. Sí es preciso revisar qué tanto interés ponemos en lo que hacemos pero comprendiendo que algunas veces, lo presupuestado toma otro rumbo. El optimismo nos ayuda también a estar confiados y tranquilos, a vivir la vida con los pies en la tierra, a construir día a día preparados para cuando nuestro piso sea inestable. Su enemigo, el pesimismo.


2. Perseverancia.

Otro aspecto relevante y no menos importante es la virtud de la perseverancia. Esta nos da la fortaleza y tenacidad para enfrentar todo lo que se nos presente sin perder la perspectiva. Nos ayuda a reconfortarnos y a emprender el camino sin desfallecer. Es necesaria al igual que la constancia, la persistencia, la paciencia y el empeño. Para alcanzar grandes metas, es importante cuidar los pequeños detalles que unidos forman una cadena resistente de actitudes necesarias para sobrellevar cualquier tormenta. Su enemigo, el desinterés.


3. Amor.

El motor primordial del barco de nuestra vida indudablemente es el amor, porque sin este hermoso sentimiento difícilmente disfrutaríamos de la trayectoria en el viaje hermoso que emprendemos. El amor nos orienta hacia el perdón, estado que facilita la paz y armonía con nosotros mismos y los demás. El amor también nos conduce hacia la pasión y deseo de tomar las riendas de nuestros actos, logrando la plenitud en cada instante. Amamos la vida cuando la disfrutamos; amamos a los demás, cuando los reconocemos y valoramos; amamos la naturaleza, cuando la cuidamos; nos amamos a nosotros mismos, cuando nos respetamos. Su enemigo, el odio.


4. Aceptación.

Conocerse a sí mismo permite establecer limitaciones y fortalezas. Las primeras para trabajarlas y superarlas; las segundas, para aprovecharlas y potenciarlas. Cuando nos conocemos nos permitimos ampliar márgenes de acción, participando en lo que nos gusta, expresando las ideas y pensamientos con mayor seguridad, construyendo proyectos en donde nos sentimos fuertes. Para ello es necesario ser amigos de nosotros mismos y evitar juzgarnos tan duramente. A veces, nos señalamos y no nos permitimos equivocarnos o desconocemos hasta dónde podemos llegar. Abandonamos las metas sin ni siquiera intentar avanzar por el temor a caer. Aceptarnos significa identificarnos con cualidades, habilidades, capacidades y también, con debilidades. No somos perfectos pero la búsqueda de esa perfección y los alcances pausados, nos ayudarán a llegar a la felicidad. Su enemigo, el desprecio.


5. Fe.

«La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él (cfr.Mt 16, 17). Para dar la respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios» (Catecismo, 153). No basta la razón para abrazar la verdad revelada; es necesario el don de la fe. Siendo la fe el alimento esencial para creer en Dios y en todo lo que nos ha sido revelado, esta es una de las llaves más importantes para abrir la puerta hacia la felicidad, pues con esta virtud, todo se hace más llevadero y toma un significado sobrenatural. Cuando vivimos una vida llena de fe, logramos comprender nuestra misión y nos damos al servicio de los demás; buscaremos constantemente el hacer el bien; el alcanzar la plenitud máxima en cada una de las acciones emprendidas con un sentido trascendental, buscando dejar huella positiva en la humanidad. Su enemigo, la desesperanza.


6. Agradecimiento.

Si piensas ser feliz, deberás ser agradecido. Nada más gratificante que el ser gratos con los demás. La vida misma nos retribuye a través de tantas maravillas: el amanecer, el despertar, el respirar, el caminar, el poder ver y escuchar. Además de la compañía de los seres amados, el trabajo, el servir a los demás, el adquirir bienes logrados por la tenacidad y el compromiso laboral. Dios nos da tantos regalos que a veces por la cotidianeidad, los vamos dejando a un lado y pensamos que debemos recibirlos porque es un derecho. Pero lo cierto es que si viviésemos la gratitud como acto voluntario, disfrutaríamos más de cada instante. Su enemigo, el egoísmo.


7. Alegría.

“La alegría de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, ha de ser desbordante: serena, contagiosa, con gancho...; en pocas palabras, ha de ser tan sobrenatural, tan pegadiza y tan natural, que arrastre a otros por los caminos cristianos” (San Josemaría Escrivá de Balaguer – Camino, punto 60). La alegría es el paso a paso para llegar a la felicidad; es el punto a punto para bordar; es el nudo para amarrar la soga; es la gota a gota de la lluvia fresca que cae. Sin esta virtud, difícilmente estaríamos encantados de vivir. La alegría es el sabor de helado preferido. Cuando hacemos bien las cosas cara a Dios, simplemente sonreímos y nos sentimos alegres, y porqué no… felices. Su enemigo, la amargura.


No debemos usar todas las llaves a la vez. Sin embargo, sería gratificante que siempre estuviera abierta esta puerta pues seríamos más felices y por ende, regaríamos felicidad por doquier. Basta solamente que intentemos abrirla con tacto, dedicación y compromiso, sintiéndonos involucrados también en la búsqueda de la felicidad de los demás, en especial porque vivimos acompañados y lo que hagamos mal o dejemos de hacer, perjudicará también a los que nos rodean.

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